Un hayedo infinito en el monte alavés San Cristóbal

Un montañero saluda sobre uno de los impresionantes cortes que flanquean el sendero hacia San Cristóbal./Iñaki Mendiluze Orbegozo
Un montañero saluda sobre uno de los impresionantes cortes que flanquean el sendero hacia San Cristóbal. / Iñaki Mendiluze Orbegozo

Ascensión desde Apellániz, villa agrícola con excelentes casas, por un barranco sombreado por robles y castaños

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

Apellániz se recuesta en la ladera de la peña de San Cristóbal, cima destacada del Parque Natural de Izki. Es un pueblo antiguo con buenas casas de piedra de sillería y una destacada iglesia, la Asunción de Nuestra Señora, cuya torre se divisa desde muchos kilómetros de distancia. La subida al monte San Cristóbal es sencilla y hasta hace unos años habitual para los habitantes de Apellániz, como nos recordaba un vecino ya veterano: «allá por mayo el párroco obligaba a los chavales a recorrer con un cirio en la mano todas las cruces que había en el pueblo. Bendecía los límites y vuelta para casa».

Aquellos hábitos devotos se han perdido, pero los caminos de San Cristóbal son hollados ahora por montañeros, buscadores de setas y castañeros. Estas dos actividades –ya no es época– están controladas para evitar abusos y destrozos en unos bosques que tienen el honor de contar con la mayor masa de robles melojos (aguantan la hoja hasta casi la primavera) de Europa. El recorrido es sencillo y agradecido. Aparcamos detrás de la iglesia de La Asunción y echamos a andar entre casas en ligera cuesta hasta tropezar con el letrero que dice 'Senda del Cartero. El Raso 1,2 km. 45'. Nos saca del camino principal para introducirnos en una estrecha vereda que sube entre robles y enormes castaños. Una preciosa senda que termina en la balsa de El Carrantán (0h.15'), donde queda está la única fuente del recorrido.

Marchamos ahora tras los puntos amarillos de La Senda del Cartero, que nos guían barranco arriba. Un pequeño esfuerzo y ya estamos en El Raso (0h.30'), una amplia extensión de tierra gredosa cubierta de brezo, boj y enebro. Se encuentra entre el monte Ipurtika, escondido entre las hayas (izd.) y la ladera de San Cristóbal (der). Vamos de frente siguiendo los puntos amarillos hasta encontrar un nuevo poste indicador, que informa que a San Cristóbal (0,6 km/ 15') se sube por la derecha. El camino remonta hasta los Rasos, una amplia extensión de prados y brezales donde pastan caballos, gira a la derecha y alcanza la cruz tras un sencillo cresteo (1h.05'). Estamos sobre un monte 'Centenario', puntuable para el concurso de 'Los cien montes'.

Además del vértice geodésico hay buzones montañeros de los clubes Danok Bat y Gazteiz. La vista es amplia, pues abarca el diapiro de Maeztu, los montes de Izki e Iturrieta, la sierra de Codés y muchas otras montañas alavesas y riojanas. De la misma cima baja una pista que tras largos rodeos entre robles y castaños vuelve a Apellániz, pero merece la pena prolongar la excursión con una visita al hayedo de Ipurtika.

Se hace el silencio

Volvemos al collado del Raso por el camino de subida (1h.35') para aproximarnos al poco visitado monte Ipurtika por un estrecho sendero que cruza el enebral (izq). Alcanza la tapia derruida, recuerdo de los tiempos en que los montes estaban parcelados para el aprovechamiento de la leña. Superamos una alambrada caída y roñosa y entramos en el hayedo. La luz se difumina. Callan los pájaros. Vamos por un túnel oscuro y húmedo con paso vacilante escuchando el crujido de las ramas podridas y la hojarasca. Es un deambular sin sendero en busca del punto más alto. El GPS o la experiencia nos ayudan a encontrar la cima (1h.55'). Es un hito (1.027 metros) en un claro sin vistas donde paran los caballos y se revuelcan los jabalíes.

Los sombríos hayedos rodean Apellániz.
Los sombríos hayedos rodean Apellániz. / Ania Fernández de Gamboa

Volvemos con paso tranquilo a la tapia derribada y luego al collado del Raso. Ya sólo nos queda hacer una parada en la fuente del Carrantán antes de entrar en Apellániz para explorar la población, que se divide en tres barrios: Lespara, Goikara (que están juntos) y Bengara en lo más alto, lejos del centro. Los tres cuentan con fuente-abrevadero y lavadero. En Lespara se ubican el ayuntamiento, la iglesia parroquial dedicada a la Asunción de Nuestra Señora (gótico tardío) y la casa cural, así como el frontón. En la misma plaza se encuentra la casa blasonada de la familia Yurre, emparentada con la familia del general Neira-Alemany. En Goikara está la casa-palacio de los Fernández de Viana, con el escudo de armas en la fachada. Data del año 1607. No hay bar, pero sí una casa rural (Villa Elexpara, 945410235).

Lejos de la villa, sobre el río Berroci, se mantiene el molino Basabea, edificado en 1772. Ahora es una casa particular, aunque conserva la estructura y el canal de agua. Invisible desde la carretera, en medio de las piezas de trigo y girasol, se encuentra la laguna Olandina o La Laguna, rodeada de chopos y mimbreras, un reposadero de aves migratorias de difícil acceso.

Cómo llegar De Vitoria, A-132 por Azáceta a Vírgala Mayor. Desvío A-4122 a Apellániz. Distancia 6 kilómetros. Tiempo Web www.arraia-maeztu.org.

SAN CRISTÓBAL

Cómo llegar
De Vitoria, A-132 por Azáceta a Vírgala Mayor. Desvío A-4122 a Apellániz.
Distancia
6 kilómetros.
Tiempo
2h.30 (1h.05' a San Cristóbal).
Web
www.arraia-maeztu.org
 

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