LAS MUJERES NO SON HOMBRES PEQUEÑOS

Existe una falta de asistencia sanitaria específica al género y eso obstaculiza un cuidado sanitario más eficiente

Una médica prescribe un tratamiento./Fotolia
Una médica prescribe un tratamiento. / Fotolia
Sara Maldonado-Martín
SARA MALDONADO-MARTÍN

En plena resaca del 8M y adentrándonos en el ámbito del tratamiento para la salud, el concepto de la medicina basada en la evidencia y vinculado al sexo y género incluye las diferencias biológicas y comportamentales entre mujeres y hombres. A pesar del conocimiento de estas diferencias, que afectan a la manifestación y fisiopatología de muchas enfermedades, existe una escasez de asistencia sanitaria específica al género. Esta omisión está obstaculizando un cuidado sanitario más eficiente, incluyendo medidas de prevención y tratamiento basadas en el género más efectivas que los tradicionales modelos únicos que invisibilizan a las mujeres bajo la normativa masculina. Los procesos biológicos de tratamiento tanto farmacológicos como los no-farmacológicos (alimentación y ejercicio físico) afectan de forma diferente en mujeres y hombres. Diferencias en la masa corporal, distribución de la grasa, tamaño de los órganos, liberación de hormonas, generación de fuerza y relajación, fatigabilidad y recuperación provocan efectos diversos en la mujer a la misma «dosis» de tratamiento «recetada» a un hombre con un mismo diagnóstico.

Así, para tener conocimiento y acceso a un tratamiento de salud sensible con el género, que incluya dimensiones biológicas y socio-culturales y sus efectos en mujeres y hombres, es necesaria que la investigación considere las necesidades de ambos sexos, con análisis estratificados por sexos, porque las mujeres no son hombres pequeños, ni un subgrupo de estudio. Entonces, ¿cuáles son las razones de que las mujeres no sean incluidas en los estudios de investigación? Por un lado, las mujeres son consideradas como «difíciles» debido a las fluctuaciones hormonales y posibilidades de embarazo que podrían complicar el diseño de la investigación y la interpretación de los resultados. Por otro lado, la participación en los estudios de investigación con una intervención requiere la voluntariedad de los/las participantes y un compromiso temporal. En este sentido, factores sociales, ambientales y psicológicos se asocian en gran medida a esa baja participación y toma de decisiones de las mujeres en los estudios de investigación. A menudo el compromiso familiar ('los otros antes que yo') y la falta de autoestima ('yo no puedo') continúa siendo una barrera para incrementar la muestra de mujeres. Por ello, es hora ya de una coeducación en el tiempo libre para superar la asignación tradicional de roles, valores y actitudes y que la incidencia del género en la construcción de la identidad personal no influya en la toma de decisiones.