Zumaia resiste a los piratas

La iglesia de San Pedro domina el casco viejo y el puerto como una fortaleza. /
La iglesia de San Pedro domina el casco viejo y el puerto como una fortaleza.

El casco antiguo, el museo de Zuloaga, el puerto y los palacios invitan a recorrer el municipio guipuzcoano

IRATXE LÓPEZ

Zumaia aguarda al visitante a orillas del mar, besada con suavidad por las aguas de una bahía donde confluyen los ríos Urola y Narrondo. Al norte el mar Cantábrico. Al sur las dos Arroas, con Ibañarrieta y con Zestoa. Al este el barrio de Askizu, mirador hacia Zarautz y Getaria. Al oeste Elorriaga, Itziar y Deba. Y en el centro, la historia de esta villa surgida alrededor de un monasterio, el de Santa María, donado en el año 1292 por Sancho IV de Castilla al convento navarro de Roncesvalles.

Eran tiempos de piratería y pillaje. Los habitantes vivían dispersos por el valle de Sehatz y, cansados de tanto ataque, levantaron la muralla para defenderse juntos del enemigo. La villa se constituiría en 1347, cuando rey Alfonso XI confirmó a sus fundadores la Carta Puebla. Dicen que su nombre viene de 'zuma' o 'zume' (mimbre), planta que se repite en la zona. Que aunque sus primeros vecinos se dedicaban al campo, desde finales del siglo XIV se construían naves en la ría y mucha población vivía de la pesca y la navegación.

El paseo por la localidad puede empezar en la iglesia de San Pedro, de aspecto austero, similar a una fortaleza. Dentro, las capillas laterales pertenecen a familias de mercaderes relevantes en el comercio con Inglaterra, Flandes y Bretaña en el siglo XVI. Cerca se localiza el palacio Zumaia, antigua casa solar de la familia Zumaia Gamboa, una de la 24 casas de Parientes Mayores (nobles o terratenientes) de Gipuzkoa. En una coqueta placita del casco antiguo, la casa-palacio de Olazabal, secretario de Felipe IV y contador general del Consejo Supremo de la Inquisición, hace sonreír con su fachada principal (XVII) en sillería arenisca. El convento de San José, uno de los primeros de carmelitas en el País Vasco que siguieron las reformas de Santa Teresa, destaca por su sobriedad.

Senderos con vistas

El palacio de Ubillos perdió su primigenio aspecto militar gracias a la suma del estilo renacentista mientras que el de Foronda, antigua residencia veraniega de este marqués, impone carácter ecléctico semejando a un castillo medieval. Arriba, tras subir una pendiente de las muchas que inclinan esta localidad, Andra Mari de Arritokieta cuida la imagen de la Virgen de Andra Mari (XVI), patrona de Zumaia. Junto a la playa de Itzurun, la ermita de San Telmo, patrono de marineros, vigila el Cantábrico desde un acantilado. Las rocas que lo rodean forman parte del flysch, trece kilómetros de enciclopedia geológica del planeta hasta la que se desplazan científicos.

Desde allí parte el GR-121 que conecta Zumaia con Deba a través de una de las zonas más sugerentes de la costa vasca. En la parte intermedia vale la pena acercarse al borde de los acantilados de Mendatagaina y Sakoneta. También hay que descender a la playa de Aitzgorri, un paisaje de ensueño. Cuando la marea se retira muestra la base del acantilado, una amplia plataforma de abrasión erosionada incesantemente por el mar, que alberga multitud de formas de vida y figuras rocosas mágicas.

La obra de Zuloaga

Para saber más sobre él y sobre el flysch es importante acercarse hasta el Centro de Interpretación Algorri (Juan Belmonte, 21, 943143100). Escondido en un edificio modernista, antiguo matadero municipal, informan sobre la rasa mareal o los vistosos acantilados, y ofrecen visitas guiadas para sacar partido al entorno. Muy cerca, junto al paseo que transcurre paralelo al mar, el Museo Beobide guarda el taller del escultor Julio Beobide, amigo personal de Ignacio Zuloaga, especialista en modelado religioso y realismo costumbrista.

Al otro lado del agua, la ermita de Santiago y el Espacio Cultural Ignacio Zuloaga, dedicado a la obra del pintor y a la colección que recopiló durante su vida. El paseo por la cercana playa, las dunas y la marisma es uno de los preferidos por los vecinos.

Si apetece hacer senderismo, muy cerca comienza un nuevo tramo del GR-121 que conecta Zumaia con Zarautz por el cordal costero. El caminante descubrirá bosquetes de alcornoques y ejemplares aislados, una especie rara en estas latitudes pues es más propia de la Europa Mediterránea, que testimonia un pasado en el que las condiciones climáticas eran distintas a las actuales.