Butrera, la aldea burgalesa dormida bajo la niebla

Iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión, en Butrera. /Javier Muñoz
Iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión, en Butrera. / Javier Muñoz

La excursión al monte Pantarra (917 metros) desde Butrera remite a un viejo clásico del cine de Hollywood, 'Brigadoon', tal vez más actual de lo que parece

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

No mucha gente se acordará a estas alturas de la película 'Brigadoon' (Vincente Minelli, 1954), un clásico del género musical sobre una aldea de Escocia donde el tiempo se detuvo a mediados del siglo XVIII. Desde entonces, debido a un encantamiento, sus habitantes permanecen dormidos y ocultos por la niebla durante cien años, hasta que un día la bruma se levanta, y las casas reaparecen en medio del bosque, ajenas a lo que ha ocurrido en el mundo. Pero ese retorno a la realidad no durará mucho, y el lugar volverá a su sueño otro siglo.

Este guion de Hollywood podría haberse rodado en cualquiera de los pueblos etiquetados últimamente con la marca de la 'España vacía'. En Butrera, por citar uno de ellos, una localidad de la merindad burgalesa de Sotoscueva, donde ni siquiera habría hecho falta levantar decorados de cartón piedra como los de 'Brigadoon'. La niebla bajo la que se esconde esa población castellana en los amaneceres de invierno es perfecta para un rodaje. Cuando el día levanta, el aire es limpio, el cielo está despejado y los bosques parecen finamente tallados en hielo. Hasta algún corzo se deja ver durante un instante, saltando sobre un lecho de hierba congelada que los rayos de sol aún no han derretido.

Hace un par de años, apenas una docena de vecinos estaba censada en Butrera, núcleo de origen medieval donde existe una iglesia románica de los siglos XII y XIII consagrada a Nuestra Señora de la Antigua. A ese lugar se puede viajar en coche desde Sotoscueva, y luego aparcar junto a la iglesia. Basta caminar unos cientos de metros hacia las casas para iniciar una excursión por los alrededores. Una opción es subir al alto de Pantarra (917 metros), situado en el cordal que separa las merindades de Sotoscueva y Castilla la Vieja. La ascensión a esa punta y el regreso se pueden hacer en una ruta circular de unas tres horas y media, y algo más de 12 kilómetros, con el Pantarra a mitad de camino.

La caminata arranca en Butrera por una pista llana que viene de Villamartín, desde la cual se divisa el Nevero del Polluelo. En enero, a media mañana, la vegetación helada todavía parece de cristal azulado. Pasados cincuenta minutos hay que torcer a la izquierda, y a partir de ese momento el trazado se endurece y se hace angosto. Comienza una pendiente que requiere prudencia en invierno y lleva al portillo de Linares, otra pequeña población que se cruzará más adelante.

Pero antes hay que ir al Pantarra, que queda a la izquierda. La cima está señalada por un vértice geodésico que se alcanza transcurrida una hora y cuarenta minutos de excursión. Luego se da media vuelta hacia el portillo para tomar la dirección de Linares, otro puñado de casas solitarias, y a continuación se enfila Butrera, dejando atrás un territorio de jabalíes por donde antaño merodeaban zorros, lobos y osos. De aquellos tiempos, en el siglo XIX, queda la vegetación baja que enmaraña el monte. Un paisaje donde, al despuntar el día, puede reaparecer Brigadoon.

Un puente marca el límite

A decir verdad, la película es más actual de lo que muchos cinéfilos creen, ya que el drama de esa aldea escocesa es en cierto modo el del progreso y la emigración. El encantamiento que adormeció a Brigadoon en el siglo XVIII y que protege a sus habitantes de los males del exterior quedará sin efecto si uno de ellos se marcha (un puente marca el límite de ese pequeño universo). Y no faltan candidatos deseosos de hacerlo cuando dos turistas estadounidenses (Gene Kelly y Van Johnson), de caza por el bosque, tropiezan con la aldea por casualidad a mediados del siglo XX, en el preciso momento en que sale de su letargo de un siglo.

A decir verdad, cien años parecen haber transcurrido cada mañana que Butrera y Linares se desperezan en invierno, cuando sólo las visitan unos cuantos senderistas y montañeros despistados. Estos urbanitas seducidos por la naturaleza y los parajes solitarios eran moneda corriente en Hollywood o Nueva York cuando 'Brigadoon' se filmó, pero no había tantos en España. A los turistas extranjeros les atraían las playas del Mediterráneo, y el éxodo rural estaba en sus inicios, así que nadie reparó en otra cosa que el romanticismo del filme.

La historia de amor gira alrededor de Fiona (Cyd Charisse), joven de Brigadoon que se enamora de uno de los turistas (Gene Kelly), pero no puede evitar su marcha, mientras ella permanece en la aldea, encadenada al hechizo. El cazador abandonará Escocia con su compañero, pero pronto se hartará del ajetreo de la ciudad, dejará a la mujer con la que iba a casarse y volverá al bosque donde apareció Brigadoon. La niebla se abrirá lo necesario para que pueda quedarse allí para siempre.

Los ancianos de las comarcas rurales quizá llegaron a ver esa película, muy popular en su época, aunque las tareas agrícolas no dejaban tiempo para distracciones. No lo permitían entonces ni tampoco ahora, porque la generación que ha cogido el testigo en los pueblos bastante tiene con reclamar ambulatorios, maestros, acceso a Internet, autobuses y que no se clausuren las viejas líneas de tren que simbolizaban el progreso el siglo pasado.

Una lista de reivindicaciones para paliar los efectos de 65 años de emigración, el tiempo que ha transcurrido desde el estreno de 'Brigadoon'. Ese lugar imaginario resguardado por la misma niebla que envuelve a Butrera en invierno y que inesperadamente puede abrirse y descubrir su iglesia románica.