Después de la que cayó a cuenta de la merma que podría suponer para el parque de Arriaga la construcción en uno de sus vértices de la nueva estación de autobuses, Fernando Ruiz de Ocenda (1947) e Iñaki Usandizaga (1951) se han esforzado en integrar la terminal con el espacio natural hasta, prácticamente, mimetizarla. Para ello, el tándem ganador del concurso municipal para diseñar el equipamiento ha huido de apuestas «arriesgadas» y ha optado por un edificio «racional, liviano, sostenible y económico», que compara con un «invernadero».
Los arquitectos locales, que en este trabajo se han hecho acompañar del aparejador Francisco Javier García de Acilu, han logrado este efecto a través del uso del cristal en todas sus fachadas -lo que convierte la futura estación en una especie de mirador- y con la inclusión de vegetación entre las veinticinco dársenas, cuatro de ellas de reserva. Pese a la sencillez que les ha guiado con el propósito de «garantizar el éxito de su funcionamiento», no han renunciado a cierta dosis de «espectacularidad». La proporcionará, aseguran, una cubierta ondulada e irregular «muy expresiva» y que aporta «dinamismo» al volumen, al tiempo que se funde con su entorno. La razón es el color y el material escogido: cobre prepatinado en color verde, «como las cúpulas de muchas iglesias centroeuropeas».
Ese mismo revestimiento y tono llevará el monolito de 35 metros de altura que instalarán a su entrada, justo en la encrucijada de las calles Portal de Foronda, Juan de Garay, Honduras y Bulevar Euskal Herria. «Dado que la estación sólo se apreciará a escasa distancia y que, sin embargo se convertirá junto a la intermodal en la nueva entrada de Vitoria, hemos querido incluir un elemento referencial. Una especie de dedo índice en alto que diga 'estoy aquí'», explica de forma gráfica a EL CORREO Ruiz de Ocenda.
Los viajeros dejarán el hito a la izquierda cuando accedan a la terminal, un edificio de 132 metros de largo, 84 de ancho y 25 metros en su punto más alto. Nada más entrar al vestíbulo, donde se situarán los mostradores de venta de billetes, la sala de espera y la cafetería, encontrarán unas escaleras mecánicas que descienden a la planta sótano, donde se contempla habilitar un pasillo que enlazará con la terminal del AVE.
Equipamiento para el barrio
Dos pisos más arriba, en la planta primera, se ubicará el control de la estación y las oficinas para las compañías operadoras y un restaurante con acceso independiente. Y más arriba, en la entreplanta segunda, el espacio se destinará a albergar un equipamiento para el barrio.
Concienciados con la importancia de la sostenibilidad en la arquitectura, los autores del edificio de Lakua 2 del Gobierno vasco y del ordenamiento y la urbanización del campus alavés, entre otras obras, se han preocupado por introducir en el proyecto las energías naturales para así aminorar el coste de funcionamiento de la terminal. No sólo eso, la explanada de acceso se revestirá con un asombrosa baldosa descontaminante. «Es un tipo de hormigón que posee un principio activo en su última capa que le permite captar el CO2 y fijarlo», desvelan.