Cinco cascadas alavesas

El Salto del Nervión 'aterriza' en el fondo del cañón de Delika formando diferentes cascadas./
El Salto del Nervión 'aterriza' en el fondo del cañón de Delika formando diferentes cascadas.

A tres kilómetros de su nacimiento en Álava, el Nervión pega el mayor brinco de su corta vida para ofrecer un espectáculo inigualable. Este es el salto de agua más conocido pero en Álava pero encontramos otras cascadas que no debes perderte

FRANCISCO GÓNGORA
Salto del Nervión Delika

La más alta de España

Solo los más osados y carentes de vértigo se asoman al mirador.
Solo los más osados y carentes de vértigo se asoman al mirador. / IOSU ONANDIA

Aclaremos un detalle de una vez. El río más cantado por los bilbaínos nace en Álava, por capricho de la geografía. Concretamente, en la cueva del Gato, a unos 900 metros de altitud, cerca del monte Arantxaga y de la aldea de Iñurrita. Allí recoge las escasas aguas que acopia la sierra de Guibijo y después de unos tres kilómetros se lanza al vacío. Demasiado joven para tanto salto: 207 metros, aunque hay quien ha sumado 270 metros y hasta 300. Sin duda, la cascada más alta de España. Y sigue en Álava porque el desfiladero que ha formado durante miles de años pertenece a Delika, enclave integrado actualmente en Amurrio, pero que fue municipio propio como Valle de Arrastaria. De hecho, también es conocido como la Cascada de Delika.

Para contemplar su máximo esplendor es necesario visitar el desplome del río en primavera o en invierno.El acceso más fácil, familiar y recomendable para llegar a la cascada es la pista que conduce al mirador desde la carretera del puerto de Orduña a Berberana. Castilla y León ha declarado esta zona Monumento Natural de Monte Santiago, y ha creado una infraestructura muy interesante en torno a la cascada y el bosque, como un centro de interpretación que se puede visitar también en invierno. El vehículo debe dejarse en el parking de la Fuente Santiago, después de recorrer unos 3,2 kilómetros desde la carretera de Berberana. Todo está muy bien señalizado.

Desde aquí hay diversas rutas por el formidable hayedo cantábrico y a kilómetro y medio se pasa junto a una lobera reconstruida. Tras recorrer otros 200 metros encontramos el mirador, el mejor observatorio de la cascada y el cañón que se abre a nuestros pies. Si tenemos suerte, los buitres pueden deleitarnos con su vuelo a la altura de nuestros ojos.

Cascada de Gujuli Gujuli

Despeñadero de vértigo

Espectacular caída.
Espectacular caída. / BLANCA CASTILLO

A 7 kilómetros en línea recta del salto del Nervión se encuentra otro muy grande, el de Gujuli. Las dos cascadas se hallan entre las más altas de España y tienen mayor desplome, por ejemplo, que las cataratas del Niágara o el Iguazú: Gujuli, de unos 100 metros, y el Nervión, de 207. La diferencia es el volumen de agua, claro. De nuevo, hay varias maneras de acercarse y ver este fenómeno de la naturaleza, siempre con la prevención de que nos movemos en terrenos escarpados y peligrosos en los que nunca hay que exponerse.

Una de las rutas tradicionales comienza en la hermosa iglesia románica y enfila hacia el puente del ferrocarril. Tras atravesar la vía se pasa por un rústico torno, que conduce a un camino que bordea el pronunciado cortado. En alguno de los puntos se domina el impresionante circo de la cascada. El final de la vereda nos adentra en un robledal.

Si antes de llegar a Gujuli se toma un camino a la izquierda, se llega en poco tiempo al mirador desde el que puede contemplarse el cañón y la cascada desde otro punto de vista. Es un capricho modernista más en un paisaje que combina la naturaleza más salvaje y un caserío colgado, con su puente y su iglesia. Esa huella humana es la que se asoma desafiante al gran vacío del barranco, formado por la erosión del arroyo Oyardo, afluente del río Altube, que también va al Nervión.

Río Ayuda Sáseta (Treviño)

Junto al viejo molino

Un rincón para desconectar.
Un rincón para desconectar.

Álava cuenta con al menos una quincena de parajes donde el agua se hace saltarina. Dicen los que saben de esto que «el momento en que están en sazón no siempre coincide con los deshielos, que las hace espectaculares, pero no es el instante perfecto». Para hallarlo hay que ir en varias ocasiones y en momentos diferentes.

Así, no contento con labrar uno de los desfiladeros más impresionantes de la geografía alavesa, el de Okina, el río Ayuda ofrece ya en el enclave burgalés de Treviño tres saltos de agua, cada cual más hermoso, en el pueblo de Sáseta. El primero, en la presa de captación que mediante una enorme antepara (depósito que alimenta las ruedas y turbinas de los ingenios hidráulicos) lleva el agua a un viejo molino cuyo techo está hundido. El segundo, junto al molino, forma una cascada de unos cuatro metros, digna de una visita. Pero un poco más adelante, siguiendo un camino ribereño que sortea algunas huertas, se encuentra uno de esos enclaves en los que se pueden pasar horas y horas observando la caída del agua.

Un bosque de ribera de primer orden, rápidos de agua y un salto al vacío enmarcado por dos inmensos quejigos que parecen rendir pleitesía a la cortina de agua que, según la estación y el caudal, permite incluso pasear con mucho cuidado –el suelo es muy resbaladizo– por detrás de la catarata. La imaginación vuela junto a los protagonistas de la película 'El último mohicano', que perseguidos por los indios hurones deciden esconderse en ese hueco entre el agua y la roca.

Cascada de Nacedero Araia

Una joya

Pared cubierta por el agua.
Pared cubierta por el agua.

Las viejas instalaciones de la fábrica de Ajuria sirven hoy como corral, a la espera de una remodelación que ponga en valor su arquitectura y su historia como uno de los primeros altos hornos de España. Abandonada la riqueza del hierro, la naturaleza impone su constancia. La joya la reserva para el Nacedero, dos kilómetros de bosque de hayas y robles trasmochos, un paseo para toda la familia. No existe un espectáculo que hipnotice tanto como miles de litros de agua que se precipitan en imponentes cascadas, especialmente después de unas fuertes lluvias. Está muy bien señalizado desde la Casa del Mitxarro.

Herrerías Payueta

Cola de caballo

En pleno apogeo.
En pleno apogeo.

Entre las cascadas alavesas destaca también la 'cola de caballo' que forma el río Inglares entre los pueblos de Payueta y Berganzo, muy cerca de una antigua central eléctrica. Para acceder no hay ninguna señal. Hay que pasar un puente en la misma carretera y tomar una pista entre alisos, robles y hayas. «Cuando un río canta nace un paraíso», decía Neruda, y aquí el Inglares brama. El estruendo es ensordecedor y el espectáculo, grandioso y sorprendente porque el río se desploma, no en el aire, sino sobre una panza de más de 10 metros de altura que forma el cauce. Una cueva y una poza en la que bañarse magnifican el paraje.