«Estoy convencido de que en Bilbao algo bueno va a ocurrir»

'El Cid' dirá adiós a los ruedos al finalizar la presente temporada. /EFE
'El Cid' dirá adiós a los ruedos al finalizar la presente temporada. / EFE

El diestro sevillano firmará esta tarde su última faena en Vista Alegre, donde sueña con una despedida «de puerta grande»

ALFREDO CASAS

Al finalizar la presente temporada, 'El Cid' dirá adiós a los ruedos y colgará los trajes de luces. Pondrá punto final –o seguido– a una ejemplar carrera artística. Fue Manuel Jesús capaz de escapar de las llamas del infierno torista, para convertirse en figura del toreo. Seguramente, el suyo sea un caso único, un hito, en la historia de la tauromaquia. Esta tarde se despide de Vista Alegre, la plaza en la que protagonizó una inolvidable gesta, que lo consagró en la historia de la tauromaquia. ¡Suerte Manuel!

– ¿Recuerda su debut en Vista Alegre?

– Fue en agosto de 2003. La corrida era de Adolfo Martín. Fue un debut accidentado. Mi primer toro salió flojito y el presidente lo echó para atrás. En su lugar se lidió un toro de Adelaida Rodríguez que llevaba de sobrero… el verano entero se había pasado de feria en feria; ¡si hasta jugaba al tute con el corralero! (risas). De tanto ir el cántaro a la fuente, al final, el de Adelaida me pegó una voltereta y me partió el codo. Menuda la armó.

– En 2004 cortó su primera oreja en Bilbao a un toro de Victorino Martín ¿A qué le supo?

– Me supo a gloria. Aquel año me maté la camada entera de Victorino. La corrida de Bilbao fue de las importantes. Los Chopera apoderaban a Fernando Robleño y coincidimos en muchos paseíllos. Al final de esta temporada Fernando será el único componente de aquella terna que quedará en activo. ¡Anda que no tiene mérito el tío!

– ¿Qué ha significado para usted la ganadería de Victorino Martín?

– Fue mi ganadería, mi buque insignia. Marcó una etapa muy importante de mi carrera. Gracias a los toros de Victorino me convertí en torero de ferias y pude dar el salto a otro tipo de corridas, sobre el papel, menos complejas. El hecho de que pudiera salirme del circuito de las corridas duras marcó un hito en la tauromaquia. Ya ve, terminé poniéndome en figura del toreo. Pero seguí matando corridas de Victorino.

– En 2007 mató en solitario un encierro de Victorino Martín en Bilbao ¿Cómo se fraguó aquella gesta?

– En Bilbao había cortado orejas sueltas, pero no había conquistado Vista Alegre. Tenía a Bilbao detrás de la oreja. Después de un tentadero en Salamanca en el invierno de 2006, me senté a cenar con mi equipo para diseñar las líneas básicas de la temporada de 2007. Entonces fue cuando les dije a Santi y a Manolo –sus apoderados–, que quería plantear la gesta de matar seis 'victorinos' en Bilbao. Ellos se lo expusieron a Pablo Chopera, le pareció bien, y también la Junta dio su visto bueno. Que yo sé que tuvieron sus más y sus menos; no todos estaban de acuerdo. Que si no banderilleaba, que si mi repertorio era muy corto, que si el público se iba a aburrir… Lo importante es que al final accedieron y para la historia quedó la gesta.

– ¿Qué sintió aquella tarde en Vista Alegre?

– Fue una tarde emotiva, cargada de responsabilidad. Tenía muchas ganas de cambiar el criterio de aquellos que se habían cuestionado mi 'encerrona'. Fue inolvidable. Para mí y para todos los que asistieron al festejo. ¿Sabe? Aquella corrida no se televisó y los aficionados la agigantaron. Que verdad es que lo bueno cuando no lo has visto y te lo imaginas es todavía mucho mejor. Ahí sí le voy a dar la razón a José Tomás cuando cuestiona la presencia de las cámaras… Lo cierto es que la televisión resta emoción a los toros.

– Tras pinchar al quinto, Matías González sacó del tirón los dos pañuelos blancos ¿Fue el gran momento de la corrida?

– Lo fue. Ahí demostró Matías lo gran aficionado que es. No porque me diera las dos orejas, sino porque supo valorar el tremendo esfuerzo que hice desde el primer toro. Es que la corrida fue exigente, no regaló nada. No hubo ninguna alimaña, pero fue una corrida de muchas teclas, para toreros firmes y muy preparados. En ningún momento me evadí de la lidia de ninguno de mis toros, ni me limité a esperar otro toro de mejor condición. Me daba igual que un toro me cogiera; yo estaba loco por conquistar Bilbao y por reivindicarme. Y Matías supo entenderlo. Creo que el presidente se emocionó tanto como yo. Fue una tarde en la que la pasión se mascaba en la plaza.

– Tardó tres años en volver a lidiar 'victorinos' en Bilbao ¿Por qué?

– Mejor tomarse un descanso; había que metabolizar la tarde de 2007. Ojito con las segundas partes… Y quería demostrar que era capaz de cortarle las orejas a otro tipo de toros. Como luego hice en Bilbao con toros de El Pilar y Jandilla.

Fandillo, «extraordinario»

– En 2012 cortó una oreja a cada astado de su lote de Jandilla. Aquel fue el primer paseíllo que compartió con Iván Fandiño en Vista Alegre ¿Cómo era nuestro torero?

– Padilla y yo fuimos los toreros con los que más paseíllos compartió Iván. Como persona era un tío extraordinario, y como torero era peculiar. Vestido de luces era muy suyo; tenía sus manías. De Iván hay que valorar su esfuerzo y entrega para salir de la nada. Le costó tirar para adelante, hubo de superar muchísimos prejuicios. Pero no solo se abrió un hueco en todas las ferias, llegó a ser torero de Madrid. Iván hizo mucho bien a la Fiesta. Me acuerdo mucho de él. Era un gran luchador que logró todo lo que se propuso a base de dejarse la piel cada día. Fue un titán. Lástima de final.

– En 2014 y 2015 volvió a tocar pelo. Recuerdo una faena suya a un 'victorino' al que hubo de consentir y hacer hasta cortarle una oreja de mucho peso.

– Aquel 2014 venía de una racha de continuos altibajos. Me hacía mucha falta pegar un toque al personal en Bilbao. Fue una tarde importante por las dificultades de toro: pesó mucho en la muleta y le costó un mundo soltarse de los vuelos del engaño. Aquella oreja pesó lo que una tonelada, me dio mucha confianza. También en 2015 volví a puntuar en Vista Alegre, pero nunca más me volvieron a llamar para torear.

– ¿Por qué?

– Es que… De verdad que no lo sé. Soy al primero al que le resulta incomprensible. Y no, no fue porque exigiera una corrida que ya estaba pedida, ni que demandara un dinero… Es que no me volvieron a llamar. Nada. Pero mire, en 2015 indulté un toro en Albacete y, desde entonces, no he regresado a Albacete. ¿Por qué? ¿Quién sabe? Tal y como está esto, a lo mejor ahora es más beneficioso pegar un petardo que alcanzar un gran éxito.

– ¿Cómo sueña su despedida en Bilbao?

– Quiero una despedida de puerta grande, como en Santander y Huelva. Estoy convencido de que en Bilbao algo bueno va a ocurrir. Y aprovecho la oportunidad para decirle a la afición de Bilbao algo muy sencillo: gracias por tanto cariño.