Santurtzi se rinde a la Virgen del Carmen

Santurtzi se rinde a la Virgen del Carmen
Borja Agudo

Miles de personas abarrotan la localidad costera para participar en la tradicional procesión en honor a la patrona

HELENA RODRÍGUEZ

«Mi madre me traía de pequeña. Tengo una foto aquí, en los jardines del Ayuntamiento, con tres años y el pañuelo al cuello. Ahora vengo con mi hija June, que acaba de cumplir 12 meses». El relato es de Maite Apaolaza, una santurtziarra de 41 años que ayer acudió en familia a la procesión de la Virgen del Carmen de la localidad vizcaína. Se trata de una cita ineludible para miles de vecinos y visitantes, que rinden homenaje a la patrona del mar.

Los alrededores de la iglesia de San Jorge ya estaban a rebosar 30 minutos antes de la hora marcada para la salida de la talla por las puertas del templo. La banda municipal, autoridades y componentes de grupos de danzas locales esperaban ante en Consistorio para unirse a la comitiva. A su lado, los cuadrilleros preparados para disponer un cordón de seguridad alrededor del grupo.

La mayoría miraba al cielo con cierta prevención. Pocas horas antes la lluvia había hecho acto de presencia y el pronóstico meteorológico no era el mejor. Sin embargo, al final, brilló el sol y no faltó quien atribuyó la mejoría a la propia Virgen. «Seguro que no le apetecía mojarse y ha apañado algo con el encargado del tiempo», bromeaban Juan Muñoz y su hermano Luis. Ambos llegaban a la procesión después de comer con la cuadrilla.

Con los nietos

«Todos los años quedamos el día de El Carmen para comer y luego nos venimos a dar las gracias por seguir todos juntos un año más», cuentan, antes de apostillar que «no es que seamos muy religiosos, pero la patrona es la patrona». Luego, «una vuelta con los nietos por las barracas y a cenar a casa». No muy lejos, estaba Miren Edurne, una de las mujeres llegadas con el grupo de la Asociación de Jubilados de Amurrio.

«Hemos llegado por la mañana, y pasado el día por aquí. Yo vengo siempre que puedo porque me gusta mucho este acto y también Santurtzi», explicaba la mujer justo cuando el séquito enfilaba hacia el puerto pesquero. Allí, la esperaba la embarcación en la que realizó la procesión marítima, tradicional en las localidades costeras.

Aguardaban también decenas de barcos para escoltarla y miles de ojos la observaban desde el paseo. Había quien se animaba con algún «¡Viva la Virgen del Carmen!», mientras otros aplaudían. Lanchas, pequeños veleros, barcos de recreo y algún yate esperaron formales a que la talla saliera de puerto, animada por cohetes, bocinazos y cánticos marineros.

En el punto de ciaboga, ya con el mar abierto como testigo, la comitiva se reunió en torno a la embarcación en la que iba la imagen. Se trata de un momento especial. La bendición del sacerdote se alza por encima del ruido de motores. Un recuerdo especial para aquellos que dejaron su vida en el agua, trabajadores de la mar, pero también para los migrantes que la perdieron mientras buscaban un futuro mejor. Decenas de flores volaron por la borda justo antes de que la comitiva retornase a tierra, donde el gentío se había multiplicado por dos.

Nada falló en el guion. Decenas de cuadrillas y un grupo de dantzaris esperaban para rendirse a los pies de la Virgen, antes de que emprendiese el viaje de regreso a la iglesia de San Jorge. Allí, pasadas las 19.00 horas, se celebró una solemne misa en su honor, broche de oro del día grande de los 'cármenes' de Santurtzi. Ella podrá descansar hasta el año que viene. Al resto todavía le quedan seis días de jarana.

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