El rugby femenino también está de récord

Las 'leonas' se hacen de nuevo con el título continental en Madrid desatando la locura en las gradas. /EFE
Las 'leonas' se hacen de nuevo con el título continental en Madrid desatando la locura en las gradas. / EFE

El conjunto español revalida la corona continental vapuleando a Holanda ante casi 9.000 personas, una entrada nunca vista en un partido femenino de este deporte en el estado

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZBilbao

Es una selección top, una de las diez mejores. Hasta ahora no era suficiente, aunque quizás algo está cambiando. Se pudo comprobar el pasado sábado, cuando el combinado estatal femenino de rugby XV, se proclamó campeón de Europa por séptima vez, cuarta consecutiva, con un 54-0 a Holanda. Pero lo que convirtió en noticia a las leonas, como se conoce a estas internacionales, es que congregaron a 8.900 espectadores en el Central de Madrid, la mayor entrada de un encuentro de rugby de mujeres en España. Las ordiziarras Amaia y Lide Erbina, de 22 y 18 años, respectivamente, ambas del Cisneros, y la vitoriana Anne Fernández de Corres, de 20 años y del mismo club, estaban allí para verlo. Las dos primeras como jugadoras –en la línea– y la segunda –medio melé– en la grada, lesionada.

«Fue emocionante. Nunca había jugado ante tanta gente. Casi te ponía los de punta», relata Lide, que estudia Filología hispánica y se aloja en la Residencia Blume para deportistas de élite. «Sobre todo había niños y niñas. Muchos jóvenes acudieron sin saber nada de rugby y te comentaban luego que les había encantado. A los críos de cinco años los podías contar antes con los dedos de una mano, pero esta vez iban con sus familias. Te pedían autógrafos y te decían que de mayores querían ser jugadores de rugby. Sentías que eras un referente para ellos».

Realmente, el récord de asistencia al rugby en España disputado por equipo local (club o selección) fue la final de Copa masculina de 2106, disputada en el estadio Zorrilla de Valladolid ante 26.000 aficionados. Las leonas están lejos, pero les puede beneficiar la actitud de los sponsors. Renfe hizo descuentos el sábado en el AVE, a determinadas horas, para animar a los aficionados a viajar al campo Central. Ahora la siguiente meta es el interés informativo. «De nuestro europeo se habla dos días y de la victoria del seven masculino sobre los All Blacks (en marzo pasado), una semana», confiesa Lide Erbina. «Damos el mismo espectáculo o más que ellos. Creo que los medios tienen que cambiar», agrega su hermana Amaia.

Más arriba en el ránking

Porque no bastan los siete títulos europeos de las leonas en el rugby a XV, ni su quinto puesto en el último Mundial de rugby a siete (seven), ni la séptima plaza en Río 2016, ni que ganen a rivales del Seis Naciones... Entre ellas cunde la impresión de que no reciben la misma consideración que el combinado masculino, y eso que ellos están más abajo en el ránking internacional y que las leonas ganaron antes a las neozelandesas. «Es un poco triste», admite Amaia, hermana de Lide y estudiante de Filología inglesa. «Pero pienso en positivo. Intento hacer lo que esté en mi mano para que eso cambie; no va a ser de un día para otro».

Parecida opinión tiene la vitoriana Anne Fernández de Corres, que el sábado no pudo jugar ante Holanda, aunque presenció el choque. «Fue una sensación de arropamiento increíble», recuerda. «Cuando el público bajó al campo dejamos las etiquetas de lo masculino y lo femenino. Habían ido a ver rugby, buen deporte». No obstante, Corres coincide con las hermanas Erbina en que el público en general aprecia más lo que hacen las selecciones masculinas. «Se piensa que cuando lo hacen ellos es más difícil», resume.

Amaia, Lide y Anne no son las únicas vascas de la selección XV. Uribarri Barrutieta, de Iurreta, 21 años, que milita en el Getxo, ha sido convocada anteriormente, y también para el seven. Y ante Holanda jugaron el sábado la pilier Saioa Jaurena, de Elizondo, 29 años; la segunda Maika Brust, de Saint Etienne de Baigorri (24) y la tercera Maitane Salinas, de Pamplona (24), las tres del club Bayonnais y que disfrutaron de algo más más que un éxito deportivo. «Triplicamos la entrada», recuerda Amaia Erbina. «Nos hicieron un pasillo de niños y veteranas. Una marea de gente bajaba al Central. El campo es nuestra casa y las gradas estaban llenas».