Mundial de Baloncesto 2019

España-Argentina, final del Mundial

Ricky Rubio conduce el balón durante el duelo ante Australia./Noel Celis (AFP)
Ricky Rubio conduce el balón durante el duelo ante Australia. / Noel Celis (AFP)

Los de Scariolo remontan a Australia y se llevan una de las semifinales más ajustadas de los mundiales tras dos prórrogas. Los sudamericanos acaban con Francia

Sergio Eguía
SERGIO EGUÍA

España está en la final. Scariolo lo ha vuelto a hacer. En un campeonato en el que 'la Familia' ha ido de menos a más, marca de la casa, Australia se convirtió solo en una piedra más en el imparable avance de los españoles. Una roca, como esas que escalan los Pou, pero nada más que una mole a la que con paciencia, esfuerzo (mucho) y algo de inspiración se pudo superar tras dos prórrogas de infarto. Se necesitó casi una hora de destajo para barrenar a unos Boomers que son un equipazo. El trono será para España o para Argentina, que ha dejado a Francia reducida a la mínima expresión (80-66) en la otra semifinal.

La subcampeona olímpica volvió a aplicar su manual. El que les lleva a dejar que el motor se caliente antes de ponerlo a plenas revoluciones. Ese juego que crece desde la defensa y que alterna las amenazas exterior e interior de manera pendular en ataque. Un deporte que parece diseñado para Ricky Rubio, colosal, divino, que hace lo que quiere, cuando quiere y porque quiere con un balón en las manos.

Primero, festival de triples. Siete en los primeros ocho ataques. Luego, todas a Marc para que castigue a Bogut. Que no funciona del todo, dentro la segunda unidad con Llull, Ribas, Oriola... Siempre desatascan, aunque no rompan los encuentros. Y otra vez a lo del principio. Rubio, magistral, Juancho que lo mismo enamora que dan ganas de mandarlo al rincón de pensar, el poso de Gasol y la cátedra de un Rudy Fernández al que habría que enseñar en las facultades. Su forma de defender el lado débil, de meter manos en la línea de pase. Es una delicia. Lo habría sido perdiendo, pero es que España ganó. ¡Ganó!

Momentos de sufrimiento

El duelo comenzó igualado. Con un festival de triples español. Dos dianas de Juancho, que luego desapareció, otra de Rubio en el primer ataque, tras atrapar su propio rebote y una postrera de Llull, mandarina sobre la bocina, les permitía terminar por encima el primer cuarto 22-21.

Sergio Llull entra a canasta ante el alero australiano Aron Baynes.
Sergio Llull entra a canasta ante el alero australiano Aron Baynes. / Juan Carlos Hidalgo (EFE)

En el segundo parcial, las defensas superaron a los ataques. Demasiados especialistas defensivos como Dellavedova, Rudy Fernández, Ingles, Claver... Por no contar el talento destructor de las segundas unidades. Ribas para los europeos, Landale y Creek entre los oceánicos. A España se le hizo de noche. Se pasó más de tres minutos anclada en el punto 22 y así no hay minero que dé con la veta del oro. Cuatro puntos de Rubio, la energía y los 'tricks' de Rudy fueron de lo poco que mantuvo vivo al combinado nacional. El 32-37 al descanso invitaba a confiar en una remontada. A un tercer parcial, que suele ser en el que mejor juega España, que acabara con el buen hacer de Baynes e Ingles en la pintura y de Goulding y Dellevedova en el perímetro.

95 España

Ricky Rubio (19), Rudy Fernández (2), Juancho Hernangómez (8), Víctor Claver (9) y Marc Gasol (33) -cinco titular-, Pau Ribas (7), Pierre Oriola (-), Willy Hernangómez (-) y Sergio Llull (17).

88 Australia

Patty Mills (34), Matthew Dellavedova (6), Joe Ingles (4), Aron Baynes (6) y Jock Landale (3) -quinteto inicial-, Andrew Bogut (12), Mitch Creek (2), Nic Kay (16) y Chris Goulding (5).

parciales.
22-21, 10-16 (32-37 al descanso), 19-18, 20-16 (71-71 al final del partido). 9-9 (80-80) y 15-8.
árbitros.
Guilherme Locatelli (BRA), Tolga Sahin (ITA) y Omar Bermudez Mariscal (MEX). Sin eliminados.
incidencias.
Primera semifinal del Mundial de China, disputada en el Wukasong Sports Center de Pekín ante unos 9.000 espectadores que llenaron el recinto.

Los cuatro fantásticos (o sus relevos del banquillo que nunca desentonaron) permitieron a Mills liarla, que es lo que él hace, sin tener que soportar además todo el juego de su selección. Se fue de walkabout el aborigen, que terminó con 32 puntos, y desde la esquinita lateral, ahí donde los triples entran como un descabello, fue matando a España. Lo que no sabía es que Rubio le esperaba a la vuelta de la esquina.

Porque se ha enterrado ya en tantas ocasiones a los de Scariolo que ni se dieron por enterados de que estaban muertos. Continuaron bregando, en defensa y en ataque. Que la pelotita no quiere entrar, se rebotea en ataque y se vuelve a tirar. Al final, con Llull, con Marc, con Rubio, con tanto guerrero indomable los milagros acaban sucediendo. Y sucedió. Un triple del menorquín a 12 del final metía a la selección en la pomada 47-52. Habían ido perdiendo hasta por once puntos. La lucha de Ribas, otra canasta y dos buenas defensas les permitían entrar con el 51-55 en el parcial definitivo.

Y eso que una técnica a Rubio por reclamar una falta que no le concedieron volvió a dar aire a una Australia que perdía el rumbo al mejorar España la defensa sobre Mills, incapaz de crear juego en esos minutos. El karma. Rubio se encendió. Robó el balón en el saque de banda posterior al tiro libre. Anotó de dos y forzó la falta en ataque de Mills en la siguiente defensa. Ahí estaba la furia. El brillo en los ojos de un equipo con instinto asesino.

Épica y prórrogas

Antes, había que alimentar la épica. Con dos errores defensivos imperdonables de Geuer (Willy Hernangómez) que primero dejó solo a Bogut y después no acudió a la ayuda sobre Kay. Más ocho para los Aussies y tiempo muerto de Scariolo. Era el momento de la verdad. El momento de devolver a Marc Gasol al campo para jugar los siete minutos finales. Rubio, sobresaliente, necesitaba que le echaran una mano para terminar la tarea. Respondió el pívot catalán. Cinco puntos consecutivos para el 58-63 y seguir soñando. Jerarquía para darle algo de descanso a Rubio y Claver. Gasol asumió el mando y el partido. El punto 18 de Marc, que terminó 33 tantos, 6 rebotes y 4 asistencias (33 de valoración), y un triple de Ribas ponía el 63-67 a cuatro del final. Una penetración de Llull colocaba el 65-67. Empate técnico y tiempo muerto de una Australia que comenzó a sentir la duda. El recuerdo de los Juegos de Río. ¿Cómo se puede jugar a un nivel tan alto y tener a estos tipos todavía pegados al cogote?

Marc Gasol celebra la victoria ante Australia.
Marc Gasol celebra la victoria ante Australia. / Juan Carlos Hidalgo (EFE)

Les habría solucionado Marc Gasol la duda y el problema, pero en el enésimo balón al poste bajo Ingles, el más listo de la clase, se le adelantó y le sacó la falta en ataque. Luego Juancho, en una falta absurda, regaló tres libres a Mills. Cinco abajo. Entraron Claver y Rubio. Dos y medio para el final. La gloriosa. Recuperó el valenciano, anotó el del Masnou. Tres abajo. Y falta de ataque de Baynes sobre Rubio. Es genial el base de los Suns. Asistencia sobre Marc en el pick and roll y 69-70.

Con 30 segundos y los nervios desatados, Mills la perdió ante Rudy. El capitán no defrauda nunca. Fernández dio la última oportunidad a España. 28 segundos, tras el tiempo muerto de Scariolo para volver a la final, la segunda de la historia para España. Se la jugó Llull y falló, pero Bogut cometió falta en el rebote. Dos libres para Marc. 71-70 y 9 segundos para que Mills hiciera su magia. Penetró, falló y sacó la falta. 71-71 y cinco segundos para España. Falló el segundo libre el eléctrico base aborigen. De meterlo, habrían ganado. Como pudo hacerlo España, pero marró Rubio desde medio campo en lo que habría sido la canasta del torneo y una de los mejores de toda la historia de los mundiales. El aro escupió el lanzamiento.

Los vendedores de desfibriladores hicieron su agosto. Con el corazón a mil, Australia y España entraron en los cinco minutos de tiempo extra. Ese cruel cara o cruz en el que la experiencia española les permitía irse 76-71 y un triplazo de Mills y un rebote ofensivo de Dellavedova devolvían el 76 iguales. Y después llegó el 78 iguales. Una personal en ataque innecesaria de Rubio sobre Mills era subsanada por un robo de Rudy. Error tras error hasta los 16 segundos finales. Una locura. Pie de Gasol y balón para Australia. 78 iguales. Falta de Gasol sobre Mills. Libres.

Rudy Fernández reacciona ante el australiano Patty Mills.
Rudy Fernández reacciona ante el australiano Patty Mills. / Juan Carlos Hidalgo (EFE)

Primero dentro. Segundo también. 78-80. Tiempo muerto de Scariolo. 14,2 segundos para anotar. Recibe Gasol a un metro del aro. Falta de Ingles, para evitar el empate. Primero, dentro. Segundo, también. 80 iguales. Cuatro segundos. Y.... falló Dellavedova. Segunda prórroga.

Tenía que ganar uno

Ninguno quiso perder, pero tenía que ganar uno. Los rebotes ofensivos de Australia lastraban mucho a España, incapaz de cerrar su zona. Tampoco podían los Boomers evitar la anotación sencilla de Claver. 82 iguales. Hasta que Llull acertó desde el arco, asistido por un excelente Rubio. Era el punto de inflexión. Asistencia de Rubio para Marc (22 puntos ya) y se escapaba España de cinco: 87-82.

Scariolo ordenó defender en zona. Un tercer fallo de los australianos y estaría hecho. Tres minutos despues de 47 de pelea. Airball de Goulding. Los canguros no saben nadar. Creo. Y otro triple de Llull (17 tantos), tras una inmejorable circulación con tres extrapass los hundía. El mejor momento de España. Con un Rubio para el MVP. 90-82 y tiempo muerto de Lemanis. Solo dos minutos en los que no tirar el trabajo por la borda. Estaba hecho. Tenía que estar hecho. Estuvo hecho. España vuelve a la final. 95-88. Los 19 puntos, 12 asistencias y 7 rebotes de Ricky Rubio habría que exhibirlos en un museo.