Nuevo reconocimiento para la edad mágica del alpinismo polaco, encarnada en Krzysztof Wielicki

Wielecki. /Organización de los Piolets de oro
Wielecki. / Organización de los Piolets de oro

El primer hombre en pisar el Everest en invierno, merecerá el Piolet de Oro, el galardón más prestigioso al que optan los alpinistas

Óscar Gogorza
ÓSCAR GOGORZA

Cuando Simone Moro retomó el hilo (abandonado lustros atrás) del 'ochomilismo' invernal, recolocó de rebote el alpinismo polaco en el mapa. Fue en 2005, en el Shisha Pangma: encordado a Piotr Morawski, el italiano se convirtió en el primer escalador no polaco en alcanzar un 'ochomil' en invierno. Con éste tachado, 'solo' faltaban por conquistar el Makalu y los cinco ubicados en el Karakorum. Desde entonces, se han recuperado del olvido las figuras de Jerzy Kukuczka, Andrzej Zawada, Woytek Kurtyka y, especialmente, la de Krzysztof Wielicki, uno que vive saltando de un reconocimientos público a otro.

Después de merecer el pasado octubre el premio Princesa de Asturias del Deporte, galardón que compartió con Reinhold Messner, el jurado de los premios Piolet de Oro anunció que Wielicki merecerá uno en reconocimiento a su carrera como himalayista. Prueba de que el alpinismo polaco está de moda es el hecho de que los Piolet de Oro, el máximo galardón al que se puede aspirar en el mundo alpino, vaya a celebrar su gala, igual que el año pasado, en la localidad polaca de Ladek, coincidiendo con su festival de montaña. Dichos premios siempre se habían entregado en Chamonix, o en la vecina Courmayeur.

Wielicki no pudo reprimir las lágrimas al recibir el premio Princesa de Asturias del Deporte: su historia es, en parte, la historia de los escaladores polacos ávidos de horizontes, enjaulados tras los barrotes de un régimen comunista que negó durante años su necesidad de espacios nuevos. El libro Escaladores de la libertad, de la escritora canadiense Bernadette Mc Donald, retrata de forma aplicada la atmósfera de la época y el carácter de unos alpinistas necesitados de un terreno de juego grandioso. Mc Donald se apoyó enormemente en Wielicki para trazar la semblanza de lo que se viene llamando la época dorada del alpinismo polaco. Y fue precisamente Wielicki quien prendió la mecha al atreverse a encarar el Everest (8.848 m) en invierno.

Wielecki.
Wielecki. / Organización de los Piolets de oro

Fue en 1980, a la edad de 30 años, de la mano de Leszek Cichy. Puesto que todos los 'ochomiles' habían sido conquistados, los polacos se dijeron que hacerlo en invierno sería mucho mas heroico. Wielicki estuvo en la conquista invernal de tres de los más elevados, como el Kangchenjunga (8.586 m) y el Lhotse (8.501 m), cima que alcanzó en solitario el día de nochevieja de 1988. La mejor época del alpinismo polaco se abrió y se cerró con Wielicki como protagonista y duró ocho años, pero el periplo invernal también observa las hazañas de Maciej Berbeka o de Jerzy Kukuczka. Si muchos consideran a Wielecki como el padre del himalayismo invernal, el título quedaría muy discutido entre su figura y la del pionero Zawada. También quedaría a caballo entre Kurtyka, el genio del estilo alpino aplicado a las altas cumbres, y Kukuzcka, el devorador de 'ochomiles' muchas veces estrenando itinerarios.

Pero quizá fuese la inesperada muerte de Kukuzcka en 1989 la que enfrió definitivamente el empuje polaco. Si Wielicki ingresó en quinto lugar en la lista de los '14 ochomilistas', el dato es una anécdota si se recuerda que en 1984 fue el primer hombre en escalar un 'ochomil' en el día, y en solitario: el Broad Peak.

«Mi intención es ayudar a los jóvenes que deseen abrirse camino en el mundo del himalayismo»», explica Wielicki, sin predicar en vano. Pero su disposición no está siendo un camino de rosas. En 2013 lideró la conquista invernal del Broad Peak junto a otro de los históricos alpinistas polacos: Artur Hazjer. Después de pisar la cima, Artur Małek y Adam Bielecki se cruzaron con Maciej Berbeka y Tomasz Kowalski bastante retrasados. No quisieron renunciar y nadie volvió a verlos, aunque vivaquearon a 7.900 metros y mantuvieron contacto por radio hasta las 6.30 de la madrugada con Wielicki. Berbeka era una leyenda en Polonia y su desaparición desencadenó un encendido debate en su país. ¿Debían haber evitado la cima? ¿quién mandaba? ¿debía haber habido órdenes de algún tipo?

Apenas unos meses después, Artur Hazjer, falleció en el Gasherbrum I: una caída acabó con uno de los actores esenciales del alpinismo polaco e impulsor del resurgir del himalayismo invernal en su país. La trayectoria de Wielicki tendría un broche incomparable si lograse su último propósito declarado: la conquista del K 2, el último 'ochomil' que resiste una ascensión invernal. En 2018, Wielicki dirigió una expedición polaca con un alpinista originalmente Kazajo: Denis Urubko. El 'Dream Team' acabó en sainete, con Urubko lanzándose a solas ladera arriba, afeando en las redes el liderazgo de Wielicki y, finalmente, dando un portazo.

Solo éste último sabe si aún le quedan ganas de cerrar el círcilo que él mismo empezó a dibujar hace casi 40 años. Walter Bonatti fue el primer alpinista en recibir un Piolet de Oro honorífico, en 2009, y desde entonces la lista sólo observa apellidos de leyenda: Reinhold Messner, Doug Scott, Robert Paragot, Kurt Diemberger, John Roskelley, Chris Bonington, Woytek Kurtyka, Jeff Lowe y Andrej Stremfelj.

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