La Mesa de los Tres Reyes, «mi ascensión favorita»

La Mesa de los Tres Reyes, «mi ascensión favorita»
I. P. RUBÍN DE CELIS

La ruta desde el refugio de Linza resulta la más fácil pero también una de las más largas para conquistar el techo del Pirineo navarro

IRATXE PAÑEDA

Alcanzar la cima es sinónimo de recompensa, de satisfacción, una mezcla de sentimientos difíciles de explicar en el que se combinan, por decirlo brevemente, el cansancio y el subidón de adrenalina tras haber alcanzado la cumbre. El esfuerzo queda empequeñecido al rememorar el logro al cabo de los días; solo quedan los mejores instantes y sus paisajes. Pero en esta ascensión, mi favorita, los recuerdos posteriores no hubieron sido posibles sin los que les precedieron años atrás cuando solo era una niña.

En mis primeras vacaciones en Otsagabia, me prometí que un día ascendería el Ori y ese monte que desbordaba mi imaginación infantil con solo pronunciarlo: la Mesa de los Tres Reyes. En este pueblo navarro, el nombre del Ori lo envolvía todo pero en las conversaciones de los grupos de montañeros era esa otra montaña la que atraía mi atención. ¿En su cumbre existía una mesa de piedra donde se reunieron siglos atrás tres reyes? ¿Habían esculpidos sus figuras para instalarlas a más de 2.000 metros de altura? Ni mesa, ni reyes, sino un castillo y la figura de un misionero jesuita coronan su cima.

Inicio del camino junto al refugio de Linza.
Inicio del camino junto al refugio de Linza.

Tuvieron que pasar algo más de veinte años para cumplir mi promesa una fresca mañana de verano de cielos despejados en la que partimos desde el refugio de Linza, donde hicimos noche. Comenzamos a ascender suavemente por el camino que parte a su derecha a través de los surcos marcados en la hierba, que en algunos momentos parecía no existir bajo el manto de flores amarillas. Alcanzamos el Sobrante de Linza. El sendero herboso bien marcado por tierra, incluso en ocasiones, por pequeñas piedrecillas, serpenteaba en forma de revueltas para darnos paso un mar de lirios azul intenso. En poco más de hora y media habíamos alcanzado el collado de Linza.

Collado de Linza.
Collado de Linza.

La vista alcanzaba el objetivo, aún lejano, despuntando sobre la niebla, en nuestro ascenso hacia la depresión kárstica de la Hoya de Solana. Un ligero descenso nos permitió tomar un respiro pero enseguida comenzamos de nuevo a ganar altura –en un tramo con cierto nivel de exigencia- camino al lapiaz, quizás el paisaje más desconcertante de todo el recorrido.

Nuestro paso por el lapiaz.
Nuestro paso por el lapiaz. / I. MATE

El suelo se abría a nuestros pies en forma de grandes grietas. La piedra erosionada mostraba el aspecto de un laberinto que nos obligaba a orientarnos a través de hitos o cairns, avanzar lentos y caminar atentos para decidir cuándo debíamos saltar o esquivar las brechas del terreno. Afortunadamente en esta parte del recorrido apenas empleamos unos veinte minutos.

Tras descender a un pequeño valle bastante seco remontamos hacia un collado. Aquí ya sentimos el cansancio en nuestras piernas pero un ligero tentempié y saber que abordábamos las últimas duras pendientes nos animaron a seguir avanzando. La niebla comenzó a envolvernos casi sin darnos cuenta y hubo que echar mano de la ropa de abrigo para hacer frente a la bajada de temperatura que no era mitigada por el esfuerzo.

Últimos tramos antes de alcanzar nuestro objetivo.
Últimos tramos antes de alcanzar nuestro objetivo.

Afrontamos la parte final de la ascensión por un camino cada vez más estrecho, con algún paso aéreo y partes de fácil trepada para encaminarnos hacia el tramo de cresta que nos condujo a los ansiados 2.428 metros después unas 3 horas y media de recorrido.

Cuentan que las vistas desde la cumbre son espectaculares, lástima que la niebla no nos permitiese disfrutarlas. Esta circunstancia sin embargo añadió más magia aún si cabe a haber hecho realidad mi sueño. Había llegado la hora de inmortalizar el momento todos juntos en torno a la reproducción del castillo de Javier y la escultura del Santo.

En la cima.
En la cima.