El magisterio inagotable de Kenny Barron

Hablando por el micrófono al respetable encantado. /Peru Urresti
Hablando por el micrófono al respetable encantado. / Peru Urresti

Con unas facultades excepcionales para su edad y su peso, el pianista de Filadelfia impartió una lección magistral en el 43 Getxo Jazz

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Conciertazo de Kenny Barron el viernes en la tercera sesión estelar del 43 Getxo Jazz, que agotó con dos días de antelación el aforo del flamante Muxikebarri, el teatro municipal de unas 800 butacas. El legendario pianista oficio en trío y derramó maestría en un encuentro de 8 piezas en 90 minutos exactos ejecutado en trío rapado: al contrabajo Kiyoshi Kitagawa, japonés de Osaka, más dos negros de Filadelfia, a la batería la mole física Johnathan Blake y al piano de cola el ceremonial Kenny Barron (Filadelfia, Pensilvania, 1943), quien toca el piano desde los 12 años, se dice que es profesional desde los 14, en los 60 tocó con el fundamental Dizzy Gillespie, ha sido profesor durante más de 25 años en la Rutgers University de Nueva Jersey y ahora es docente de la Juilliard School of Music de Nueva York.

El maestro saludó nada más aparecer en escena diciendo «muchas gracias, no os veo pero puedo sentiros», y a continuación presentó todas las piezas ejecutadas, excepto la del bis: 'Well, you needn't', de Thelonius Monk, la cual revisó como si fuera de Herbie Hancock e incluyó un celebrado y protagonista solo baterista de Johnathan Blake, una vez más ovacionado gracias a sus solos picantes, variados y constantemente intercalados. Por el contrario, más arrastrados e impertinentes resultaron los lapsos solistas de Kitagawa, los dos primeros ovacionadísimos seguramente porque se acabaron.

Kanny Barron (piano), Kiyoshi Kitagawa (contrabajo) y Johnathan Blake (batería).
Kanny Barron (piano), Kiyoshi Kitagawa (contrabajo) y Johnathan Blake (batería). / Peru Urresti

Excepto los solos de las cuatro cuerdas y el correcto popurrí de Duke Ellington / Billy Strayhorn a piano solo, la velada cursó fascinante, movedora, imaginativa, variada, transmisora y genial. Se abrió con el original 'New York Attitude', un alarde swing en pleno caos organizado como debe ser el jazz, con la mole Blake baqueteando con pasmosa facilidad y sin mirar, como si tuviera ocho tentáculos, los parches y los platos dispuestos a muy baja altura. Buah, al primer tema ya se intuía el percal de lo que nos invadiría el alma.

Siguieron con el 'Shuffle boil' de Thelonius Monk a modo de híbrido de blues y swing y con un segundo solo de bajo que retrajo la emoción aunque resultó aplaudidísimo, más la delicadísima bossa 'Aquele frevo axe' de Caetano Veloso, donde el piano irradió frescor magistral y dominio musical total (esta fue la única pieza de su último disco, 'Concentric circles', de 2018, con el que celebró sus 75 años de vida y los 50 editando discos).

Kenny Barron dijo que una de sus grandes influencias es Bud Powell antes de interpretar su original 'Budlike', un prodigio de digitación, una asombrosa pieza minimal por mil que contuvo otro solo baterista tan intenso que recibió tal ovación rugiente y sincera por parte del respetable que, quizá celoso, el líder entonces tocó el popurrí de Duke en solitario antes de encarar el epílogo en trío con el standard 'How Deep is the ocean' armado con swing y la rotunda elegancia de Nina Simone en otra demostración de facultades, pues a su edad y peso no es normal tocar así, un 'Cook's bay' con otro desarrollo latino (por cierto, tres cortes seleccionó de su penúltimo disco, 'The Book Of Intuition', 16), más el mentado bis de Monk, 'Well, You Needn't'. Un maestro Kenny Barron al que no se le agotan las facultades.