La mascota de... Josean Alija

«Se pone de pie para reclamar su pintxo»

Josean Alija, con Txistorro, en el Paseo de los Caños. /Pankra Nieto
Josean Alija, con Txistorro, en el Paseo de los Caños. / Pankra Nieto

El sofisticado chef del Nerua bautizó a su amigo con un nombre muy sabroso: Txistorro

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Podría haberse llamado 'Guisante lágrima con jugo de txipiron', 'Carré de cordero con puré de apionabo' o 'Caseína de leche batida con crocante de violetas', por citar tres creaciones de Josean Alija, pero, a la hora de bautizar a su perro, el chef del Nerua tiró por una senda menos sofisticada: el animal se llama Txistorro, que también suena apetitoso pero no es precisamente lo primero que uno relaciona con la alta cocina. «Al principio era Txistu, porque, cuando tenía unas semanas de vida, era fino y elegante como el sonido del instrumento. Pero, con tres meses y medio, paseando por Pozas, hicimos una visita al tío Juanma en el Mugi y se zampó una ración de txistorra. ¡Ponía una cara de satisfacción...! Es muy gracioso verle comer la txistorra, es como un niño cuando descubre algo y se emociona», aclara el cocinero, encantadísimo con su «perro pillín».

Los padres de Alija siempre han tenido pastores alemanes y Txistorro procede de una camada particularmente atractiva. «Cuando hicimos la selección de cuáles nos quedábamos, ocurrió algo especial, inesperado, como un flechazo. Se veía que tanto Txistorro como su hermana Amets tenían algo único, eran diferentes a los otros seis hermanos. La verdad es que nadie quería desprenderse de las criaturas», relata. El animal encara ya el tramo final de su etapa de cachorro, pero, de momento, en su carácter juguetón no se intuye demasiado la gravedad del adulto: «Es amable, protector, inquieto, observador y muy espabilado. Es muy perro y sabe cómo ganarte en cada momento. Los ratos con él son mágicos e impredecibles. Él manda, es macho dominante, y siempre te acaba sacando una sonrisa o un 'me cago en...'. Se lo pasa pipa en la naturaleza, que es su hábitat, pero también le encanta sentirse como un humano: le molesta que lo excluyas y, si lo haces, se lo cobra», analiza el chef.

Huesos del restaurante

Ese ramalazo de humanidad, cómo no, tiene una vertiente gastronómica. Alija bromea diciendo que, en una ocasión, el propio perro le confesó con un par de ladridos su aspiración secreta de «ser gourmet», pero sí es cierto que Txistorro puede presumir de su alimentación: lo de andar rodeado siempre de gente ilustre del gremio implica unas ventajas evidentes. «Yo me descojono cuando lo llevo de txikitos y se pone de pie para reclamar su pintxo. Puedo decir que, cuando cocino, está muy atento, y en casa lo que hay es para todos. Además, tiene enchufe en Nerua: no sé cómo lo ha conseguido, pero le preparan 'tápers' de huesos», se ríe Alija.

¿Txistorro le ha hecho alguna trastada? «¿Alguna? ¿Cuántas páginas tienes para mí? Es un manitas capaz de abrir cualquier tipo de puerta y prefiere los productos de calidad, ya sea un zapato o un queso». Pero Josean Alija, apasionado de los perros y los gatos desde niño, tiene claro que la compañía de Txistorro compensa con creces las travesuras, los destrozos e incluso la desaparición ocasional de algún bocado exquisito: «Convivir con un perro es una gran responsabilidad, pero te aporta energía e ilusión, te hace cambiar el enfoque de las cosas y te proporciona algo que es impagable: cariño y lealtad».

Txistorro

Raza:
pastor alemán.
Edad:
13 meses.
Peso:
34 kilos.
Carácter:
es inquieto, amable y protector. Le encanta la compañía de los humanos y sabe bien cómo engatusarlos.
Josean Alija

Cocinero. Creció rodeado de animales. «De niño tenía un perro que se llamaba Roberto, todo un artista, y un gato que se llamaba Javier y era increíble. Yo lo utilizaba para saber dónde escondía mi madre el chocolate. Al principio nos poníamos ciegos los dos, pero luego él se enganchó y jugaba con ventaja».