Cuando marzo marcea

Este es el mes en que las mujeres nos levantamos y rugimos con fuerza para recordar al resto del planeta que estamos aquí y que queremos los mismos derechos

Carelodada por el 8M./I. Pérez
Carelodada por el 8M. / I. Pérez
Mar Mas
MAR MAS

 Marzo ya no es el mes de las flores. Gracias a la globalización, los invernaderos y las tecnologías que nos rodean, estamos provistos de flores en cualquier ocasión y a golpe de clic.

Marzo sigue teniendo el fuerte compromiso del día 8, cuando las mujeres nos levantamos y rugimos con fuerza para recordar al resto del planeta, que estamos aquí y que queremos los mismos derechos.

Normalmente hay que recordarles a muchos hombres, y también a algunas mujeres acomodadas en su machismo, que hay cambios que deben ser urgentes y necesarios. Las cuotas -en las que siempre se enzarzan diciendo que no creen en ellas, porque debería ser el talento y no la imposición las que determinen la capacitación para un puesto- son necesarias y deberían de ser de obligado cumplimiento. Como los semáforos.

Pues no es así. O al menos, sigue sin serlo. En el tejido federativo deportivo de este país, los hombres ocupan más del 85% de todos los puestos de trabajo. ¿Eso quiere decir que todos los que están son los más competentes para el puesto? ¿quiere decir que las mujeres no estamos capacitadas para cubrir ninguno de esos puestos? De verdad, ¿se creen que las cuotas implican incapacidad?

Cuando hablamos de la brecha salarial, deberíamos hablar también de la ocupación sistémica de los hombres en el tejido deportivo y en el resto de los puestos de toma de decisiones en las empresas y gobiernos. Y deberíamos romper esa tendencia con propuestas más arriesgadas.  El «no se puede» o «no va a funcionar», e incluso el siempre manido «imposible, es muy difícil» es uno de nuestros mejores termómetros para saber que en realidad quieren decir: esto se ha hecho así siempre, para beneficiar nuestro status quo y no me vengas a tocar las narices con el feminismo. Porque entonces, ¿qué? ¿Me tengo que quitar yo, para que te pongas tú?

¿Tengo que renunciar a mis privilegios para que vengas tú a decirme lo que tengo que hacer?

Sí. Se les acabó el chollo. Ya nos hemos empoderado y ya que pagamos los mismos impuestos, hemos decidido que también queremos tener la mitad de todo. Así nos las gastamos. Queriendo repartir el espacio social en un nuevo contrato. Porque para ser sinceras, hasta aquí, lo podían haber hecho mejor. A partir de ahora, presidencias bicéfalas y presupuestos al 50%. La tele pública, esa que pagamos con los impuestos de cada día, no quiero que sea para  el omnipresente fútbol masculino. Hay más deportes y debe estar repartido al 50%. No queremos que secuestren nuestra cultura deportiva ni la historia de nuestras mujeres talentosas, épicas y ganadoras.

Es tiempo de marcear, de inundar los días del año de flores e igualdad. De enseñarnos a compartir espacios, políticas y decisiones. No solo porque es nuestro, sino porque este planeta que compartimos necesita nuevas políticas y reparto de espacios y decisiones. Necesita eliminar CO2 y testosterona. Los niveles de ambos son alarmantes. Hagan sitio, despejen la mitad de todo, y siéntense a la mesa de la igualdad. Estamos diseñando el presente continuo.