¿Qué le espera a la Reserva Federal tras la última subida de tipos?

¿Qué le espera a la Reserva Federal tras la última subida de tipos?

JOAN BONET

Hace pocos días, la Reserva Federal ha continuado con su lento pero imparable proceso de normalización monetaria. Tras incrementar su balance en 4,5 billones de dólares para superar la crisis del subprime, y casi tres años después de la primera subida de tipos de interés, ha anunciado el octavo aumento de este ciclo. Tal vez más importante, ha eliminado de su comunicado la mención a que «la política monetaria permanece acomodaticia», sugiriendo que la economía ya evoluciona según lo previsto y, a partir de ahora, ha decidido pasar a una fase de la política monetaria más dependiente de los datos macro y menos basada en sus preanuncios monetarios (lo que en la jerga de los bancos centrales se denomina en inglés forward guidance).

El nuevo periodo se podría asimilar al movimiento de un móvil. Nos referimos a uno de esos artilugios que, generalmente suspendidos desde el techo, desafían a la fuerza de la gravedad y se mueven en función de la incidencia del aire reflejando, gracias a su dinamismo, los efectos cambiantes de la luz. Esta original alegoría se utilizó en la construcción de la sede de la Reserva Federal de Filadelfia cuando se encargó a Alexander Calder, precursor de la escultura cinética, la creación de una importante obra para su vestíbulo.

En los años 30, Calder, gran amigo de Miró, Mondrian y Duchamp, había revolucionado la concepción tradicional de la escultura liberándola de la masa e incorporando el movimiento en sus obras como un instrumento más. Detrás de esta concepción artística y la nueva dimensión que los movimientos de las esculturas ofrecen, subyace la idea de equilibrio imposible que tanto se asemeja a las decisiones que la Reserva Federal tendrá que adoptar en los próximos meses para evitar un sobrecalentamiento excesivo de la economía.

El camino parece claro: cinco subidas más hasta que, en 2020, los tipos lleguen a alcanzar el 3,25%-3,50%, superando puntualmente la previsión de tipo neutral a largo plazo del 3%. A partir de ahora, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, deberá conjugar los tres objetivos principales del banco central estadounidense —máximo empleo, estabilidad de precios y moderados tipos de interés a largo plazo—, con la responsabilidad de mantener la estabilidad y contener los riesgos que puedan surgir en el sistema financiero. Tendrá que manejar el desequilibrio que existe entre su economía, que ha alcanzado los máximos de crecimiento con una tasa del 4,2% y un desempleo en mínimos de 18 años, con un entorno internacional más revuelto: una Europa que lleva cuatro años de retraso en la normalización monetaria y la desaceleración de algunas economías emergentes.

White Cascade, que es el nombre del gran móvil de la Reserva Federal de Filadelfia, no es, ni mucho menos, la mejor obra del prolífico trabajo de Calder. Eso sí, con más de 30 metros de altura y 10 toneladas de peso, es su mayor escultura, la más grande del mundo. Sus elevadas dimensiones pretenden mostrar al mundo, en términos artísticos, la importancia que tiene la Reserva Federal dentro de los bancos centrales globales. Esperemos que Powell lo tenga en cuenta porque la evolución de la macro y, por tanto, del móvil, se va a mover más que nunca.

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