Mi primer mundial de trinquete

Me surgió la oportunidad de mi vida con 15 años y acepté pese a que no había jugado dos veces a esta modalidad: hay que subir al tren cuando llega

Maider Mendizabal, en un partido de pelota mano./El Correo
Maider Mendizabal, en un partido de pelota mano. / El Correo
Maider Mendizabal
MAIDER MENDIZABAL

Como os contaba en mi artículo de presentación, tras 34 años en el mundo de la pelota, el objetivo máximo hoy en día de cualquier mujer pelotari es ganar un campeonato del mundo. Llevo desde los 16 en el alto rendimiento y en estos últimos años apenas ha cambiado nada en lo que a lo deportivo se refiere.

Aún me acuerdo de aquel día en el que recibí una llamada de teléfono de Ander Letamendia diciéndome que era el seleccionador de España de paleta goma argentina de trinquete. En ese momento tenía 15 años y estaba lesionada con un esguince de tobillo. Ander me llamaba para decirme que habían organizado algunos entrenamientos de pre-selección con intención de elegir a las 4 mejores chicas para participar en el campeonato del mundo de trinquete sub22 de pelota vasca en Buenos Aires (Argentina). Al oír esas palabras pensé tantas cosas…: «¿campeonato del mundo en Argentina? Uauuuuu», «¿en trinquete a paleta argentina? Pufff yo solo he jugado dos veces en el trinquete con ese tipo de pala, pero… tendré que probar e intentarlo. ¡¡¡Es el campeonato del mundo!!! Una oportunidad así no se tiene todos los días».

Y así con esa gran ilusión que me entró porque me estaban ofreciendo la posibilidad de viajar hasta la otra punta del mundo, acudí al entrenamiento aunque apenas podía correr. No me lo podía creer, solo tenía 15 años y apenas llevaba un año jugando a paleta con las chicas (hasta entonces jugaba a mano con los chicos) y tenía ante mi esa oportunidad… Yo siempre he pensado que tenemos que estar atentas a cualquier oportunidad de hacer algo nuevo y allí estaba la mía. Tenía muy claro que lo poco que podía hacer dada mi lesión lo tenía que hacer lo mejor que pudiera. Al no poder correr solo podía demostrar que técnicamente tenía una buena base, variedad de golpes, muuuuchas ganas de mejorar y actitud. Y así es como conseguí entrar en la selección y empezar un nuevo camino de entrenamiento a una nueva modalidad que casi no lo conocía. Solo teníamos 8 meses para prepararnos, y un par de trinquetes donde entrenar por aquí en Gipuzkoa. La selección la formábamos cuatro chicas, dos navarras dos guipuzcoanas, por lo que durante los primeros cuatro meses cada cual tuvimos que entrenar por nuestra cuenta. Nosotras dos, en Gipuzkoa junto con otros chicos también preseleccionados para el mismo mundial y las navarras (las dos de Tierra Estella), por su cuenta y teniendo que viajar hasta Arnedo para poder tener un trinquete decente donde entrenar. Así empezamos a entrenar dos días a la semana y en los últimos 4-5 meses nos juntábamos las cuatro los sábados.

Hicimos lo que pudimos y aprendimos mucho de esta nueva modalidad. Nuestro nivel de juego era muy bueno en frontón a pelota goma maciza, pero el trinquete no tiene nada que ver. Es como si jugáramos de normal a fútbol y el mundial fuera a fútbol sala, más técnico. Y por fin llegó la fecha de salida hacia Buenos Aires. La ilusión nos invadía a todas las integrantes del equipo. ¡Viajábamos por primera vez a la otra punta del mundo a jugar nuestro primer mundial! No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar, pero la experiencia fue… todo un lujo. Simplemente el hecho de sentirnos durante esos 10 días de competición como si fuéramos deportistas profesionales, fue algo que no se puede expresar con palabras. Conocimos a muchas personas de otros países que también juegan a pelota vasca, mujeres con grandes aptitudes técnicas y físicas. Y allí estábamos, con intención de dar lo mejor de nosotras. Lo hicimos bastante bien y conseguimos la medalla de bronce, todo un logro teniendo en cuenta que competíamos en una modalidad en la que apenas entrenamos 8 meses.

Esa experiencia nos animó a seguir entrenando y mejorando a trinquete, aprovechando cualquier ocasión para competir y mejorar nuestro rendimiento. Con el tiempo, empezamos a jugar el torneo de Iparralde; el mejor torneo de trinquete en el que podemos competir, pues allí hay muchas más chicas que juegan a trinquete, que es la instalación por antonomasia. Todo este proceso nos llevó a empezar a trabajar un poco más en serio en esta modalidad y con el tiempo, más y más chicas han tenido la oportunidad de poder participar en un campeonato del mundo.

Ahora, a todas mis alumnas, sobre todo a las que veo con opciones de ser seleccionadas para jugar un mundial, les animo y entreno para conseguir este objetivo, pues actualmente es lo máximo a lo que podemos llegar a aspirar. Algunas de ellas, no entendían la importancia de vivir desde dentro un mundial hasta que fueron. Al ver las caras de satisfacción y alegría de estas chicas, siempre recuerdo cómo fue ese primer debut nuestro en Buenos Aires y todo lo que ha supuesto para nosotras el hecho de ser mundialistas. No a nivel de reconocimiento, ese es otro tema que abordaré en otro artículo, pero sí a nivel personal y como deportista. A lo largo de todos estos años hemos conocido a muchas personas, hemos hecho grandes amigos de diferentes países, hemos compartido vivencias, experiencias y competido para ganar el ansiado oro.

Actualmente esto es lo que nos mueve y nos hace seguir adelante ayudando a las jóvenes a recorrer su propio camino. 'Profesionales' por una semana. Esa es una gran sensación y como mujeres pelotaris todo un lujo, pues nos sentimos «importantes» dentro de nuestro deporte. Nos queda seguir mejorando y dando lo mejor de nosotras para ir acumulando todas estas experiencias inolvidables e importantes para nuestras vidas como pelotaris.