Artes plásticas

La isla fértil

El documental de Txus Poyo nace de los siete años de trabajo que le ha dedicado a Izaro. /
El documental de Txus Poyo nace de los siete años de trabajo que le ha dedicado a Izaro.

Txuspo Poyo construye una vasta telaraña en torno a la memoria personal y colectiva

GERARDO ELORRIAGA

Es una roca que muta y se multiplica, porque no es lo que es, sino su reflejo, y cuando le ponemos nombre, la situamos en el mapa, puede crecer y convertirse en otra cosa. El documental de Txuspo Poyo explica, de esta manera, la capacidad de un lugar para transformarse en algo diferente, una especie de cualidad proteica que el autor adjudica a la isla de Izaro. 'Testigos visuales', la exposición que ha inaugurado en la galería Vanguardia, supone el sorprendente ejemplo de ese fértil don y, sobre todo, de la facultad del autor navarro para abordar el imaginario colectivo a través de una obra con múltiples capas, interrelacionadas entre sí por ligaduras de todo tipo. El proyecto ahora dispuesto en Bilbao sintetiza siete años de trabajo en torno a este pequeño territorio situado frente a las costas de Bermeo y Mundaka y demuestra que las limitaciones geográficas no discurren paralelas a las semánticas.

La isla ha sido una utopía y un escenario para la especulación, un espacio donde concurren el relato verídico y la imaginación, el cine y la memoria. «A priori no sabía lo que me iba a encontrar y el desarrollo ha venido marcado por empatías y estados de ánimo», reconoce el autor. El convento franciscano que se erigió durante tres siglos en su interior, sometido a una regla más estricta que la continental, fue el punto de partida de la investigación. «El pasado siempre hay que revisarlo, lo damos por cerrado y no es así», alega y señala que esta introspección no ha seguido los cánones al uso, sino el amplio abanico de herramientas que proporcione una investigación híbrida que mezcla historia y arte. «Me gustan los proyectos que contextualizan, que proporcionan mucha literatura, incluso que son didácticos».

La imagen ha sido el vehículo para formalizar esta labor compleja que vincula, en una curiosa y afortunada metáfora, las ruinas del monasterio con la visión fantasmagórica del edificio Windsor, construido por los propietarios de la distribuidora Izaro Films. La isla sobrepasó sus limitados márgenes para proyectarse en el imaginario colectivo de este país como logo de una firma vinculada al cine de la Transición, y el atunero de última generación que lleva su nombre nos remite al archipiélago de las Seychelles, paradigma del paraíso tropical. Además, la muestra incluye la documentación del proceso, una reproducción de la teja que se lanza el día de la Madalena o fragmentos del storyboard del audiovisual que ha precedido a la exposición.

Microhistorias

Las conexiones, reales y virtuales, trazan una maraña de relaciones de ida y vuelta, una 'diáspora' de ideas generadas desde aquel diminuto escenario, según el artista, que construyen un edificio cultural en el que todos tenemos un hueco. Izaro permite numerosos planos de lectura, tanto personal como colectiva. El artista habla de microhistorias, pero, tal vez, la figura más acorde para explicar su ambición es la de la telaraña urdida pacientemente a partir de un nombre con múltiples acepciones, unas obvias y otras nacidas de la sugerencia más sutil.

La exposición abandona el mar y viaja tierra adentro. Poyo recoge imágenes de árboles de la comarca de Sakana, ligada a su infancia, pero que también puede interpretarse como el recurso fundamental que permitió la construcción de los barcos balleneros tradicionales. Sus ramas se expanden por el cielo como si se tratara de conexiones neuronales por las que transita la información.

La isla se ha transformado, sorprendentemente, en un motivo para la reflexión sociológica, pero, a la postre, nos propone un ejercicio íntimo de introspección. «Siempre hay un montaje en los sucesos en el que la subjetividad está presente», alega su autor para explicar la aparente paradoja. «La lectura que hace un espectador también está sometida a esa subjetividad ya que se encuadra en el espacio del arte».

Testigos oculares

Artista:
Txuspo Poyo
Galería Vanguardia.
Bilbao
Hasta
el 18 de julio