Uno de los Sex Pistols, de concierto en fiestas

Los Profesionales, con el jefe a los tambore./Sugar Velasco
Los Profesionales, con el jefe a los tambore. / Sugar Velasco

Paul Cook, batería de la mítica banda, actuó con su reactivado grupo The Professionals en el Museo Marítimo, donde dio un bolo sin nostalgia y con emoción

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Cuando se disolvieron los precursores del punk Sex Pistols (Londres, 1975-78, más varias resurrecciones posteriores), su baterista Paul Cook y su guitarrista Steve Jones formaron el grupo de corta trayectoria The Professionals (1980-82). Mucho después, en 2015, el enjuto baterista Pablo Cocinero lo puso de nuevo en marcha y en 2017 editó el disco 'What in the World' (Automaton Records). Divulgándolo recaló este jueves en el Auditorio del Museo Marítimo, donde suscitó el interés de casi 200 personas en un día malo por las fiestas y por la competencia de otro bolo punk celebrado en el Kafe Antzokia (con The Svetlanas y Rat-Zinger).

Cook y sus secuaces no tocaron ningún standard de los Pistols, tipo 'God Save The Queen' o 'Anarchy in The UK', sino que se limitaron recuperar dos del disco 'La gran estafa del rock and roll' (Virgin, 1979), la banda sonora de una película en la que no participó el cantante Johnny Rotten y por muchos considerado el segundo álbum de los Pistols. De este doble LP, The Professional extrajeron dos cortes: 'Silly Thing', originalmente cantado por Cook (en Bilbao se abstuvo de hacerlo), más 'Lonely Boy' (en el disco cantado por el hoy ausente Jones). O sea que Cook tiene la dignidad y el orgullo de no pasearse como una suerte de grupo tributo verbenero.

A la mañana, en la terraza del bar del Museo.
A la mañana, en la terraza del bar del Museo. / E.C.

No, Cook no apela a la nostalgia y no lo hizo en el bolo del jueves, donde sonaron 16 canciones en 65 minutos. En cuarteto con estética más reminiscente de los Clash (el cantante y guitarrista Tom Spencer, de 51 años, ex The Yo-Yos, The Lurkers, The Men They Could`t Hand, con su sombrero recordaba al mismísimo Joe Strummer) que a los Sex Pistols, el concierto sonó espeso y eléctrico y atesoró poso emocionante, actitud indudable y cercana credibilidad: Spencer ponía caras a los foteros cuando los notaba cerca, decía 'eskerrik asko' leyéndolo de su brazo («tengo un nuevo tatuaje», bromeó, pero únicamente lo llevaba escrito) y sudó hasta gotear por el ala de su sombrero (¡y no poder ni abrir el tapón de una botella de agua porque se le resbalaban las manos!), el bajista japonés (ignoramos su nombre, es el reciente sustituto de Paul Myers, ex Subway Sect) a menudo se colocaba en plan chulo al borde del tablado, Paul golpeó con fuerza y habló lo justo (decía kaixo)…

Entre el repertorio abundaron los coros con vocación de himno, no en vano los cuatro mienbros aportan voces (en la inaugural 'Payola', a lo Jesse Malin, cuando al acabar dijo una fan tatuada: «bien, bien, bien, Dios, qué bien»; en quinto lugar 'Going Going Gone', dedicada a los difuntos Bowie y Lemmy; en el séptimo 'Rewind', etc.), alguna melodía que sugería el hardcore californiano ('Join The Professionals'), un estreno mundial (Spencer dijo que 'Monkey' la tocaban en Bilbao por primera vez), rock ronco a lo Rancid ('Hats Off'), algún empujón ('Let Go') más un par de roces con el power-pop ramoniano ('Just Another Dream' y el último tema, el mejor, '1, 2, 3'; por cierto, el otro guitarrista, Chris McCormack, nacido en 1973, vestía una camiseta de los Ramones).

Ah: al salir vimos en el puesto de merchandising que se vendía el par de baquetas firmadas por el legendario Paul Cook a 30 euros, aunque las camisetas de diseño atractivo y veterano sólo costaban a 10 euros.

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