La potencia no premia a Rahm

Rahm tras pegar el segundo golpe en el hoyo 3, que saldó con bogey. / Reuters

El de Barrika fue de los jugadores más agresivos en Chapultepec, pero cuando encarriló la vuelta no le salió nada

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Lo dejó claro en la previa. El campo de Chapultepec saca el animal pegador que lleva dentro. También el hecho de poder ser el primer español en conquistar una de las cuatro pruebas de rango planetario. Jon Rahm se alimenta de retos y los asume sin trampa ni cartón, a pecho descubierto. Pide que le quiten la red de protección. Y a veces el trompazo es inevitable. Muchas vueltas despúes, tantas como 30, vuelve a ceder ante un campo. No lo hacía desde la segunda pasada al Sheshan International de Shanghai. Y nada hacía pensar en los primeros nueve hoyos ayer que tuviera peligro alguno.

Con tres birdies seguidos y -2 en su marcador, había cerrado el primer bucle con energía, superando casi constantemente las 300 yardas con el driver en modo 'hammer time'. Era fiel a su aviso. Juego agresivo, buscando que la altura por la violencia del impacto llevara la bola a superar las arboledas que tanto molestan, inquietan y dotan de espectáculo a este campo en México City.

La experiencia previa aportaba un dato que parecía significativo. En los dos años previos en el Mundial de México, su balance en los primeros nueve hoyos era de -3 y en los segundos se percibía que era más su terreno, llegando a un global de -15. Por eso, habiendo rebajado dos golpes al campo por la carretera mala era de esperar que en cuanto tomara la autopista pudiera acercarse incluso a los líderes, con McIlroy y Dustin Johnson como dueños del cotarro de manera casi constante, siempre con una crin de ventaja para el norirlandés. Lo avanzado hasta el ecuador respondió a un patrón amplificado ante los medios el miércoles. Anunció Rahm juego de ataque y desde luego cumplió con su palabra.

Le costó cuatro banderas equilibrar potencia y dirección. En el 3 se comió el primer sapo al quedarse lejos en el rough su salida en un par 3. Pateó de seis para salvar el tipo y la corbata afeó más su primer bogey. ¿Cómo reaccionó? Soltando un mazazo de 326 metros a calle. Ya no las volvió a perder, ni los greens en regulación hasta el cambio de agujas con destino a la casa club. Lo dicho, dos bajo el par y con la entrada en los hoyos en los que se ha hartado de facturar, un menú muy apetitoso.

Pero entre la imposibilidad de salir bien de dos roughs en el 10 y el jaleo doble del 14 y sencillo del 16, ambos con inesperado y doloroso tripateo, la tarjeta se emborronó de tal manera que sólo un acierto postrero en la conquista de la bandera final le devolvió la sonrisa al de Barrika. Le da mucha importancia al estado de ánimo con que se retira a sus aposentos, previo paso por la camilla de masajes. Y un birdie en el 18 es un apunte que sabrá manejar para salir hoy de nuevo en perfecto estado de revista, con las batería recargadas y, no lo duden, idéntica ambición por reventar su M5, el driver con el que ayer convirtió las bolas en cometas surcando el denso aire mexicano.

La jornada fue de cara y cruz para muchos de los mejores jugadores del planeta. Por arriba, los ya citados McIlroy y Johnson, más Dustin Johnson, Kuchar o Hatton a su rebufo. Por abajo, el defensor del título en su torneo PGA 600, un Phil Mickelson que se fue hasta un indigesto +8. Leishman con +6 y Spieth y DeChambeau (+4) también se fueron forrados a sus residencias mexicanas.

Sergio García fue el mejor español. Llegó a acumular cinco birdies sin fallo lo que le acercó a dos golpes del liderato provisional en aquel momento. Pero perdió tres golpes en su sprint final.