La eterna estrofa de los vinos del Duero

El castillo de Peñafiel (Valladolid) se alza sobre un viñedo./Rubén Ramos
El castillo de Peñafiel (Valladolid) se alza sobre un viñedo. / Rubén Ramos

La cuenca se reivindica como uno de los grandes ríos vinícolas del mundo en Duero Wine Fest

GUILLERMO ELEJABEITIA

Gerardo Diego lo llamó «eterna estrofa de agua», pero bien podría haber dicho «eterna estrofa de vino». Hasta doce regiones productoras se riegan con las aguas de la mayor cuenca hidrográfica de la península ibérica, haciendo del Duero uno de los grandes ríos vinícolas del mundo. Para reivindicar ese papel en el ecosistema enológico internacional, Burgos acogió la semana pasada la primera edición de Duero Wine Fest, una cita que aspira a ser bianual, dedicada a poner en valor la riqueza y diversidad de sus caldos.

Más de 500 asistentes entre bodegueros, sumilleres, distribuidores y prensa especializada llenaron el auditorio del Fórum Evolución de Burgos durante dos jornadas que incluían conferencias, mesas redondas y catas magistrales. Abrió el congreso quien fuera sumiller de elBulli, Ferran Centelles, que actualmente trabaja en la elaboración de la Bullipedia, la enciclopedia de saber gastronómico en la que el vino ocupa un capítulo esencial.

Su ponencia fue una invitación a reflexionar sobre las connotaciones ideológicas, fisiológicas, sociales o psíquicas que ha tenido su consumo a lo largo de la Historia. «¿Es el vino un arte? –se preguntó Centelles–. No hay duda de que es capaz de emocionar, pero las posibilidades creativas del enólogo están muy limitadas», advirtió.

El Master of Wine Fernando Mora y la periodista Amaya Cervera fueron los encargados de poner al Duero en el mapa de los grandes ríos vinícolas internacionales. Frente al «aristocrático» Garona, el Ródano «hippie», el «monástico» Mosela o el Napa «nuevo rico», defendieron el ibérico como un río «plural» en el que conviven caldos de personalidades tan distintas como los tintos de Ribera o Toro, los blancos de Rueda o los claretes de Cigales.

Algunos de los bodegueros más importantes de la cuenca del Duero se sentaron en torno a una mesa redonda para abordar la construcción de una gran marca. Los responsables de Vega Sicilia, Abadía Retuerta, Pago de Carraovejas y Viña Pedrosa hablaron de la importancia del paisaje o de la paciencia que requiere ganarse un prestigio con el tiempo. «Ribera murió de éxito cuando nacieron bodegas de la nada, pero la tendencia está cambiando y la calidad media ha subido», reconoció Pablo Álvarez, consejero delegado de Vega Sicilia.

Ligereza natural

A la emblemática bodega se refirió también Agustí Peris, nariz del Asador Etxebarri que antes lo fue de elBulli, en su intervención sobre el papel de los vinos del Duero en la alta cocina. «Vega Sicilia es un faro que ayuda mucho, pero las bodegas más pequeñas se tienen que acercar a los restaurantes y darse a conocer», afirmó el somelier, que ve mucho potencial para los vinos finos de guarda en «un mercado hedonista como el americano». En la misma línea fue la crítica británica Joanna Simon, experta en maridaje, que quiso derribar algunos tópicos a la hora de armonizar los caldos autóctonos. «Los vinos del Duero tienen una ligereza natural, pero también intensidad, son muy versátiles ¡qué suerte tienen!».

El programa tuvo tiempo para homenajear a los pioneros del sector vinícola en la región y también para abordar con los responsables de Vivino, Wine Searcher y WineIsSocial los nuevos hábitos de consumo a través de internet. Entre las catas magistrales, destacó el viaje a través de 897 kilómetros de río vinícola conducido por Luis Gutiérrez, hombre Parker en España, y la investigación de José Antonio Rubio y Félix Cabello en torno a las variedades autóctonas recuperadas desde el año 2002.