Txope y Juanita, grandes de Amurrio

Felipe Landaluce, Txope, y Juanita Zarraga, tras recibir el homenaje del Ayuntamiento de Amurrio. /Sandra Espinosa
Felipe Landaluce, Txope, y Juanita Zarraga, tras recibir el homenaje del Ayuntamiento de Amurrio. / Sandra Espinosa

Los más veteranos de la villa alavesa reciben emocionados la makila de fiestas. «Me llenan los besos que me dais», decía ella

JULEN SOLAUN

Amurrio ha entregado este martes, en un sobrio pero sentido recibimiento, la makila de las fiestas a la pareja de mayor edad de la villa. Felipe Landaluce, conocido como Txope, de 92 años, y Juanita Zarraga, de 93, recibieron emocionados el honorífico bastón, una cinta y un ramo de flores que apenas podían con ellos. Un homenaje distendido y presidido por el buen humor de ambos.

El acto, presidido por la alcaldesa Josune Irabien, tuvo muchos momentos de humor, como cuando Juanita se lanzó a decir en euskera su edad. No acertó a la primera, pero perseveró hasta dar en el clavo. «Hogeita hamahiru. Laurogeita hamar», erró. «Laurogeita hamahiru». Bingo. Porque si algo demostró fueron sus ganas de vivir y la alegría que desprendía. «A las siete de la mañana ya estaba en la ducha. Lista para este día».

Para ella no supuso madrugón alguno, y menos en una jornada en la que era el centro de las miradas. De hecho, acaparó muchas veces el 'escenario' porque Txope prefirió mantenerse en un discreto segundo plano. Suficiente era para él mostrrse delante de las cámaras de los fotógrafos y siendo la diana de algunos periodistas. Quedó claro que no le gusta sentirse en primera línea, a pesar de que no se le fue la sonrisa de la boca en toda la mañana.

Entre los presentes en la entrega de la makila, una veintena de personas entre las que se encontraban allegados y familiares, tampoco faltó el humor. Alguna de las chanzas giró en torno a las ganas de hablar y las batallitas que cuentan los ancianos sobre tiempos pasados, siempre mejores que los presentes. Pero otros replicaron que los mayores acumulan sabiduría por ser veteranos, precisamente, algo de lo que carecen los jóvenes.

Tras las fotos individuales llegaros los retratos en familia, que reunieron a una docena de personas delante de los objetivos. Fueron unos momentos relajados, que lograron colorear el de otra forma aséptico salón de plenos. Y, cómo no, volvió a ser Zarraga la que, feliz, reconoció lo emocionada que se sentía . «No sabéis lo que me dais. Me dais un euro y no quiero, pero me dais un par de besos y… Me llenan los besos que me dais».

Al terminar las fotos, comenzó un paseo que llevó a la pareja a ritmo de trikitixa hasta la cercana iglesia de Santa María. Acompañados de dos o tres decenas de personas, Landaluce y Zarraga pudieron disfrutar de un breve, pero ameno recorrido con unos agradables rayos de sol y la suave temperatura matutina.