La revolución heladera se llama Loco Polo

Iñigo Galdona y Oier Almandoz, pillados con las manos en la masa en el obrador./
Iñigo Galdona y Oier Almandoz, pillados con las manos en la masa en el obrador.

Dos amigos sin experiencia en helados abren una firma que se expande por España

GAIZKA OLEA

A lo largo del verano hemos tenido la fortuna de disfrutar cerca del museo Guggenheim de una pop up (un comercio estacional) de Loco Polo, una heladería artesanal nacida en San Sebastián de la que dicen que ha llegado para revolucionar el sector. La empresa creada por Oier Almandoz e Iñigo Galdona, amigos desde la niñez, se ha subido a la ola de la gastronomía de calidad y desde su fundación en 2017 se ha extendido a Madrid, Barcelona o Sevilla, donde cuenta con locales permanentes, y a tiendas que abren durante los meses de verano, como ha sucedido en Bilbao. «Hemos tenido cerca de 200 propuestas de franquicia, pero hemos dicho que no porque preferimos ir a nuestro ritmo», explica Galdona.

Loco Polo

Web
www.thelocopolo.com

¿Y en qué consiste la oferta de Loco Polo? Los helados clásicos, explica, son bloques de hielo a los que se añaden ingredientes para darles sabor, mientras que sus polos tiene una base de agua o leche, una consistencia cremosa y lleva relleno. «Y su sabor es muy rico, eso es importante», remacha. En la actualidad manejan unas 900 referencias diferentes, aunque en las tiendas se limitan a facturar una veintena en permanente variación.

Su producto más vendido es uno basado en los Ferrero Roché, con relleno de avellana y chocolate, pero en su recetario caben desde la fruta de la pasión al Kinder bueno, pasando por la frambuesa, la fresa, la tarta de queso o el coco. O fórmulas más atrevidas, con un toque de alcohol como el de Baileys y el de gintonic, o el helado caliente, que se presenta envuelto en hojaldre, como un cruasán.

Más tiempo y esfuerzo

Bien, hasta aquí, queda claro que estos dos amigos de Martutene andan sobrados de ingenio e imaginación, pero su historia puede parecer aún más chocante cuando se examina su pasado. Oier Almandoz trabajó durante años en diferentes ramos de la industria en China, mientras que Galdona vivió en Nueva York y se dedicaba a la organización de eventos y al turismo gastronómico. Pero siendo de San Sebastián se supone que la afición por la gastronomía va implícita y elaboraron un proyecto con sus polos que vio la luz definitivamente cuando se toparon con un local vacío en la calle Narrika, en plena Parte Vieja.

«Una vez leí que San Sebastián es la ciudad en la que más helados se consumen en la península y pensé que ahí teníamos una buena opción profesional». De modo que lo dejaron todo para empezar de cero. «No tenemos antecedentes familiares en el sector, llegamos absolutamente vírgenes, sin pertenecer a una segunda o tercera generación de heladeros y eso nos ayuda a ser creativos: escuchamos a los clientes y nos adaptamos a sus necesidades», añade Galdona.

Iñigo, que admite adorar los helados tradicionales, sostiene que los de Loco Polo requieren más esfuerzo y tiempo. «Las casas clásicas nos dan envidia, porque les basta con mezclar los ingredientes. Nosotros, en cambio tenemos que elaborar una a una cada base, rellenarla, moldearla y sellarla. La maquinaria no se parece en nada», asegura. Y subraya que sus polos resultan más saludables, porque «tienen hasta un 40% menos de grasa. Los clientes de más de 50 años nos dicen que sus digestiones son mucho mejores».

–¿Y veremos locales de Loco Polo en Bilbao o Vitoria?

–No, por ahora no, preferimos expandirnos por el Mediterráneo o por Canarias, porque hablamos de un producto muy estacional. Queremos crecer a nuestro ritmo. No hemos nacido sabiendo ni somos hijos de Amancio Ortega, de modo que si nos equivocamos, que sea por nuestra culpa».