Amurrio se alegra con la gastronomía

La gastronomía ha sido protagonista de la fiesta hoy en Amurrio. /Sandra Espinosa
La gastronomía ha sido protagonista de la fiesta hoy en Amurrio. / Sandra Espinosa

La feria de productos tradicionales y la comida de las cuadrillas amenizan la tercera jornada de fiestas en la villa alavesa

JULEN SOLAUN

Casi resulta inevitable que en Euskadi, las fiestas de un pueblo grande o pequeño, villa o ciudad, grande o pequeña, no tengan una jornada dedicada a la gastronomía o directamente giren en torno a la gastronomía. Cualquiera diría que estamos en un país de gordos. Bueno, tal vez muy gordos no, pero que aquí gusta comer... De ello dieron fe los más de 400 jóvenes que participaron activamente en el día de la comida de las cuadrillas de Amurrio. Y para 'hacer hambre' la mañana estuvo dedicada a la exhibición de los productos locales y a una degustación de setas. La comida, eso sí, se realizó con un servicio de catering, costumbre que comenzó hace tres años.

Así, durante toda la mañana cientos de habitantes y foráneos se acercaron a degustar y comprar verduras, queso o pastel vasco. Charo Villalain, una mujer que se acercó a primera hora, estaba indecisa, «mirando». «Suele haber buenos productos, típicos de esta época, como puerros, queso o alguna manzana». El gasto total, preveía, iba a ser cercano a los 30 euros. No mucho más claro lo tenían un trío de jubilados. «No hemos comprado nada, pero haremos una visita segura a los de Orozko, a por pastel», matizó.

Los vendedores, en cambio, estaban más alegres. Fue muy destacable el caso de Leire Ibarrola, una ganadera y apicultora de la vecina localidad de Izoria. Trajo queso de cabra «para todo Amurrio» y celebraba que estaba llegando al fin de las existencias. Su producto, «todo de oveja latxa y cuajo natural», estaba presidido por un gran queso de 15 kilos. De forma simultánea se cocinaban 30 kilos de champiñones en la misma calle Larrinaga, de los que saldrían «1.000 pintxos», según Fernando Egiluz, el máximo responsable de la cata. Por 50 céntimos, los consumidores pudieron disfrutar de un vino blanco y un pintxo. Entre los que querían probar las setas estaba, Julián Menoyo, un albañil de Aiala: «No me lo podía perder».