Gimnasia rítmica

Eider Atxalandabaso, un ejemplo de superación

Eider Atxalandabaso junto a su entrenadora, Itziar Mena. / FOTOGRAFÍA: PEDRO URRESTI | VÍDEO: IGOR GANDIAGA Y MARIAM BUSTOS

La gimnasta de Sakoneta, que sufre parálisis cerebral, emocionó al público con su actuación en la XXIX edición del Torneo Ayuntamiento de Leioa

Beatriz Garnández
BEATRIZ GARNÁNDEZ

Eider Atxalandabaso, a sus 10 años, es un ejemplo de superación. La joven gimnasta de Sakoneta tiene parálisis cerebral, pero eso no le impide disfrutar de la gimnasia rítmica y hacer ejercicios sobre el tapiz. De hecho, el primer fin de semana de junio actuó por primera vez sola delante de un público en la XXIX edición del Torneo Ayuntamiento de Leioa, en su pueblo, y emocionó a todos los presentes con su exhibición.

«Estaba muy nerviosa, era la primera vez que bailaba ella sola, habíamos tenido muy poco tiempo para prepararlo, no sabíamos muy bien cómo iba a salir pero fue 10 veces mejor de lo que esperábamos. Yo estaba super emocionada, no me lo podía creer», recuerda Itziar Mena, la entrenadora de Eider. Para sus padres también fue muy emocionante ver a su hija actuar ante tanta gente y escuchar los aplausos. «Fue una pasada. Le hemos visto actuar muchas veces, pero generalmente era en grupo y tenía un papel más básico. Y verla aquí en medio, con todo el público aplaudiendo fue muy emotivo», cuenta Blanca Tambo, su madre. Tras su exhibición, la propia Eider señala que tiene «ganas de competir».

Este es el primer año de la joven gimnasta en el club Sakoneta, donde sus padres apuestan por un «deporte inclusivo». «Trabajamos desde Hazten y con Itzi para que, aunque tenga discapacidad, el propio grupo sea el que la apoye y cada vez sea menos necesario el tener un apoyo externo, siempre dentro de las posibilidades de ella. Pero que sea una más en ese grupo dando de sí lo que pueda», sañala Tambo. Además, explica que el deporte, además de ser competición «tiene que ser unión y cooperación».

En un principio intentaron que hiciera gimnasia rítmica adaptada pero Tambo reconoce que «el perfil de grupo que había era diferente» por lo que decidieron lanzarse a la aventura y hacerlo en su pueblo. «Gracias a Hazten, al ayuntamiento de Leioa y al club de gimnasia rítmica de Sakoneta fueron todo facilidades», dice Tambo.

Fisioterapia

Cada vez que Eider Atxalandabaso se pone sobre el tapiz, no deja de sonreír. Se nota que le encanta la gimnasia rítmica y que disfruta con ello. «Para ella es una forma de fisioterapia que va muy bien para su cuerpo y para sus propias limitaciones y es la mejor forma de hacer ejercicio», confiesa Tambo.

La joven leioztarra, además de gimnasia rítmica, ya ha probado otras disciplinas. «Todo lo que ha hecho Eider tiene relación con el baile y la música. Empezó con tres años en la escuela de Andoni Aresti, estuvo allí tres años, y luego ella decidió cambiar a danza moderna aquí en el polideportivo de Sakoneta, donde estuvo el año pasado. Veíamos a las de gimnasia rítmica entrenando todos los días y me dijo que quería hacerlo. Siempre hemos partido de intentar hacer lo que ella quiera siempre que sea posible», explica su madre.

El número de la exhibición que realizó en Leioa lo prepraró junto a su entrenadora, Itziar Mena, con la que se entiende a la perfección a pesar de que solo llevan tres meses entrenando juntas. «Eider lleva entrenando desde octubre pero conmigo tres meses. Yo creo que desde el principio hubo una conexión y estamos muy a gusto juntas», cuenta Mena, que ha sido gimnasta desde pequeña y ahora, gracias a unas prácticas con la asociación Hazten, le ha surgido la oportunidad de trabajar con Eider. «Hago lo que más me gusta y de entrenadora, ¿cómo iba a decir que no?», explica entre risas.

Entrenan dos días a la semana una hora cada día con una rutina fija de entrenamientos. «Empezamos con un pequeño calentamiento, hacemos un par de veces los ejercicios que suele hacer en el baile y luego practicamos el baile hasta el final del entrenamiento», cuenta Mena.

Ahora, la intención de Eider Atxalandabaso es seguir practicando el año que viene gimnasia rítmica y en verano va a acudir a un campus en Álava para seguir disfrutando de su pasión. Sus padres están «muy orgullosos» y confían en que poco a poco se vaya integrando con el resto de sus compañeras y no necesite de un apoyo externo. Un ejemplo de superación que se ha ganado la admitación de su pueblo.