Zinemaldia

Judi Dench: «Kevin Spacey es mi amigo. ¿Vamos a borrar las películas de todo aquel que haya hecho algo malo?»

Una emocionada Judi Dench recibe el premio Donostia./EFE
Una emocionada Judi Dench recibe el premio Donostia. / EFE

La gran dama del teatro y el cine británicos recibe el Premio Donostia a sus 83 años: «Sigo considerándome una actriz en busca de trabajo»

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Judi Dench reveló en 2012 que se enfrenta a la ceguera al sufrir degeneración macular, una enfermedad que le impide leer y reconocer rostros. Lo que más le duele, ha confesado, es no poder escribir cartas ni conducir su BMW deportivo. La gran dama del teatro y el cine británicos solo pidió a sus 83 años una condición para enfrentarse a los periodistas antes de recoger el Premio Donostia del Zinemaldia: que no hubiera flashes. Pese al Oscar que ganó por dar vida a Isabel I de Inglaterra en 'Shakespeare in Love' -una de tantas monarcas que le han caído en suerte-, los diez Bafta y los ocho Premios Oliver, Dench hizo alarde de modestia y aseguró que no tiene ningún poder en el mundo del cine. «No me considero una mujer poderosa», confesó. «71 años después de empezar, todavía tengo que esperar a que me llamen. No puedo hacer que un proyecto se ponga en marcha ni me puedo permitir el lujo de rechazar un papel, porque quizá no vuelvan a contar conmigo. Sigo considerándome una actriz en busca de trabajo».

El tercer Premio Donostia de este año tras el actor Danny DeVito y el director japonés Hirokazu Kore-eda repasó una carrera que siempre ha tenido su centro de gravedad en el teatro. Nacida en el seno de una familia de religión cuáquera, Dench conoció el mundo de la farándula gracias a sus padres, médico de cabecera en el teatro de York y encargada de vestuario respectivamente. Tuvo como compañera de estudios a Vanessa Redgrave y debutó profesionalmente en 1957 en el Old Vic como Ofelia en 'Hamlet'. «Yo solamente quería ser actriz de teatro e interpretar a Shakespeare», recordó. «Estuve en el Old Vic hasta 1971. Cumplí ese gran sueño. Después, un director ya fallecido cuyo nombre no voy a decir me dijo que nunca haría una película porque todo en mi cara estaba mal. Así que regresé al teatro. Empecé tarde en el cine y acabó encantándome. Aprendí trabajando con mis colegas».

Entre esos colegas ocupa un lugar principal el actor Kevin Spacey, al que conoció en el rodaje de la película 'Atando cabos' en Nueva Escocia. «Justo acababa de fallecer mi marido y su ayuda fue inestimable. Me alegró la vida y me mantuvo al pie del cañón. Debo mi carrera a personas así». Preguntada sobre la situación del actor, desterrado de Hollywood desde que fue acusado de abusos sexuales, Dench fue clara. «No puedo aprobar de ninguna manera lo que dicen que ha hecho, pero ¿todos los compañeros que han cometido en el pasado algún tipo de falta van a ser marginados y excluidos de la industria cinematográfica? No sé cuáles son las condiciones de su situación actual. No puedo imaginar lo que está pasando, pero sí que fue y es un actor maravilloso y un buen amigo». Que Ridley Scott eliminara a Spacey de 'Todo el dinero del mundo' para sustituirle por Christopher Plummer tampoco le parece a la actriz una solución: «¿Tenemos que retroceder al pasado para que cualquier persona que se ha comportado mal o ha cometido algún tipo de crimen haya que borrarla de la historia del cine?».

Dench aúna prestigio y popularidad. Desde 1988, cuando fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico, ostenta el privilegio de anteponer el título de Dama a su nombre. El gran público la conoce por haber encarnado en siete películas de la saga 007 a M, la jefa del servicio de inteligencia británica y superior inmediato del agente secreto James Bond. Su única queja a los productores, bromeó, fue que nunca viajaba, al contrario que su subordinado. En San Sebastián ha presentado 'La espía roja', una intriga basada en el caso real de la 'abuela espía', una anciana que en los 80 fue acusada de haber trabajado para los servicios secretos rusos durante la II Guerra Mundial.

Dench cuenta que envidia el sentimiento de hermandad entre los actores de teatro cuando rueda una película. «Recuerdo ir al estreno de una película y encontrarme con un amigo. Le pregunté qué hacía allí y me contestó que trabajaba en la película. No estableces una relación como en teatro». Se recuerda de joven tomando apuntes a un lado del escenario, empapándose del arte de la actuación. La cámara, explica, es distinta. «En el cine aprendes pronto que menos es más. La cámara percibe los pensamientos adecuados en tu cabeza, porque se reflejan en tus ojos».

La actriz debe mucho al hoy caído en desgracia Harvey Weinstein: la película con la que arranca la segunda parte de su carrera, 'Su majestad Mrs. Brown', está producida por él, así como la que le proporcionó su único Oscar. «Se tienen que arreglar muchas cosas, confío en que el #MeToo sea lo correcto», expresó. «Ya se están viendo los cambios y hay muchos más papeles para las mujeres. Esperemos que dure». Preocupada por la naturaleza, la actriz acaba de rodar un documental sobre la devastación forestal. «Ojalá supiera por qué nuestros gobernantes no se preocupan por la naturaleza. La mitad de los árboles en Borneo y Madagascar se están talando, y los grandes cedros en Londres. Es muy fácil decir que no es correcto, pensar en lo que se está destruyendo. Pero a la gente del campo que vive de él, ¿qué derecho tenemos a decirle algo? Lo importante es que seamos conscientes de que estamos perdiendo mucha vida salvaje». Para las jóvenes actrices que empiezan, Dame Judi Dench brindó un consejo: «Que observen, en el teatro y en la vida. Solo les digo que no pierdan el entusiasmo, que no se rindan. Porque lo que tiene que suceder sucederá».

José Luis Rebordinos recibe a Judi Dench a las puertas del Maria Cristina
José Luis Rebordinos recibe a Judi Dench a las puertas del Maria Cristina / A. MÚGICA

Zinemaldia 2018

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