Cojo, tuerto e invisible, así es el almirante que Vox quiere llevar al cine

Retrato de Blas de Lezo que se conserva en el Museo Naval de Madrid. /r. c.
Retrato de Blas de Lezo que se conserva en el Museo Naval de Madrid. / r. c.

El marino tullido Blas de Lezo humilló a los ingleses en Cartagena de Indias

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

Vox quiere que se ruede una película sobre Blas de Lezo, el estratega lisiado que impidió la conquista británica de Cartagena de Indias en 1741. Escocido porque no fue invitado a la gala de los premios Goya, el partido de Santiago Abascal decidió armar bulla y lanzar de paso una pulla a los cómicos, gentes pedigüeñas que viven de la sopa boba del Estado, según el parecer de la derecha radical. «¡Qué pena! Queríamos recomendarles que hicieran alguna película sobre la gloriosa historia de España, Blas de Lezo, por ejemplo... porque los españoles volverían al cine y ellos dejarían de pedir subvenciones», escribió Vox en Twitter.

Enseguida el mensaje suscitó un alud de reacciones favorables y en contra. El cineasta Borja Cobeaga despachó la idea con sorna: «Si Vox quiere que hagamos una historia sobre un conquistador demediado, pues que la hagan ellos». Para el ministro de Cultura, José Guirao, la iniciativa «va en la línea lamentable de crear polémicas artificiales».

«El cine histórico ha sido muy maltratado en España» Elvira Roca -Historiadora

La propuesta cosecha también muchos adeptos. La historiadora Elvira Roca, autora del ensayo 'Imperiofobia y leyenda negra', considera interesante la idea, ya que «el cine histórico ha sido particularmente maltratado en España». Y un cabreado Arturo Pérez-Reverte atacó a la «presunta izquierda» que se ceba en las mutilaciones del almirante con chistes y bromas.

Mientras no haya un productor que se anime a llevar a la gran pantalla las andanzas del prohombre, el presidente de Vox tendrá que refugiarse en las gestas encarnadas por Mel Gibson, Clint Eastwood y otras estrellas de Hollywood, según dijo él mismo en un mitin reciente.

«Si Vox quiere una historia sobre un conquistador demediado, pues que la hagan ellos» Borja Cobeaga - Cineasta

Más allá de la polémica, ¿quién era este marino cuya vida parece una novela de aventuras? Nacido en Pasaia (Gipuzkoa) en 1689, Blas de Lezo y Olavarrieta era hace una década más conocido y querido en Colombia, donde es tenido por un héroe nacional, que en España. Herido varias veces en combate, a los 25 años ya era tuerto, cojo y manco, lo que hizo que se le conociera con el apodo de 'Mediohombre'.

Pintura de la batalla naval de 1741.
Pintura de la batalla naval de 1741. / R. C.

Desequilibrio de fuerzas

Entre sus múltiples gestas militares, la que le haría pasar a la historia tuvo lugar bien entrado el siglo XVIII. Frente a las costas de Cartagena de Indias, en 1741, derrotó a la llamada 'nueva Armada Invencible' inglesa. Con seis navíos y unos 2.800 hombres, Lezo se enfrentó a un enemigo que contaba con quince veces más barcos y un número de combatientes diez veces mayor. El vasco se las tenía que ver con el almirante Sir Edward Vernon, quien disponía de una flota de 180 barcos, la mayor de todos los tiempos hasta el desembarco de Normandía en la II Segunda Guerra Mundial. Entre ufano e ignorante, Vernon se las prometía muy felices. Poco prudente, confiaba a quien quisiera oírle que aquello sería un paseo militar. Incluso, antes de que los contendientes se batieran el cobre, ya había ordenado acuñar monedas de oro para celebrar lo que pensaba iba ser una fácil victoria.

El objetivo de los ingleses era ambicioso, nada menos que apropiarse del Imperio español de ultramar. Si Cartagena de Indias caía, los británicos dispondrían de una cabeza de puente desde la que dividir el Imperio y cercenar las comunicaciones entre el virreinato del Perú, la Nueva España y Madrid. Un plan perfecto ante el que se doblegaría una potencia como la española en franca decadencia. Pero no contaban con el coraje y experiencia de Blas de Lezo, que les infligió una humillante derrota casi imposible de encajar. De hecho, los ingleses hicieron un sano ejercicio de amnesia colectiva sobre este episodio. Los españoles, hasta hace solo unos años, también.

 

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