ACCIRA asume una campaña de 'impasse'

Susana Sanz, en el centro, presentndo una campaña; arriba concentración en la Paz y abajo, Semana del Vino de Haro en un bar. / R. SOLANO
Susana Sanz, en el centro, presentndo una campaña; arriba concentración en la Paz y abajo, Semana del Vino de Haro en un bar. / R. SOLANO

La asociación opta por no programar a lo largo de este año ninguna acción promocional para centrarse en la resolución de los problemas económicos que arrastra

Daniel Ortiz
DANIEL ORTIZ

Durante lustros, la dinamización cultural y social en Haro, más allá de los clásicos canales convencionales de la Administración, estaba inexorablemente a ACCIRA. Hace apenas un suspiro, la Asociación del Comercio de Haro era el motor de hasta una treintena de actividades anuales dedicadas a incentivar el consumo de autóctonos y foráneos en los comercios jarreros para activar, casi a modo de circuito cerrado y en una gran superficie abierta, la economía local de la capital riojalteña.

Sin embargo, los años dorados del colectivo forman parte ya del pasado y nadie en la asociación disimula su melancolía. De hecho, ACCIRA asume que está en un momento «de pausa» y la principal constatación de ello es que, en lo que resta de ejercicio, no presentará ante el Ayuntamiento ninguna actividad promocional. La prioridad a día de hoy es otra. El objetivo es recobrar el músculo financiero que tuvo hace apenas unos meses y que ahora, ciertamente debilitado, complica y condiciona el funcionamiento diario de la entidad.

«La asociación está reposando en estos momentos. Intentamos tomar las riendas del colectivo y nos encontramos a la espera de ver qué se decide y qué se hace» para poder diseñar el futuro más próximo, indica a EL CORREO su presidenta, Susana Sanz, quien admite que «necesitamos la ayuda de quien nos la quiera y pueda brindar».

Los problemas de ACCIRA, el colectivo que agrupa a comerciantes y hosteleros de la ciudad, se agravaron a principios de año con la renuncia de su gerente durante más de una década, Adelaida Alútiz, para aliviar la presión financiera que su sueldo representaba para unas cuentas cada vez más exigidas ante la disminución de los aportes de los organismos oficiales.

Alútiz se marchó esperanzada en que con su marcha se pudiera hacer volar de nuevo a la asociación, que se ve inmersa en un inquietante círculo vicioso. Sin gerente no hay tiempo para organizar actividades promocionales y, sin ellas, no se tiene acceso a las subvenciones institucionales.

Susana Sanz admite que «al quedarnos sin gerente nos encontramos algo huérfanos, porque a nivel personal no disponemos del tiempo ni la capacidad necesarios para organizar el trabajo que ella ejecutaba en su jornada. Vamos haciendo lo que podemos, pero estamos valorando qué se puede hacer para que entre gente nueva» y sume capacidad de gestión a la su junta, añade.

De no integrar savia nueva en el seno del colectivo, su presidenta «no sabría decir» qué futuro le aguarda a la Asociación de Comercio de Haro que cierra de esta manera la etapa más brillante de su historia. «Nos hemos reunido un par de veces, pero en estos momentos no barajamos ningún escenario ni a corto ni a medio plazo».

Un recorrido de relevancia

Ciertamente, hasta la marcha de Alútiz, ACCIRA fue protagonista en una de las etapas más dinámicas del tejido comercial de Haro, plasmada en la puesta en marcha de iniciativas como la Semana del Pincho, el sorteo de vales de compra de hasta 3.000 euros para canjear en los establecimientos jarreros o en la celebración de la Semana del Vino de Haro, así como en la entrada en servicio de la tarjeta de fidelización o la programación de cursos de formación para los asociados.

Sin embargo, el mayor mérito de la asociación en esa 'Belle Èpoque' fue el de integrar al colectivo hostelero de la ciudad (algo desorientado tras la desaparición de la Asociación Santa Marta) y la organización de acciones puntuales para concienciar sobre problemas como la contaminación acústica o la mejora del alumbrado navideño.

En la actualidad, desde la asociación aseguran que la comunicación con el Ayuntamiento «es buena», si bien no quedará reflejado en la firma de ningún convenio de aquí al 31 de diciembre.

Tal vez porque en estos momentos, además de cariño, ACCIRA necesita que la Administración arrime el hombro como ella lo arrimó para conseguir una ciudad mejor a partir de su comercio.

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