Amina y Sudiqa (y Mariom). Segunda parte

Amina y Sudiqa (y Mariom). Segunda parte

Juanjo San Sebastián
JUANJO SAN SEBASTIÁN

Más información

No puedo empezar este relato sin que me asalte una imagen recurrente: vuelvo a verme en un campo base en el Karakorum. También está Sebastián Álvaro y, como él, formando parte del paisaje habitual de tantas otras ocasiones, también se encuentra nuestro viejo, querido y pequeño enorme amigo Abdul Karim. Pero no estamos solos. En cierta ocasión me preguntaron cuál había sido mi «mayor logro». Agradecí la pregunta porque gracias a ella descubrí una respuesta que me sorprendió: «Creo que mi mayor logro no lo constituye ninguna cima, ninguna ruta… posiblemente mi mayor logro es que la vida que estoy viviendo se parece mucho a la que quiero vivir».

A Sebas, el mayor culpable de este encuentro, su hijo Javi le acompaña desde la distancia manejando algunos hilos de esta historia. A mí me acompaña mi hijo Jon y con Karim se encuentran dos de sus hijos y tres de sus nietas. Ese cuadro recurrente, con todos nosotros (y algunos amigos nuevos más) ante la tienda-comedor, al pie del Mangilik Sar, me hace sentir que hemos sabido –y podido- tejer lazos vitales profundos, que hemos sacado provecho de nuestras experiencias, que somos muy afortunados… que la vida que estamos viviendo, se parece mucho a la que queremos vivir. Se cumplen 35 años de mi primera visita a Pakistán, conozco por sus nombres y ubicación infinidad de lugares, de ciudades, de montañas, de amigos locales… pero si exceptuamos Fátima y -por causas que quizá merezcan otro relato- Shumaila, no conozco ningún nombre musulmán de mujer. En realidad, después de todos estos años, nunca he tratado con ninguna mujer de Pakistán. Así que antes aún de conocer los nombres de las nietas de Karim, me dejo atrapar por una cierta sensación de que el mundo va tornándose más amable… porque mi hijo sólo ha necesitado unos días, y no 35 años, para compartir una pequeña parte de su vida con Amina, con Sudiqa y con Mariom.