Cartagena, piedras y sabores

El teatro romano se ubica en las proximidades del puerto./
El teatro romano se ubica en las proximidades del puerto.

Fue cartaginesa, romana y árabe, hasta tal punto de que los restos de estas civilizaciones marcan su fisonomía y su gastronomía

IRATXE LÓPEZ

Cartagena es de piedra, de bloques que crearon historia. Restos arqueológicos de un mundo ya perdido pueblan sus rincones, como espectros del recuerdo. La ciudad nació con el nombre de Qart Hadasht, hacia el año 227 a. C., fundada por el general Asdrúbal. Pero poco duró la presencia cartaginesa ya que, en 209 a. C., durante el transcurso de la Segunda Guerra Púnica, Publio Cornelio Escipión conquistó sus lindes. Bajo el dominio romano viviría sus momentos de máximo esplendor, entre finales del III a. C. y comienzos del II. Las huellas de aquella época pueden contemplarse en el Museo Arqueológico, que protege una de las colecciones epigráficas más importantes de la península.

Para saber más conviene acercarse al Centro de Interpretación de la Muralla Púnica (227 a. C), sobre la ladera sur del monte de San José. Después, la idea es hacer un viaje en el tiempo al acceder a la Casa de la Fortuna, donde sorprende la decoración con pinturas al fresco de las paredes del comedor. Los milagros temporales se acumulan. El conjunto arqueológico Augusteum luce restos de dos edificios públicos del área foral de Cartagonova. El barrio del Foro Romano, en la colina del Molinete, se distingue como el parque arqueológico urbano más grande de Europa. La Columnata Romana formaba parte de uno de los ejes viarios esenciales. La muralla bizantina recuerda, a mediados del siglo VI, la reactivación de la ciudad.

En la tierra y el mar

El Museo del Teatro Romano se alza en un edificio que aprovechó la ladera del cerro de la Concepción para colocar su graderío. El anfiteatro, uno de los más antiguos en Hispania, resplandece ante los ojos. Torreciega señala las construcciones funerarias del siglo I, mientras que el Museo de Arqueología Subacuática contiene restos fenicios y romanos, además del tesoro de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, un pecio en el que se hallaron más de 500.000 monedas de oro y plata.

Entre una cita y otra resulta esencial reponer fuerzas gracias a singulares platos. Lugar de encuentro, la cocina de fusión en Cartagena es milenaria. Romanos, fenicios o árabes influyeron en las recetas. Para degustarla lo mejor es arrancar por el puerto; su lonja se abastece en el Mediterráneo y en el Mar Menor. Mero, dentón, mújol, boquerones, dorada, chanquetes, langostinos, almejas, gambas... rebosan en las cajas, esperando comprador.

Alubias en palillos

Dicen que la receta más antigua es la de los salazones, por eso en los bares los pescados aún se acompañan con guisantes frescos o tomate. Exquisito es el caldero, arroz que los pescadores preparaban en una hoguera de playa, acompañado por dorada o mújol, aunque ambas raciones se sirven separadas y con alioli. Quien adore las alubias blancas pedirá michirones. Se presentan con palillos a modo de tapa, preparados en guiso con chorizo, jamón, tocino, patatas y guindillas (¡cuidado que pican!). Los amantes del contraste han de elegir sin embargo el explorador, empanadilla rellena de morcón y huevo o carne picada, rebozada con azúcar glas, que saca el regusto dulce-salado.

Para comer con apetito y orden, 'a tajo parejo' como dicen los locales, la fama se la llevan el pulpo a la cartagenera. También un postre típico, los rollitos de San Antón, cuyo ingrediente destacado es el anís. La tradición dice que, si se dejaba el último sin comer, el hogar gozará de fortuna durante un año. A la hora del café especial es el asiático, con leche condensada, brandy y Licor 43. Comenzó a servirse a comienzos del siglo XX, solicitado por marineros venidos de Asia.

Para completar la digestión, si el turista quiere abarcar más allá del mundo romano, existen otras rutas a las que dedicar la atención: una barroca y neoclásica, otra modernista y ecléctica y una más contemporánea. Mostrarán diferentes caras de esta ciudad murciana bañada por la cultura.