La igualdad, un reto europeo a velocidad variable

Imagen de una estatua de la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst (1858-1928) frente al Parlamento de Londres. /Efe
Imagen de una estatua de la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst (1858-1928) frente al Parlamento de Londres. / Efe

Diez de los trece eurodiputados de Finlandia son mujeres, mientras Bulgaria solo tiene a tres políticas de 17 parlamentarios

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Hace un siglo, Bélgica y Suecia aprobaron el derecho de voto femenino, aunque con restricciones y sin ser inmediato. Las belgas tuvieron que esperar casi tres décadas (1948) para poder elegir a sus representantes; las suecas solo dos años (1921). Fueron los primeros Estados en conceder a la mitad de la población el derecho a elegir, una 'concesión' que ya había hecho Finlandia una década antes aunque entonces pertenecía al Imperio ruso. Los países europeos -y del resto del mundo- fueron incorporando a la mujer como votante y en contadas excepciones como cargo público. La irlandesa Constance Markievicz fue la primera ministra (de Trabajo) en un Ejecutivo; la primera jefa de Gobierno en el mundo fue la ceilandesa Sirimavo Bandaranaike (1960-1965).

Fueron dos de las escasas muestras de la llegada de la mujer a la política que, entonces, se encontraba con un techo de hormigón armado de varios centímetros de grosor. Ni se las veía ni se las tenía en cuenta. Incluso en el germen de lo que es la actual Unión Europea, la presencia femenina fue testimonial. De los 78 miembros de la Asamblea de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, solo el 1% era mujer. Apenas había una diputada designada por sus poderes legislativos, una situación que empezó a girar en 1979, en las primeras elecciones al Parlamento Europeo. De los 410 eurodiputados que se eligieron en nueve países, 65 eran mujeres -un 16,6%-.

No obstante, esa primera Cámara estuvo presidida por Simone Veil, política francesa, feminista y superviviente de los campos de concentración nazis. «Estoy convencida de que el pluralismo de nuestra asamblea enriquecerá nuestro quehacer y no frenará la construcción de Europa», señaló durante su toma de posesión esta europeísta, fallecida en 2017. «El hecho de haber construido Europa hizo que me reconciliara con el siglo XX», dijo en una ocasión Veil, premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional (2005).

Lenta escalada

Desde ese momento, la presencia de la mujer en las instituciones europeas no ha hecho más que crecer, hasta alcanzar el 35,8% de los eurodiputados que tomaron posesión de su escaño tras las elecciones de 2014. Casi cinco años después, la propia Eurocámara, en su documento 'Las mujeres en la política de la UE', señala que ese porcentaje ha aumentado unas décimas hasta el 36,1%.

«Está por encima de la media mundial para los parlamentos nacionales», recalca el informe, que también apunta que este aumento es demasiado «desigual» entre los Estados miembros. Por ejemplo, diez de los trece eurodiputados de Finlandia son mujeres -datos del 11 de febrero-. La representación femenina de Croacia e Irlanda supera a la masculina -seis por cinco en ambos casos- y la española se acerca a la paridad -ellas son 26 y ellos, 28-. Unas cifras mejores que algunas de las grandes potencias europeas como Italia -28 mujeres por 45 hombres-, Francia -32 por 42- o Alemania -35 por 61-.

La situación, en cambio es peor en los pequeños Estados o los últimos en llegar al club europeo. En Estonia y Chipre solo hay una representante entre los seis representantes de cada país; en Bulgaria, son tres eurodiputadas frente a catorce y en Lituania, dos mujeres por nueve hombres. Malta, en cambio, es el ejemplo de la paridad perfecta: cinco hombres por otras tantas mujeres. En la Eurocámara, apenas hay cinco mujeres en las vicepresidencias (35,7%) y once presiden diferentes comités (un 48%, casi rozando la mitad).

Pero la paridad no se intenta solo en el Parlamento Europeo, sino que se reclama al resto de las instituciones. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, reconoció que era un «problema» la falta de mujeres entre los candidatos a formar parte de los gobiernos de las instituciones económicas de la UE. El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, le trasladó al político luxemburgués la preocupación de los diputados europeos sobre esta cuestión. «Las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en posiciones ejecutivas en los sectores de banca y servicios financieros», escribió Juncker en su misiva de contestación a Tajani.

Por otra parte, el informe del Parlamento Europeo también destaca que en las cámaras nacionales hay más presencia masculina y que en los Gobiernos de España y Suecia la presencia femenina supera el 50%. Por el contrario, Chipre, Italia y Polonia no llegan al 17%. Y recalca que solo hay tres jefas de Gobierno: Angela Merkel (Alemania), Theresa May (Reino Unido) y Viorica Dancila (Rumania).

Un programa para el compromiso de la igualdad

La Oficina del Parlamento Europeo en España lanzó hace un año una pregunta: ¿están las mujeres suficientemente representadas en simposios, paneles o conferencias? Así nació #DóndeEstánEllas, un proyecto al que se sumaron 18 colectivos y empresas, hasta llegar a 55, con tres objetivos: visibilizar a las mujeres expertas en temas europeos o de actualidad internacional, evitar siempre que sea posible realizar paneles solo con varones y hacer un recuento interno anual. La primera foto fija ya está establecida: 1.447 participantes mujeres (39,8%) frente a los 2.187 ponentes masculinos (60,16%) en los más de 500 debates organizados por las entidades firmantes de esta iniciativa.