Chistes, halagos y boleros con la última voz de Los Panchos

Rafael Basurto, una de las dos citas latinas del sábado por la noche./O. CUBILLO
Rafael Basurto, una de las dos citas latinas del sábado por la noche. / O. CUBILLO

El zalamero Rafael Basurto hizo cantar a La Pérgola amaestrada los éxitos inmortales de Los Panchos

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El sábado contentos y conocedores del percal acudimos a La Pérgola a disfrutar con los boleros de Rafael Basurto Lara, La Última Voz de Los Panchos, como se presenta desde que perdió el pleito con su excompañero Gaby Vargas. Esta era una de las dos citas latinas de la jornada, pues en el Parque Europa cantaba Pedro Capó, hijo del hispano-puertorriqueño Bobby Capó y de la ex Miss Puerto Rico Irma Nydia Vázquez, y sustituto en el programa oficial de C. Tangana, quien con un par organizó dos bolos privados y gratuitos el sábado en la sala Santana 27, para 1500 personas por sesión. Las otras dos ofertas del programa municipal principal sabatino eran las del trikitilari Xabi Aburruzaga con invitados en la Plaza Nueva, al que ya hemos visto varias veces, y el cartel doble con la boy band Ender y el indie murciano Funambulista en Abandoibarra, lo cual nos provoca escalofríos de sólo pensarlo.

En un breve introito su contratista en Bilbao informó que Los Panchos llevan desde 1944 y Basurto desde 1976, cuando en España («en este país») alcanzó el gran éxito con 'Si tú me dices ven'. Y acudimos a verle sabiendo que dosificaría fuerzas y salvaguardaría la voz de muchas maneras durante el concierto, aunque a sus 80 años bastante hace permaneciendo en pie hora y media sobre un escenario esta vez vestido con un traje magnífico, modernísimo, atemporal y rejuvenecedor. Dios, qué elegancia.

El zalamero bolerista utilizó numerosas maniobras de dilación para que el reloj marcara los minutos a su favor: nos sermoneó cual predicador del amor («nuestro deseo, nuestro objetivo es que ustedes se pongan románticos con su novia, su esposa, su amante, ¿por qué no? Los que estén acompañados, achúchense, porque el amor no tiene ni raza, ni religión, ni edad»; más tarde encadenó un speech uniendo el amor, el planeta ardiendo y la agresividad…), replicó a todas las interpelaciones de los espectadores (guapo le gritaron y respondió gracias mi amor), contó cuatro chistes (el de la aduana y el sexo, el de los bebés y los zapatitos, el de la niña y el toro, y el de la monja y el hipo, antes del cual avisó que él es creyente; 'Ocho chistes', titulamos cuando le vimos con Tamara en el Campos en 2016), durante un largo discurso presentó a la banda y agradeció su contratación al alcalde y su presencia a un espectador tocayo que vino desde Pamplona, confesó su relación desde hace 43 años con su empresa de contratación Starlan, y después brindó con nosotros («es agüita, pero háganse la cuenta que es un tequilita»).

Y a la hora de cantar mucho rato se escondió tras el burladero: dejó que le taparan las voces a chorro de sus escuderos, pidió a menudo «esas palmitas» para que no se notaran los detalles, y dejó entonar un montón de éxitos a la concurrencia mientras él la miraba complacido, tanto que el muy truhan llegó a decir: «qué bonito, de verdad que me dan ganas de quedarme aquí sentado oyéndoles».

Escoltado por cuatro músicos (trío de cuerdas clásico más un teclista con poca presencia), Rafael Basurto condujo un entrañable y a la postre satisfactorio encuentro de 19 piezas (dos de ellas popurrís triples, o sea en total 23 títulos) en 91 minutos en los que permaneció erguido tras haber descansado en la suite presidencial del Hotel Carlton, y no se nos ocurre otro lugar más apropiado para su figura.

Con sonido algo crepitante al principio (además a lo largo del encuentro se escaparon al menos un par de acoples), el bueno de Basurto apuntó muy alto y logró dianas como la inaugural 'Historia de un amor'. Tras confiar que en Bilbao «no me siento extraño, me siento en casa, soy de la familia», quizá holló la cima de la cita con 'Rayito de luna' del panchista Chucho Navarro, que sonó a habanera gracias a los espontáneos coros del respetable. Y contó que su último disco es el directo 'Mil años de amor', y de él extrajo la mexicana 'De qué manera te olvido', quinta pieza y primera en que fue evidente que empezaba a esconderse, como notaron dos damas a nuestra espalda: «no canta, le están cubriendo los músicos», y tenían razón.

A partir de entonces, de la sexta, justo cuando su manager salió a escena para ponerle el pañuelo de fiestas, transitamos por la traca de los trucos y los halagos: «qué pelota», llegaron a decir las dos damas de atrás cuando soltó Basurto «hay chicas muy guapas por aquí». Presumió de que a Los Panchos «nos culpan de la superpoblación mundial, nosotros les ponemos románticos y luego ustedes lo que hagan…», y presentó 'Quizá, quizá, quizá' sugiriendo «si nos ayudan a las palmitas sería muy bonito» y encima dejando cantar a La Pérgola.

La que le quedó bonita fue 'Enamorado' («me ha parecido preciosa», comentó la rubia de delante a su pareja), que es un bolero moderno escrito para su matrimonio. Y aquí Basurto volvió a contarnos que él hace el amor cada día, por ejemplo regalando una flor o preparando el desayuno a su esposa, y consideró que «las señoras nos tienen como a las mascotitas, amaestrados, y nos dan regalos si nos portamos bien». ¡Amaestrado tenía él al respetable!

Y seguimos atrapados en el karaoke: en 'Bésame mucho' Basurto cantó unos cuatro versos dejando al gentío que llenaba La Pérgola cumplir el resto de la tarea, 'Espinita' quedó bien y Basurto pidió palmas haciendo el gesto de aplaudir, en 'Sabor a mí' el vocalista furtivo rezumó la clase del que tuvo retuvo, y cuando le chillaron alguna petición respondió: «claro que sí, se han grabado como 3000 canciones y tenemos repertorio para rato, más o menos para una semana».

Y por lo alto le quedaron 'Solamente una vez' y la transversal 'Piel canela' («bonita y rítmica, como el amor mismo, va y viene», presentó el maestro). Pero no se crean que todo era paja y refugio, pues Basurto tenía algún as escondido en la manga, sobre todo ese dúo con el pianista para el 'Tómame o déjame' de Mocedades incluido en el disco 'Mil años de amor', donde se percibió que él cantaba mejor que cualquier espectador.

La gente le ovacionaba sincera y feliz, a veces se aplaudía a sí misma, y seguía participando cantando comunitaria con más vigor que el público del pasado domingo en el mal concierto del canario Caco Senante, que también pecó de karaoke en la Plaza Nueva: 'Contigo aprendí' de Manzanero («le conozco desde pequeños», dijo porque ambos son bajitos, y añadió: «es tan romántico que se ha casado como ocho veces, me ganó por tres»), muy lucida surgió 'Aquellos verdes' arrancando el primer popurrí triple, le regalaron una flor y dijo «gracias corazón, esto lo comparto con todos los compañeros que están en el cielo», y en el segundo y definitivo bis planteó «¿les parece cantar 'Cielito lindo'?», y el público coreó a pulmón esta mexicanada antes de que Basurto se despidiera con, «ahora sí, con mucho gusto 'Si tú me dices ven'», tras lo cual hizo mutis deseando «hasta muy prontito, gracias, Bilbao».

Y es que antes ya había anticipado que el año que viene habrá gira de los 75 años de Los Panchos, con soporte audiovisual de películas, etc. ¡A ver si llegamos!