Leiva da el bombazo

Leiva da el bombazo

Demostrando su nuevo estatus estelar con la gira Nuclear, el músico madrileño desató la comunión colectiva ante más de 5000 seguidores en el BEC

JOSU OLARTE

Hay momentos en que, a base de perseverar, grupos o solistas implosionan y, sin cambiar de piel, conectan con un público masivo e intergeneracional. Como José Miguel Conejo (Madrid 1980), alias Leiva, que sigue recordando su condición de rockero de garito hecho a sí mismo, en veinte años de carrera con el dúo Pereza y en solitario, aunque su presente se parezca más al de las estrellas del rock a las que, confiesa, lleva queriendo emular en los más de mil conciertos que acumula acompañado de sus músicos y colegas de barrio, vida, bares y carretera.

Así se evidenció en la parada de la masiva gira Nuclear en el BEC de Barakaldo cuya sala Cubec! (5.500 de aforo) abarrotó con una fanaticada bastante trasversal, con presencia de 'viejóvenes' de su quinta y hasta alguna familia con niño, pero integrada sobre todo por jóvenes (chicas entregadísimas y nada rockeras en su mayoría) que podrían ser las hermanas pequeñas de las que a finales de los 90 gritaban en los conciertos del juvenil tándem rockero formado por Rubén Pozo y Leiva.

Su concierto del BEC descansó en su cuarta y última entrega Nuclear, que su autor considera elegante y más centrado en la canción que en la pirotecnia sonora, aunque en directo no plantee distancia alguna con su repertorio previo. Y son las canciones, en forma de melódico rock a medio tiempo, baladas que se elevan con electricidad, paseos por la psicodelia sesentera, guiños al rock autoral de los 80 y los 90 y, sobre todo, las letras en primera persona sobre el amor y las relaciones de pareja las que le han permitido al de Alameda de Osuna sintonizar con un público bastante parecido al de los ídolos catódicos.

Frente a una gran pantalla con atractivos visuales y realización en directo se adivinó al trasluz el perfil enjuto del barbado y siempre ensombrerado Leiva que, con imagen hippie sesentera (chaqueta marrón flecos a lo David Crockett, fular en el micro) arrancó con 'Expertos', la defensa de su novedad que recreó casi al completo.

El sonido empastado y con poca pegada, con metales, bajo y coros de la nueva componente Patricia Lázaro casi inapreciables, lastró 'Lluvia en los zapatos' y 'Animales' Pereza. Da igual. Leiva dice preferir ahora la verdad a la perfección. Y desde el primer fraseo el tremendo karaoke femenino se desata y crece con el medio tiempo algo beatle de 'Guerra Mundial'. Telecaster en ristre, Leiva ha abandonado para bien cierto postureo stoniano y afectación cheli que despertaba recelos antaño. Por el contrario, tiene presencia y actitud escénica y dominio de las tablas apoyado en una banda con el repertorio ya engrasado.

Recordando y agradeciendo el apoyo encontrado en Bilbao en el inicio con bajo perfil de su trayectoria solista hace ocho años («¿Cómo estáis? ¡Que emoción volver!) ligó Leiva dos temas recientes (Lobos y un superpoderes sobre visuales de sexo ambiguo) con la lisergia rockera de 'Los cantantes' («que no mueran nunca») que, en clave baladística, el órgano de su mano derecha César Pop subraya en 'Breaking Bad'.

Con otro rescate de Monstruos ('Medicina') y 'A ti te ocurre algo' la pegada se intensifica a medida que Leiva y su Leiband derrotan al territorio de Ariel Rot y Los Rodríguez. El Leiva de la balada suntuosa brilla en 'Nuclear' y 'En el espacio' con duelo de guitarras con su hermano Juancho en una vena Piratas-Iván Ferreiro que, con riff reconocible al instante, estalla con 'Miedo' que, ampliamente coreada, eleva una entrega coral y emocional que ya no descenderá.

Derivando hacia la épica de estadio y el rock latino, Leiva emparenta en 'Sincericidio', a Morat con un Bunbury que planea sobre 'Godzilla'. Recordando que presenció el ascenso del Bilbao Basket en Miribilla («¡Aupa!») se lo dedica Leiva a su amigo Àlex Mumbrú y se oye por primera vez a Patricia en el rol vocal original de la mexicana Ximena Xariñana. Con un punto algo Babasónicos 'Electricidad' hizo honor a su título con una coda rockista que, mostrando tatuajes en las pantallas, continuó doblando guitarras con su hermano en las 'Como si fueras a morir mañana' y 'No te preocupes por mí', dupla cantada al dedillo que evidencia cierta levedad lírica. Leiva, que compensa con su olfato para el estribillo, combina tensión eléctrica, coros y estribillos adhesivos en la perezosa 'Como lo tienes tú', rematada con la melodía de 'Hey Jude' y su hit 'Terriblemente cruel'.

Pidió el rockautor silencio para interpretar solo, en acústico, la recientemente recuperada para sus directos 'Vis a Vis' pero con tanta fan desatada fue complicado. Varios «shisss shissss» se oyeron antes de que la banda al completo culminara el tema. Con sonido ya ajustado y definido, aunque justo de volumen para el recinto, de ahí al final el subidón fue continuado con la 'Goyificada' balada 'La llamada', culminando en cénit festivo y coral con la dupla perezosa cantada a pleno pulmón 'Estrella Polar' y 'Lady Madrid'. Con agradecimiento a su Leiband y nuevo guiño hippie al Lennon de 'Give Peace a Chance', fue el broche a un concierto que irradió magnetismo apelando al tuétano sensible y nuclear de las canciones más allá de su supuesta filiación mitómana, clasicista y rockera. Apuntando a la liga de Amaral o Bunbury, asegura Leiva que se ve volviendo a tocar en garitos y en clubes. Visto lo visto, no parece que sea pronto.