'Genias' capaces de programar una guitarra eléctrica

Las formadoras, Patricia Draghici y Ainhize Prieto, posan con el grupo de niñas que acudió a mediodía. / Fernando Gómez

Dos talleres tecnológicos para casi un centenar de niños ponen fin al ‘Women in Progress’ en Azkuna Zentroa y el Artium

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

«Lo más difícil está siendo conectar este cable rojo y blanco, porque primero hay que ponerle una pieza que se llama macho para que encaje». Maite Renobales, de 12 años, aprieta con precisión el empalme hasta que un ‘click’ le confirma el éxito de la operación. Su compañera, de 9 años, le ayuda en todo lo que puede. «Entre las dos es más fácil», dicen sonriendo. Comparten mesa en la última edición del ‘Girls&Tech’ celebrada ayer en Azkuna Zentroa y el Artium vitoriano y que sirve de cierre al ‘Women in Progress’, unas jornadas patrocinadas por el Gobierno vasco, la Diputación de Álava, el Ayuntamiento de Vitoria y Euskaltel con la colaboración de la Universidad de Deusto y el ‘Camp Tecnológico’. Los talleres de ayer tienen apoyo de la Diputación de Bizkaia y Enpresa Digitala.

Según el director del ‘Camp Tecnológico’, Jesús Ángel Bravo, «el problema de fondo es la falta de alumnas en las carreras tecnológicas, donde son menos de un 20%». Ellos mismos, que organizan cursos de este tipo hace años con el apoyo de EL CORREO, detectaron que tenían el mismo problema. «Nos dimos cuenta de que nos sucedía lo mismo. Muchas madres no enviaban a sus hijas porque temían que hubiera pocas niñas. Introdujimos un elemento artístico atractivo en ‘Girls&Tech’. Este año es crear una guitarra eléctrica y así hemos saltado esa barrera. Ahora hay una alta aceptación entre ellas». Es importante porque «el 50% de los trabajos del futuro no existen todavía y tendrán un componente tecnológico, según los expertos». Además acerca a los jóvenes una afición que en casa no resulta barata. Las guitarras que hacen hoy les costarían unos 90 euros.

Ainhize Prieto -una de las formadoras- acaba de terminar con el grupo de 14 niños de las diez de la mañana. «Tienen entre 8 y 14 años. Les contamos qué es cada pieza, cómo funciona y qué función hace». Los pequeños colocan cada elemento sobre puntos de velcro en un cartón recortado con forma de guitarra eléctrica. Pronto lo tienen listo y toca programarlo con unas tablets ‘Huawei’ que esperan a su lado.

Programar, la parte difícil

Patricia Draghici es otra experta que hoy les abre los ojos al mundo tecnológico. «La guitarra devuelve sonidos y luces de colores gracias aun sensor ultrasonidos mientras tocamos en el aire». En el grupo de las doce hay 18 niñas. A sus 10 años, Elaia García es una veterana ya que el año pasado participó en la primera edición de estos talleres. «Hicimos un sistema para saber la humedad que tienen las platas sin necesidad de tocarlas. Así sabes cuándo regarlas», recuerda. Luego estuvo cacharreando con sus padres en casa para averiguar cómo funcionaba aquel invento que se llamaba ‘happy plant’ -planta feliz, en inglés-. Su aita, Javi García, que hoy ha traído también a su hija menor, reconoce que «en nuestra familia este tema gusta mucho porque los dos nos dedicamos laboralmente a este mundillo». La madre de Anitz, de 9 años, suele apuntarle a todos los cursos que encuentra en La Alhóndiga. «El último que hizo fue de cerámica. Disfruta muchísimo en estas cosas. Le gusta probar cosas diferentes», relata.

Una vez que sus padres los dejan atareados en el atrio, los pequeños vuelcan su atención en Patricia y Ainhize. «Los puertos pueden ser de entrada y de salida», les recuerdan en las nociones básicas. Cuando llega el momento de programar la cosa se complica bastante. Algunas se pierden pero las formadoras salen raudas en su ayuda. Poco a poco, todas las guitarras comienzan a soltar sonidos y luces de colores. Ellas posan orgullosas. Una experiencia más de un mundo extraño y divertido.

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