Tres chorros de agua para reducir el calor en la estación de metro de Etxebarri

El sistema de riego persigue refrigerar la cubierta y las paredes de vidrio, que en cuanto despunta el sol disparan las temperaturas./Pedro Urresti
El sistema de riego persigue refrigerar la cubierta y las paredes de vidrio, que en cuanto despunta el sol disparan las temperaturas. / Pedro Urresti

Los empleados denuncian que el edificio, que diseñó Foster y costó 6,9 millones, registra diez grados más que los que se alcanzan en la calle

LEIRE PÉREZ

La estación de metro de Kukullaga, al paso por Etxebarri, se está convirtiendo en un auténtico quebradero de cabeza para Euskal Trenbide Sarea (ETS), la sociedad pública encargada de construir el edificio que costó 6,9 millones de euros y firmó el prestigioso arquitecto británico Norman Foster. Comparte estética con las demás paradas de la Línea 3, inaugurada hace apenas quince meses, pero en este caso sus característicos cristales convierten la estructura en una «sauna». Cuando el sol aprieta, el mercurio se dispara «hasta los 50 grados», denuncian los propios trabajadores, que para certificar su calvario han instalado termómetros en el interior del apeadero.

Euskotren, que se ha negado a hacer declaraciones sobre las medidas para atajar esta situación, no ha tenido más remedio que instalar un sistema de riego para refrigerar la cubierta y las paredes de vidrio ante las reiteradas quejas tanto de operarios como de usuarios. Es la opción más efectiva que han encontrado los técnicos para refrescar un edificio en el que el cristal actúa como una «lupa». Los trabajadores sostienen que la temperatura en el interior de las instalaciones son de media 10 grados más altas que en la calle. Virginia Gonza es una de las tres empleadas que vigila la compra de tickets y se ocupa de informar a los usuarios. «El bochorno es permanente. La luz incide en el acero y en el suelo que es blanco. Hay compañeras que tienen que ponerse gafas de sol. Tenemos estrés térmico, la piel se nos calienta del calor, así no podemos trabajar», se desespera.

Además de los chorros de agua, se han instalado unos pequeños ventiladores en la pared. Antes se colocaron unas aspas de mayor tamaño para remover el aire, «pero hacían un ruido espantoso y se tuvieron que retirar», recuerda Gonza. No es la única medida implantada para aliviar el «calor asfixiante». La empresa permite a los trabajadores ausentarse de su puesto y trasladarse «no más de una hora» a la estación de Casco Viejo, una parada que provoca la reacción contraria al desplomarse la temperatura por causa de las corrientes de aire. Además, en cuanto el termómetro alcanza los 30 grados pueden retirarse de los pasillos y resguardarse en la oficina donde existe un equipo de aire acondicionado. «Los usuarios, que estamos apenas unos minutos, pasamos calor, pero ellas se derriten -señala Carlos Yagüe, un vecino del municipio-. Quien ha diseñado esto no ha tenido en cuenta a los que trabajan dentro».

Los usuarios tampoco son ajenos al calor reinante.
Los usuarios tampoco son ajenos al calor reinante. / pedro urresti

Los operarios han trasladado sus quejas a la Inspección de Trabajo por lo que consideran un «incumplimiento» de la normativa de salud laboral. Al calor de Etxebarri y el frío de Casco Viejo-Zazpi Kaleak, añaden el «terrible» ruido con el que deben convivir en Uribarri, donde han solicitado tapones para los oídos. «Son problemas que se arrastran desde que se inauguró la Línea 3», denuncia Jon Karla Martín, delegado de ELA. «Han tomado algunas medidas, pero Euskotren echa balones fuera y dice que los cambios los tiene que llevar a cabo ETS, que es la que construyó el edificio», lamenta.

«La estación queda vacía»

Las rotaciones de los últimos días y el sistema de riego «son medidas nuevas que vamos a ver a ver cómo funcionan. Si no bastan para solucionar el problema, seguiremos insistiendo para que la empresa actúe», anuncia Martín. Desde el sindicato CGT consideran que «el problema es el diseño» y tachan las últimas medidas para paliar el calor de «chapuza que no está sirviendo de nada» y proponen un sistema de refrigeración con «tubos como el de grandes superficies o que se cambien los cristales por unos más oscuros», apunta Carlos Sacristán.

ETS responde a las críticos que es una «medida provisional y parcial». «Se está estudiando la mejor solución, la más duradera, para que no se tengan que soportar unas altas temperaturas de las que somos conscientes y que se están analizando desde el punto de vista técnico», señalan.

El espectacular diseño no ha dado respuesta a las necesidades.
El espectacular diseño no ha dado respuesta a las necesidades. / pedro urresti

Las medidas impuestas por Euskotren para paliar los efectos del calor están afectando a la atención al cliente. A las trabajadoras de Kukullaga no les queda otra que actuar si no quieren sucumbir a las altas temperaturas. «Nos duele la cabeza y tenemos que beber agua a todas horas», señala Virginia Goza. Son conscientes de que con el sistema de rotaciones «dejamos la estación vacía, sin personal», lamenta. En cuanto el termómetro se dispara están autorizadas a ausentarse. «Si hay un problema, tienen que llamar», dice.

Resguardarse en la oficina con el aire acondicionado es una opción, aunque no la idónea. «Tenemos cámaras, pero es cierto que a veces hay que salir porque la gente no nos ve y necesita ayuda. Deberían atajar el problema, dar una solución definitiva porque es nuestro espacio de trabajo. La estación es muy bonita, pero también tiene que poderse trabajar en ella», defiende esta empleada. Y es que aunque el calor es lo peor, en invierno la situación no mejora. «Entonces tenemos el mismo frío que en la calle. Toca ponerse ropa polar y calcetines gordos», recuerda.

Antecedentes

Residencia de Santurtzi
La situación vivida en Kukullaga no es nueva. En Santurtzi, los inquilinos de los pisos tutelados para mayores de 60 ubicados en la zona de Los Bolintxes se enfrentaron hace años a una situación similar. Los ventanales de su fachada principal se convirtieron en motivo de reivindicación debido a las elevadas temperaturas que alcanzaban sus viviendas. Un calvario que duró hasta que se instalaron toldos automáticos.
Juzgado de Durango
El intenso frío del invierno y el asfixiante calor del verano han acompañado durante años a los trabajadores del juzgado de Durango, con quien la consejería de Justicia y Trabajo se comprometió finalmente a instalar un nuevo sistema de climatización.
Haurreskola de Etxebarri
La haurreskola municipal de Bekosolo también fue víctima del sol, una situación «insufrible. Los rayos dan de lleno en los cristales y los niños pasan mucho calor», denunciaban los padres de los pequeños, que pidieron al Consistorio poner toldos.

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