«¿Por qué no nos llevan a Foronda?»

Pasajeros de un vuelo de Ryanair acceden al interior del avión minutos antes de su despegue desde Foronda. /Rafa Gutiérrez
Pasajeros de un vuelo de Ryanair acceden al interior del avión minutos antes de su despegue desde Foronda. / Rafa Gutiérrez

Las aerolíneas ya no barajan Vitoria como opción de desvío por su horario recortado

SALVADOR ARROYO

Si no han vivido la secuencia que se describe a continuación, seguro que no tienen muchas dificultades para imaginarla. La empatía es fácil. Está volando a Bilbao y su avión acaba de iniciar maniobra de aproximación al aeropuerto. Ya se ve la pista. En el exterior, rachas de viento huracanado le mantienen en tensión; el aparato sufre bruscos vaivenes. El corazón en un puño. Mensaje desde la cabina. El comandante informa que «por motivos de seguridad» se cancela el aterrizaje en Loiu y le desvela el destino alternativo: Barcelona, Madrid o Toulouse; el que sea. La cuestión, a cientos de kilómetros de casa. Es entonces cuando el sentido común actúa como resorte y la pregunta brota con una lógica aplastante: «¿Por qué no nos llevan a Vitoria?».

La escena se ajustaría a la realidad que vivieron el pasado domingo un millar de pasajeros de los ocho vuelos que no pudieron aterrizar en Bilbao por los latigazos del vendaval ‘Félix’. Y sirve como punto de partida para intentar plantear algunas de las claves por las que las aerolíneas han arrinconado al aeropuerto alavés como alternativa ante posibles contingencias. La incógnita del millón. «Por lo general el comandante despega con un aeropuerto opcional en caso de no poder aterrizar en destino» por inclemencias meteorológicas, averías u otros imprevistos, explican desde las compañías, que son las que tienen la última palabra. De hecho, incluso el combustible se calcula en parte atendiendo a esta variable. Pero esos códigos internacionales que identifican al aeródromo de Vitoria -VIT (IATA) o LEVT (OACI)-, rara vez aparecen en el plan de cabina.

Apertura intermitente

Uno de los motivos está en esa bajada y subida de persiana que existe en Vitoria. No funcionar a tiempo completo invalida a Foronda como ‘plan b’ porque «los problemas surgen cuando surgen». No atienden a horarios. Según datos del Ministerio de Fomento, entre 2009 y 2012 (cuando Foronda estaba operativo 24 horas al día, lo que se conoce como H-24) este aeródromo fue el ‘salvavidas’ de 204 aviones que vieron alterado su destino; de ellos, 113 tenían que haber rodado por la pista de Bilbao. Luego, ya con el horario recortado, esa cifra se desplomó un 86%... y bajando: en 2016 apenas tres desvíos desde Loiu y solo dos el pasado año. En la actualidad, Foronda abre 16 horas al día de forma intermitente. Toda la noche y algunas ‘ventanas’ durante el día, que son las que aprovecha Ryanair.

Las claves

204
aviones desviados desde otros aeropuertos tomaron tierra en Foronda entre los años 2009 y 2012. De ellos, 113 no pudieron aterrizar en el aeropuerto de Bilbao. Después quedó arrinconado. En 2013 sólo llegaron dos de los 23 desvíos de Loiu; 4 en 2014 de un total de 62; ninguno en 2015; 3 en 2016 y dos el pasado año.
La elección
Madrid o Barcelona garantizan asistencia en tierra, reubicación del pasaje y rotaciones

«Sin el H-24 es inviable que las aerolíneas te tengan en cuenta -salvo en situaciones de emergencia-, pero no solo a Vitoria, a cualquier otro aeropuerto», aseguran desde VIA. La sociedad promotora de la instalación ‘vende’ las virtudes de una pista larga, en terreno llano y sin problemas para ‘romper’ las corrientes de aire en aterrizajes de cara en cada encuentro con operadores. «En el pasado había dinámica creada. Ahora es muy difícil recuperarla».

Y levantar la voz -el alcalde, Gorka Urtaran o el diputado general, Ramiro González, han tildado de «sinsentido» el ninguneo de Foronda-, parece que sirve de poco. Porque en la elección de la pista alternativa confluyen un ramillete de intereses y motivos técnicos. La decisión no es caprichosa. «Hoy se opta por aeropuertos grandes porque tienen los medios para facilitar la reubicación de los pasajeros en otros aviones, hoteles o transportes», explican desde Ryanair, cuya central de operaciones se sitúa en Dublín.

Más caro

Aunque conozca Foronda, en julio del pasado año desvió a Barcelona un vuelo desde la capital irlandesa que tenía que aterrizar en Santander. Ni se planteó Vitoria. Y no es estrategia de ‘bajo coste’. El domingo Lufthansa, que opera en Pamplona, tampoco pensó en Noain. Dio un par de vueltas y... se fue hacia la capital catalana. «Por mucho que estés cerca si no vas a poder volar a la hora que interesa porque no hay ‘slot’ (autorización), al final tiene más sentido irse lejos, con más conexiones y posibilidades».

La cuestión es que el avión siga volando. Si no lo hace, se pierde dinero. Ir a Madrid o Barcelona garantiza que los siguientes enlaces se van a mantener. Pero también, que el simple hecho de aterrizar no va a incrementar los costes. Porque en lo que se denomina «logística de destino» entra en juego la asistencia del personal de tierra. Si el ‘handling’ es propio, no hay gastos extra. Además, las grandes terminales tienen las cadenas de hoteles o empresas de transporte con las que existen acuerdos de cobertura. «Nunca hay una solución perfecta», admiten desde otra aerolínea. El problema viene cuando se saca la calculadora. Que se lo pregunten a los pasajeros del Málaga-Bilbao que tardaron quince horas en llegar a casa.

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