9 años del 14º ochomil de Pasaban

«Yo solo pensaba 'Edurne no te caigas, no te caigas que te vas hasta abajo'»

«Yo solo pensaba 'Edurne no te caigas, no te caigas que te vas hasta abajo'»

Este viernes se cumplen nueve años de que Edurne Pasaban alcanzara la cima del Sisha Pangma, su catorce 'ochomil', y firmara un hito entonces inimaginable para el alpinismo español

Fernando J. Pérez
FERNANDO J. PÉREZ

Han pasado 9 años. Fue un 17 de mayo de 2010 cuando Edurne Pasaban cerró la carrera de los 'ochomiles' al alcanzar la cima del Sisha Pangma. El redactor de EL CORREO Fernando J. Pérez estuvo allí. Esta es la crónica de la hazaña de la alpinista guipuzcoana.

«Edurne Pasaban ha culminado su sueño. Lo hizo ayer a las 11.30 (hora local, las 7.45 en España), momento en el que pisó la cima del Shisha Pangma (8.027 m.), el único 'ochomil' que le faltaba para completar las catorce cimas más altas del planeta. El más bajo, el más sencillo, pero el que más le ha costado.

Es el momento de celebrar la gesta de una montañera nacida el 1 de agosto de 1973 en Tolosa, cuyo tesón y confianza en sí misma le han llevado a conseguir un hito inimaginable hace apenas un lustro para el alpinismo vasco y nacional. Una hazaña lograda por encima de críticas a su estilo y dudas existenciales de la alpinista, dentro de un mundo dominado aún por los hombres.

Una ascensión rápida

Edurne Pasaban, Asier Izagirre, , Nacho Orviz y los sherpas Mingma y Pasang protagonizaron una ascensión rápida y limpia por la cara noreste de la montaña que les llevó en apenas seis horas a la cima. Finalmente, los alpinistas no utilizaron la prevista ruta de Iñaki Ochoa de Olza, sino otra similar y más directa que les llevó a la cima atravesando la cara noreste hasta la arista noreste.

Esta ruta fue abierta en 1980 por los austriacos Egon Obojes y Ewald Putz. Fue la tercera absoluta al Shisha Pangma y hasta ayer no contaba con repeticiones. Todo estaba preparado para partir a las 4 de la madrugada, pero un imprevisto alteró los planes. Sobre la 1 (hora local) se vieron sorprendidos por la llegada al campo 3 (7.400 m.) de varios miembros de la expedición española, que finalmente habían montado su campamento 400 metros más abajo y habían madrugado para reengancharse al equipo de Edurne en el ataque a cumbre.

La alpinista tolosarra y sus compañeros no pudieron hacer más que alojarles en sus tiendas a la espera de la hora prevista de salida. Ésta ha sido la segunda vez que la tolosarra y sus compañeros han dejado patente su solidaridad en la montaña. Hace dos días, en el campo 1, también acogieron durante varias horas a los miembros de una expedición alemana que descendía de un intento de cumbre en medio del temporal.

Todo ese movimiento nocturno y el fuerte viento acabaron por retrasar la partida hasta las primeras luces del día. El grupo enfiló inmediatamente hacia la cima con Edurne, Asier y dos sherpas en cabeza, seguidos de cerca por Alex, Nacho y otros dos sherpas de otros grupos. Querían marcar el ritmo para evitar nuevos retrasos. Y así fue hasta el final, ya que fueron los encargados de abrir la huella durante toda la ascensión.

Los alpinistas, según habían decidido el día anterior, no tomaron de inicio la ruta de Iñaki Ochoa de Olza, que desciende 200 metros desde el campo 3, sortea por debajo unos seracs y asciende hasta la arista noreste. Lo que hicieron fue bordear por encima esos seracs y luego cruzaron toda la cara noreste hasta un corredor que da acceso a la arista noreste, en la que desembocan también los alpinistas que escalan la pared suroeste.

Sorpresa final

Sin embargo, el Shisha Pangma les tenía reservada una sorpresa final. Justo antes de llegar a la cumbre, el terreno se complicó mucho y tuvieron verdaderos problemas para superarlo. «La arista ha sido muy muy complicada. Estaba muy afilada, el viento pegaba duro y había muchas cornisas. Nos hemos encordado y hemos subido con mucha tensión. Yo sólo pensaba 'Edurne no te caigas, no te caigas que te vas hasta abajo'», explicó la guipuzcoana horas más tarde desde el campo 2.

Una vez en la cima, los alpinistas se fundieron en un abrazo y se deshicieron en un mar de lágrimas. La emoción fue tal que la montañera tolosarra prácticamente no pudo decir nada cuando desde el campo base le pidieron unas palabras. «Sus palabras son el silencio», expresó gráficamente su primo Asier Izagirre. Aunque al poco rato, por fin, lograba hablar para recordar que «han sido un montón de años para terminar esto» y para dar las gracias «a mucha gente». «Gracias a todos, a todo el mundo que ha estado ahí, ami familia, a mis amigos, a todos lo que habéis hecho posible que termine los catorce 'ochomiles', a todos los que se han quedado en el camino. Gracias a todos, de verdad, de corazón. Os quiero mucho a todos».

Sin comida

Después del grupo al completo de 'Al Filo' llegaron también a la cumbre el bilbaíno Juanra Madariaga, los burgaleses Isabel García y Roberto Rodrigo, el catalán Jaume Gibernau, los italianos Mario Panzeri y Michele Compagnoni y un montañero japonés de 69 años que ascendió con oxígeno y acompañado de dos sherpas.

Tras la correspondiente sesión de fotos e imágenes para inmortalizar el momento, el grupo inició el descenso. En poco más de una hora habían dejado atrás la peligrosa arista y dos horas después estaban ya en el campo 3, donde decidieron continuar hasta el C-2. Mientras Edurne Pasaban, Alex Txikon y Nacho Orviz se dedicaban a desmontar las tiendas y recoger todo el campamento, Asier Izagirre y los dos sherpas fueron a asegurar con 200 metros de cuerda la peligrosa pala de hielo que hay justo bajo el C-2 y que tantos problemas les dio el sábado durante la ascensión.

Por fin, a las seis de la tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse tras la montaña, llegaban al campo 2 (6.800 m.) donde, sin comida y apenas gas para calentar agua, han pasado la noche. Y esta vez, por fin, los sueños de la tolosarra no han tenido que volar hasta alguna de las catorce montañas más altas del planeta. Edurne Pasaban las tiene ya todas en su mochila.