Foronda vuelve a quedarse al margen de los desvíos de Loiu pese a estar operativo

Un avión de Easyjet bamboleado por el viento el domingo en el aeropuerto de Bilbao./Luis Ángel Gómez
Un avión de Easyjet bamboleado por el viento el domingo en el aeropuerto de Bilbao. / Luis Ángel Gómez

Los ocho aviones a Bilbao que viraron a Barcelona, Madrid o Tolouse por el vendaval del domingo ignoraron al aeropuerto alavés, que no registró ninguna incidencia

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYO

Siete de los ocho vuelos que el vendaval ‘Félix’ obligó a desviar desde Loiu el pasado domingo hubieran podido tomar tierra sin problemas a poco más de 60 kilómetros. Pero no lo hizo ninguno. Sus aerolíneas volvieron a dejar a Foronda al margen, pese a estar plenamente operativo, y buscaron refugio a cientos de millas de distancia, en Barcelona, Madrid e incluso Tolouse. Lo más cerca -un caso singular-, Pamplona. Ni siquiera el hecho de tener abierta la pista permitió en esta ocasión que los cientos de pasajeros afectados por la incidencia se quedaran cerca de casa, y ese es el ejemplo más claro de que la condición de aeropuerto para atender contingencias que Foronda disfrutó durante años parece ya cosa del pasado.

Aquel escenario, previo al fin del H-24 (2012), traía aquí cada año una media de 86 aparatos que no podían llegar a las pistas prefijadas (principalmente Bilbao, Pamplona y Santander) por la mala climatología, averías o cambios de planes de vuelo por decisión de la operadora. Después esa media se desplomó a apenas ocho y en 2017 se contaron solo dos desvíos.

Las rotaciones -el plan de salidas que tenga el avión afectado- y, en el fondo, el cálculo de costes económicos son los que hoy arrinconan a Foronda como opción para imprevistos. Las aerolíneas prefieren volver a origen o enlazar con otros aeropuertos desde los que van a volar en las siguientes horas. «Cambiar esta estrategia es difícil. Quizás las instituciones tendrían que insistir de alguna manera con ellas buscando la mediación de Aena. Pero es complicado», aseguran fuentes consultadas por este periódico.

Los ‘nuevos’ argumentos, en cualquier caso, no son fáciles de digerir. Y si no que se lo pregunten a los pasajeros del vuelo Málaga-Loiu, que terminó aterrizando en El Prat para, a continuación, tener que subirse a un autobús y viajar durante casi seis horas y media por carretera hasta Bilbao. Un peregrinaje ilógico. Ese avión, operado por Vueling, fue el primero que el domingo tuvo que renunciar a rodar por la pista vizcaína debido a fuertes rachas de viento combinadas de forma traicionera con turbulencias. Sucedía a las 10.40 horas. En ese momento faltaban apenas treinta minutos para la apertura de Foronda -los domingos su personal inicia la jornada a las 11.10-. El avión podría haber entrado en circuito de espera hasta iniciar aproximación a la pista de la Llanada. Una opción mejor que la ‘condena’ a 15 horas de viaje.

Cascada de incidencias

El fallido aterrizaje del Airbus A320 de Vueling fue el primer incidente de una cascada de cancelaciones y desvíos que se sucederían hasta pasada la una de la tarde. Todo ese tiempo -y bastante más, hasta las 18.00 horas- Vitoria estuvo operando con normalidad. Recibió algún carguero y el avión de Ryanair de la ruta a Colonia aterrizó y despegó puntual. Pero su torre de control no tuvo que coordinar llegadas imprevistas por las aproximaciones fallidas a Bilbao.

Pese a que fueron unas cuantas. Tras el citado vuelo de Málaga, tuvieron que abortar llegada a Loiu uno de Madrid de Iberia (fue devuelto a origen); el de Brussels Airlines desde la capital belga (acabó en Tolouse); otro Airbus de Vueling procedente de Tenerife (tomó tierra en Barcelona); el de Palma de Mallorca (Air Nostrum), que la compañía desvió a Pamplona; un sexto, este procedente también en la capital mallorquina (Vueling) que voló a Barcelona; el procedente de Frankfurt (Luftansa), que igualmente acabó virando hacia la capital catalana; y un aparato de Gran Canaria que dio la vuelta hacia Valladolid.

El vendaval dejó registrado en la estación de control que Aemet tiene en el aeropuerto de Bilbao una racha máxima de viento de 84 kilómetros por hora a las 13.10. En Foronda, llegó a 93 a las 12.50. Superior, pero menos problemática para las operaciones aéreas por ubicación, pista de mayor longitud (3,5 kilómetros) y la posibilidad de realizar los aterrizajes de cara sin perjuicio de las corrientes de aire. Virtudes que parece que ya no son válidas.

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