De Lagrán a Laguardia, siguiendo la huella de los arrieros

Dos montañeros crestean la cima de Monte Larrasa. /IÑIGO LÓPEZ DE HEREDIA OLABARRIETA
Dos montañeros crestean la cima de Monte Larrasa. / IÑIGO LÓPEZ DE HEREDIA OLABARRIETA

Una vista diferente de Rioja Alavesa a través de los senderos que trazaron quienes transportaban mercancías

IRATXE LÓPEZ

Las usaban los arrieros para trasladar mercancías cuando las carreteras eran solo un sueño futurista. A pie, en carros, sobre las mulas o caballos superaban puertos y portillos, collados y vaguadas. Por entonces eran las rutas más rápidas y cómodas, aunque ahora nos parezca imposible. Se emprendían no solo para facilitar el comercio sino para disfrutar de romerías. La llegada del asfalto acabó con muchas de ellas. También la naturaleza cubrió estos senderos. Pero la insistencia en el tránsito de aficionados a la montaña, pastores y cazadores, de ganado en busca de pastos tranquilos, salvó algunas que ahora la Diputación Foral de Álava se empeña en recuperar con el Proyecto Herradura, trabajando sobre 44 de ellas, aptas para cualquier senderista.

De Lagrán a Laguardia

Distancia
11,460 kilómetros.
Ruta
495 metros de ascenso y 610 de descenso.
Web
www.araba.eus (entrar en Turismo/Rutas verdes/Proyecto Herradura).

En estas líneas nos ocupamos de la que enlazaba Lagrán con Laguardia por el puerto de Toro. Tal vez no sea una de las más sencillas pero aún son visibles los pasillos tallados en roca sobre los que transportarían carbones, pescado, aceite, cal o vino. Con la imaginación puede percibirse el jolgorio que montaban los jóvenes al cruzar a trote la Sierra de Toloño camino de alguna fiesta o el pesado andar de los peregrinos. Levantada sobre un ramillete de cimas de formas inexpugnables como Larrasa (1.453 m.), Palomares (1.446 m.) o Cruz del Castillo (1.432 m.), vigilan al caminante que parte desde Lagrán. Antigua villa fortificada entre el corredor del Ega-Inglares y la vía que unía la costa cantábrica con el valle del Ebro, destacan en ella el palacio barroco de los Viana y la iglesia parroquial de Nuestra Señora (XVI).

Oficio de carboneros

La marcha arranca en la Plaza de la Música y toma la calle Camino de Laguardia pasando junto al cementerio, desde donde sigue primero la señalización del Sendero Histórico GR-1. La descripción detallada puede descargarse en la web de la Diputación Foral de Álava, por eso aquí solo nos encargaremos de destacar sus virtudes. La magnífica Sierra de Cantabria como telón de fondo. Las omnipresentes Peña del Castillo, con más de 200 metros sobre el collado en el que antiguamente se ubicaba un bastión defensivo, y la Peña del León. El Puerto del Toro, lugar más alto de la ruta desde el que se traspasa el cordal para descender a Laguardia. También esperan bosques, hayedos, sotobosque de boj o avellanales. Aprenderemos, gracias a ilustraciones, cómo se elaboraba el carbón vegetal, una de las mayores riquezas etnográficas de la montaña alavesa. Y visitaremos, si apetece un desvío, la carbonera de Txondorra.

Hayedo en los alrededores de Lagrán.
Hayedo en los alrededores de Lagrán. / MÓNICA AXPE VELAR

Existe también la opción de dirigirse hacia la cueva de San Kilitz, así como a las cimas de Larrasa y Cruz del Castillo, en un corto recorrido circular que requiere cierto esfuerzo. La cavidad cuenta con una boca norte amplia y al fondo aguarda el altar en ruinas donde estuvo la imagen de Santa Julita con el niño San Kilitz, patrono de Lagrán. Hasta allí acudían los vecinos en rogativa. Tras el altar se puede reptar unos metros a través de un túnel para acceder a una amplia sala desde la que se aprecia la otra entrada a la cueva, que presenta un paraje inhóspito.

Acceder a Larrasa, el punto más elevado de la sierra, es hacerlo al Falso Palomares, así lo llaman también pues tuvo un buzón con este nombre. Las vistas son increíbles. Traducen el contraste entre Rioja Alavesa al sur y la Montaña Alavesa al norte. Brezo, boj y otaca acompañan el ascenso parapetado entre peñas mientras la vegetación mediterránea domina la bajada, repleta de carrascas y madroño.

El camino se dirige ya hacia la medieval Laguardia, emergida sobre viñedos y campos de cereal. Con parada previa en el yacimiento arqueológico Poblado de la Hoya, que ocupa unos 40.000 metros cuadrados y conservada en tres de sus lados la muralla que lo circundaba. Y ascenso unos metros por el Paseo de Sancho Abarca para llegar hasta la Puerta de las Carnicerías.

La Hoya

Es uno de los yacimientos más importantes de Euskadi y ayuda a comprender la forma de vida de quienes poblaron este territorio entre los años 1200 a.C. (Edad de Bronce) y 250 a.C. (II Edad del Hierro). El urbanismo del asentamiento, con sus calles, plazas y manzanas surge del suelo dibujando su antiguo relieve. Las casas se construyeron primero con madera, después llegaron el zócalo de piedra y las paredes de adobe con entramado de madera. Los celtíberos trajeron la innovaciones técnicas y económicas que impulsaron la agricultura. Creció así el trueque, que convertiría a La Hoya en destacado centro comercial y organizativo. El Centro de Interpretación permite saber mucho más acerca de la cotidianeidad de los antiguos pobladores. Incluye la reproducción a tamaño real de una de las viviendas, con sus estancias y los objetos hallados. (945621122. www.alavaturismo.eus).