Mark Twight, el punkie que se rebeló contra el romanticismo alpino

Mark Twight, el punkie que se rebeló contra el romanticismo alpino

El escalador norteamericano causó furor en los años 90 con su estrategia de compromiso y velocidad en las grandes montañas del planeta

Óscar Gogorza
ÓSCAR GOGORZA

Hace apenas unas semanas, dos escaladores catalanes que nunca merecen un hueco en los medios de prensa generalistas, firmaron una ascensión impresionante al Denali (6.190 m). Se trata de Marc Toralles y de Bru Busom, y durante cuatro días escalaron la ruta Eslovaca Directa, 2.700 metros de desnivel y unas dificultades técnicas tremendas. Alpinismo en mayúsculas, compromiso enorme, retirada imposible, frío extremo y estilo alpino. En el año 2000, Mark Twight, Scott Backes y Steve House firmaron una repetición exprés en 60 horas de esta misma ruta: las dos repeticiones anteriores habían forzado a sus protagonistas a permanecer 11 y 7 días respectivamente en la pared. Twight y sus dos compañeros creyeron que sería posible escalar la vía en 48 horas: basaron su apuesta en la velocidad y la ligereza, hicieron y deshicieron su mochila en el campo base hasta media docena de veces para convencerse de que no llevaban nada superfluo. Escalaban de noche también y descansaban cada 12 horas, confiando su suerte a su pericia técnica y a su entrenamiento. No llevaban saco de dormir, ni tienda.

Pocos meses después de ésta increíble ascensión, Mark Twight dibujó una reverencia y dejó el alpinismo, poniendo fin a una carrera profesional que se había extendido durante 15 años. Contaba entonces con 39 años de edad y siempre había creído que no viviría más allá de los 26. La influencia de Mark Twight en el alpinismo norteamericano, y por qué no, europeo, de las últimas dos décadas, ha sido notable. En su caso, todo empezó en 1984, cuando descubrió Chamonix, el templo del alpinismo. Pasó cinco años viviendo al pie del Mont Blanc, repitiendo rutas clásicas, empapándose de la cultura europea y, de paso, abriendo rutas extraordinarias como 'Beyond Good And Evil' en la cara norte de la Aiguille des Pelerins, con Andy Parkin (1992), y 'There Goes The Neighborhood' en la cara noroeste de la Aiguille Sans Nom, junto a Scott Backes (1993).

Devoto de la música Punk y del rock oscuro de Joy Division (su líder, Ian Curtis, que se quitó la vida a la edad de 24 años), Twight hizo suyo el célebre grito de guerra «no future» y emprendió un camino hacia las montañas en el que el regreso no estaba escrito. El discurso de romanticismo clásico propio del alpinismo aburría soberanamente a Twight, mucho más inclinado a llamar a las cosas por su nombre, aunque a veces, tal y como reconoce ahora, se excediese en juicios de valor poco apropiados. Enseguida le interesó tanto escalar como escribir para explicar por qué escalaba como escalaba. Si algo distingue la alpinismo del resto de actividades llamadas 'deportivas' es la necesidad tradicional de explicarse mediante la literatura. El alpinismo no existe apenas sin su relato.

Nacido en el seno de una familia de clase media, el destino de Mark Twight parecía sellado: una senda de universidad, matrimonio, hijos y un par de coches en el garaje. Ni siquiera el divorcio de sus padres, cuando contaba diez años, y el hecho de que su padre desapareciese de escena, arruinó su infancia. No, todo iba bien hasta que descubrió que «no soportaba la idea de hacer justo aquello que se esperaba de mí y del resto de chicos de clase media americana. Formé una banda de punk, como las que me inspiraban, y aunque éramos malísimos, el bajista llegó a tocar en Gun´s and roses. Empecé a escalar porque nací en las montañas y era un estilo de vida rarísimo en América. Descubrí una disciplina en la que mi individualismo no jugaba en mi contra. De pronto, mi futuro estaba frente a mi: era libre de cogerlo o dejarlo. Era libre, pero debía trabajarlo».

El trabajo es la constante en la carrera de Twight: entrenamiento, entrenamiento y más entrenamiento. Todo para ser rápido, ligero, para llevar los preceptos de Mummery o de Messner hasta límites desconocidos. De esta manera, el legado de Twight observa hitos como la vía «Deprivation» al Mont Hunter (Alaska), abierta en 1994 junto a Scott Backes y señalada como una de las obras maestras del alpinismo en estilo alpino. «Digo que soy alpinista porque escalar me convirtió en lo que soy. Cuantas más cosas difíciles hice, mejor fui», reconoce. Desde su retirada, Twight ha mudado de piel. Ahora relee los relatos cortos de su libro 'Besa o muere' y sonríe ante su discurso radical. De hecho, en las reediciones del mismo, ha añadido anotaciones que contextualizan el origen de sus ideas.

Ahora que es un empresario dueño de una franquicia de gimnasios, que ha entrenado a las fuerzas especiales del ejército norteamericano o que alecciona a los actores de las películas de acción de Hollywood se puede decir que rompió su futuro de clase media para instalarse, a base de genio, en uno de clase alta. Para saciar su hambre de ejercicio, Twight devora ahora kilómetros con su bici de carretera. Salvo sorpresa, su futuro es evidente.

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