El PNV en pleno despide a Arzalluz

Joseba Egibar y Andoni Ortuzar, en la entrada del tanatorio./Jordi Alemany
Joseba Egibar y Andoni Ortuzar, en la entrada del tanatorio. / Jordi Alemany

La dirección del partido y destacados políticos jeltzales acuden a la capilla ardiente del que fuera presidente del EBB, fallecido ayer a los 86 años. Miembros de Sortu también han estado presentes en el tanatorio de la capital vizcaína

DAVID GUADILLA | OCTAVIO IGEA

Dirigentes y simpatizantes del PNV se despiden desde esta mañana de Xabier Arzalluz, fallecido ayer a los 86 años, cuya capilla ardiente se va a mantener abierta en un tanatorio de Bilbao hasta el mediodía de mañana, cuando los restos mortales del carismático líder nacionalista serán trasladados a Azkoitia, su localidad natal, donde se oficiará el funeral. Como han venido haciendo desde que se conoció el óbito, la cúpula jeltzale ha glosado la figura de Arzalluz para recordarle como «un abertzale ejemplar» y «el ejemplo a seguir». «Un grande de la política vasca que lo ha dado todo por su patria», ha resumido el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, a la salida del velatorio.

La presencia del Euzkadi buru batzar en pleno, incluido Joseba Egibar, considerado el 'hijo' político de Arzalluz, ha puesto la guinda a una mañana de duelo, emociones contenidas y, sobre todo, loas a la figura de Arzalluz, que pese a llevar más de una década retirado de la primera línea política mantenía su ascendente en el PNV y en el mundo abertzale. «Pasarán años hasta que aparezca un líder igual», ha destacado Josune Ariztondo, miembro de la Ejecutiva jeltzale durante el último mandato de Arzalluz. «La pérdida es enorme», ha añadido el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto.

Por la capilla ardiente, con mayor o menor discrección, han pasado esta mañana el exlehendakari Juan José Ibarretxe, el viceconsejero Jon Azua, Juan Maria Atutxa, el que fuera diputado general de Bizkaia José Luis Bilbao, el portavoz nacionalista en el Congreso, Aitor Esteban, y un buen número de simpatizantes e integrantes del círculo más intimo de Arzalluz. Entre los asistentes también ha estado el que fuera líder del PNV alavés Alfredo de Miguel, que aguarda desde hace semanas la sentencia por el caso que le señala como el supuesto cabecilla de la mayor trama de corrupción política destapada en Euskadi.

Aunque ha salido antes para evitar fotos incómodas –el despliegue de medios de comunicación a las puertas del tanatorio era muy considerable–, De Miguel se ha encontrado en el velatorio de Arzalluz con todo el EBB durante casi una hora. Allí estaban también, al mismo tiempo, buena parte de los líderes de Sortu: su secretario general Arkaitz Rodríguez, Rafa Díez y Rufi Etxebarria. Junto a ellos ha llegado otro histórico de la izquierda abertzale, Tasio Erkizia, y el que fuera dirigente de ETA Antxon Etxebeste. Minutos antes han visitado el tanatorio líderes sindicales como 'Txiki' Muñoz (ELA) y Loli García (CC OO).

La familia de Xabier Arzalluz, que ha optado por organizar el funeral del líder nacionalista sin contar con la actual cúpula del PNV, recibirá a lo largo de esta tarde la visita del coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi; la secretaria general del PSE, Idoia Mendia, y el líder de Podemos Euskadi, Lander Martínez. Este sábado por la mañana está previsto que visite el velatorio el lehendakari acompañado de buena parte de su Gobierno. Urkullu, y el resto de dirigentes nacionalistas, también se desplazarán por la tarde a Azkoitia para participar en el último adiós a Arzalluz.

Adiós a un referente de la política vasca

Xabier Arzalluz, uno de los referentes de la política vasca y española tras la reinstauración de la democracia, falleció ayer en su domicilio a los 86 años. El expresidente del PNV, cargo que dejó en 2004, fue el encargado de llevar el timón de la formación nacionalista durante más de dos décadas. Vehemente, controvertido y de verbo afilado, apostó por los gobiernos de coalición con el PSE, alcanzó pactos de calado con el PP de José María Aznar e impulsó la tregua de Lizarra con la izquierda abertzale. Su salud se había deteriorado durante los últimos meses. El funeral se celebrará mañana a las 19.00 horas en la parroquia Santa María del Real de Azkoitia, localidad en la que nació en 1932. Estaba casado y era padre de tres hijos.

La muerte de Arzalluz supone el adiós a un político que marcó a toda a una generación. De discurso ácido, era tan querido por sus seguidores como denostado por sus rivales, tanto dentro como fuera del PNV. Temido y respetado por sus interlocutores en los otros partidos, el expresidente jeltzale se construyó una imagen en la que se entremezclaba la visión de estadista con la de nacionalista militante.

Arzalluz permanecía alejado de la primera línea política desde hace más de una década. Apenas se dejaba ver en actos muy esporádicos. Una de sus últimas apariciones fue hace casi un año, durante la presentación de un documental sobre su vida en San Sebastián. Su paso a la retaguardia se produjo en enero de 2004. Dejaba la presidencia del PNV en manos de Josu Jon Imaz tras un proceso que dejó numerosas heridas internas y en el que el actual presidente de Repsol se impuso a Joseba Egibar, el preferido de Arzalluz. El PNV le despidió en una asamblea general celebrada en el Palacio Euskalduna en la que acabó secándose las lágrimas con un pañuelo y lanzando una sentencia: «Si tanto me han sacudido es por el odio que tienen hacia la causa nacional vasca y a este pueblo. Es el mejor homenaje a los que quieren liquidar a este pueblo».

Ahí estaba su fuerte. En la palabra. Salvo casos esporádicos -fue miembro de las Cortes constituyentes-, no ocupó cargos públicos ni tampoco dejó documentos de calado sobre qué estrategia debía seguir el nacionalismo. Pero daba lo mismo. Su fuerza radicaba en su capacidad para empatizar con los militantes desde unos estrados que transformaba en púlpitos. En 1965 llegó a impartir una misa tras terminar Teología en Francfort. Y esa dialéctica religiosa la trasladó a la política en mítines donde era capaz de levantar a las bases con su voz tronante y con aclamadas soflamas en las que solía situar al pueblo vasco como víctima de las políticas desarrolladas por el PSOE y el PP, partidos con los que luego no tenía problemas en pactar.

Su ascendiente en el nacionalismo le permitía realizar giros estratégicos que a otros le hubiesen supuesto llamadas de atención por parte de los sectores más ortodoxos. Pero él, que se autodefinía como «el perro del caserío», como el auténtico guardián de las esencias, tenía margen de maniobra. En la hemeroteca quedan sus fotografías con José María Aznar y Jaime Mayor Oreja tras firmar los pactos que garantizaron la estabilidad del Gobierno del PP. Del dirigente popular llegó a decir durante una comparecencia en la sede central de la calle Génova: «He conseguido más en 14 días con Aznar que en 13 años con Felipe González». La química entre ambas partes era absoluta. Se estableció una relación de confianza. De cercanía. Las visitas de Francisco Álvarez Cascos a Sabin Etxea eran constantes.

Hijos descarriados

Reconocido como un orador brillante hasta por sus más acérrimos enemigos, sus excesos verbales fueron numerosos y su trayectoria estuvo envuelta en la polémica. «No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas», afirmó en una ocasión en alusión al reparto de papeles en el nacionalismo entre la izquierda abertzale, ETA y el PNV. Con el terrorismo siempre mantuvo una calculada ambigüedad. Rechazaba con contundencia los asesinatos, cargaba contra los etarras y no tuvo reparos en firmar el Pacto de Ajuria Enea. Pero para Arzalluz, más que terroristas, los miembros de la organización no dejaban de ser los hijos descarriados del nacionalismo.

El idilio con el PP fue intenso pero breve. Acabó tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997. El PNV impulsó la vía soberanista de Lizarra con la izquierda abertzale. El moderado y estadista Arzalluz fue devorado por el activista independentista. Hizo tándem con Ibarretxe y defendió hasta el final su propuesta soberanista.

El 'amor' al PP se convirtió en odio visceral. «¿Se podía negociar con Franco o con Mola, que venían a por todas? Pues éstos vienen igual, pero de otra manera. No vienen con las armas todavía, pero vienen con los recursos», llegó a afirmar en un aviso a quienes intentaban tender puentes con el Gobierno central.

Sus posturas maximalistas acabaron por llevar al límite las costuras internas del partido. Su figura se erosionó y un grupo de cargos por aquel entonces desconocidos para el gran público empezó a cuestionar su papel como guía del PNV. Se les conoció como 'jobubis'. Nombres como Andoni Ortuzar, José Luis Bilbao, Iñigo Urkullu... En un partido en cuyo subconsciente sigue viva la herida de la escisión de Eusko Alkartasuna a mediados de los ochenta, aquella batalla interna revivió viejas pesadillas.

La victoria de Imaz le dejó un regusto amargo. En los últimos 'aberris' a los que acudió en la Plaza Nueva de Bilbao, a Arzalluz se le podía ver arropado por Egibar, por Eneko Goia, por Markel Olano... Por lo suyos. Con el tiempo, su desprecio hacia quienes habían alcanzado la dirección en el PNV se fue mitigando, pero durante años los gestos de desaire fueron habituales.

Ayer, el PNV cerró filas alrededor de su figura. «Nos deja una persona, un jeltzale y un abertzale ejemplar. Este jueves se convierte en un día de máxima tristeza para su familia, sus amigos y sus compañeros en el PNV, a quienes acompañamos en el dolor».

Las muestras de apoyo cerrado también vinieron desde la izquierda abertzale. Arkaitz Rodríguez, secretario general de Sortu, reconoció «el gran ascendiente y la profunda huella que ha dejado en el devenir de este pueblo». Las condolencias a su amigos, familiares y al conjunto del PNV llegaron desde todo el espectro político.

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