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Bakartxo Tejeria, discreta y con carácter

retrato de la Próxima presidenta del Parlamento vasco

Bakartxo Tejeria, discreta y con carácter

Se forjó como política en su pueblo, Villabona. Su amplia experiencia y la cercanía política a Joseba Egibar la han llevado a la presidencia del Legislativo vasco

19.11.12 - 13:25 -
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Dicen de Bakartxo Tejeria Otermin (San Sebastián, 1971) que es una mujer firme y con temple. Algo de ese carácter tuvo que sacar en el verano de 2004, cuando a un grupo de opositores a la construcción de una incineradora en Gipuzkoa no se le ocurrió otra forma de protestar que encerrar, literalmente, al Pleno municipal al completo en el Ayuntamiento de Villabona, del que ella era alcaldesa. Tras una ruidosa cacerolada, los radicales invadieron el Consistorio. Tejeria no se arredró e intentó «razonar» con los cabecillas de la protesta. Sin éxito. «Así que opté por callarme», recordaba al día siguiente en una entrevista. El popular Iñigo Manrique, primo de Arantza Quiroga y único edil del PP en el Ayuntamiento en aquella legislatura, también estaba allí. «No nos dejaron salir hasta las nueve de la noche. Recuerdo que Bakartxo, aún pasándolo mal, porque la insultaban e increpaban, demostró un gran sentido de la responsabilidad para lo joven que era, firmeza y determinación», rememora.
Concejal desde los 27 en el municipio de poco más de 5.000 habitantes donde se crió desde muy pequeña, posiblemente sus años en la política municipal, los años duros de una Euskadi aún sumida entonces en la pesadilla de la violencia, han contribuido a forjar su carácter. Quienes la conocen la describen como una persona muy responsable en su trabajo y de fuerte temperamento pero afable y cariñosa en el trato. También le ayudaron a prepararse para el reto que afrontará a partir de hoy, cuando pase a ser la tercera mujer que, de forma consecutiva, presida el Parlamento vasco. Tras su compañera de filas Izaskun Bilbao y la popular Arantza Quiroga, Tejeria, a sus 41 años, «todo un carácter» según sus amigos pese a su aspecto frágil y delicado, se convertirá en la segunda autoridad política de Euskadi tras ser designada hace ya medio año candidata a dirigir la Cámara de Vitoria.
Tejeria, abogada de profesión, ha llegado al cargo porque su perfil se ajustaba como un guante al retrato robot de presidenta que necesitaba la formación jeltzale, cuidadosa hasta el extremo con los equilibrios internos y territoriales. Con un candidato a lehendakari vizcaíno, había pocas dudas de que el PNV requería para el puesto a una mujer guipuzcoana. El pacto tácito de no agresión entre el sector oficialista, aglutinado en torno al núcleo de los "jobuvis", y los afines a Egibar obligaba al "núcleo duro" de Urkullu a hacer alguna concesión al líder del GBB. Y, además de garantizarle su continuidad como portavoz del grupo, le dieron carta blanca para proponer a alguien de su entera confianza para liderar el Legislativo.
La amplia experiencia parlamentaria de Tejeria, integrada desde siempre en el círculo más próximo al burukide de Andoain -se incorporó a la ejecutiva guipuzcoana, donde es responsable de la zona de San Sebastián, en 2008-, hizo el resto. «Es muy buena persona y tiene un sentido de la justicia social muy por encima de la media. Tiene unas convicciones políticas muy profundas, pero va a saber dejarlas a un lado para ejercer su labor. Es muy dialogante y sabe estar por encima de las discrepancias cuando hace falta», la alaba su íntima amiga Eider Mendoza, que empezó con ella en la Cámara hace once años y se fue convirtiendo en una de sus personas más cercanas a fuerza de compartir trayectos en coche de San Sebastián a Vitoria. «Hablábamos de todo. Para mí fue una gran pena dejar el Parlamento por no estar con Bakartxo. Ella es de esos amigos para toda la vida, para las alegrías y las penas», enfatiza. Iñigo Manrique, por su parte, recuerda que, lejos de recibirle con recelo, fue «cariñosísima» y todos los ediles «hicimos piña». «Tiene mucho tacto y humanidad».
Parlamentaria vasca desde 2001 -ésta será su cuarta legislatura, con una trayectoria centrada en las áreas de agricultura, sanidad y, sobre todo, políticas sociales -, Tejeria pasó su infancia y juventud entre Villabona, donde fue a la ikastola, y Tolosa, en cuyo instituto estudió BUP y COU. Aunque en principio le tiraba más la rama de ciencias, acabó matriculándose en Derecho en la UPV. Recién licenciada, compaginó sus dos años como juez de paz en Villabona con el trabajo en el bufete de abogados Uzturre, en Tolosa, que unos años más tarde -lo compartía con otros cargos de PNV y EA-, fue atacado con un artefacto de fabricación casera que colocaron en la repisa de la ventana y que no llegó a estallar.
También la futura presidenta del Parlamento, como tantos otros en este país, ha sufrido el «agobio» y la «presión» de los radicales. Sobre todo cuando se decidió a dar el paso de entrar en política activa como edil. Dos años más tarde obtuvo su acta de parlamentaria y se casó con su novio de siempre, Joanes Labayen, con el que comparte profesión y militancia. Hijo de Ramón Labayen, exconsejero de Cultura y último alcalde peneuvista de San Sebastián, sonó incluso como candidato a la alcaldía de la capital guipuzcoana y es abogado del Estado y de la prestigiosa firma Cuatrecasas.
Celosa de su vida privada
Padres de dos niñas de seis y tres años, celebraron hace un año su décimo aniversario de bodas con un viaje a Roma, Florencia y Venecia, según contaba ella misma en un reciente reportaje, este verano, en El Diario Vasco, en el que explicaba que suele repartir sus vacaciones estivales entre Girona, La Rioja y la Semana Grande donostiarra, que no perdona. Una excepción para una mujer discreta que protege su intimidad con la misma determinación de la que hace gala en otras facetas de su vida. «Es muy celosa de su vida privada», dice el socialista Jesús Loza, que compartió con ella un viaje parlamentario a los campamentos de refugiados saharauis y la tiene desde entonces especial afecto. «No tenía ningún problema en dormir en el suelo o donde fuese. Practica el diálogo y sabe llegar a acuerdos, será una buena presidenta», opina.
Ciertamente, quienes la han tratado parecen guardar un recuerdo excelente de Tejeria, a la que se le conocen pocas aficiones, volcada como está en su trabajo y su familia. Eso sí, le queda tiempo para leer, hacer unos largos en la piscina y, de un tiempo a esta parte, correr. Todavía no ha atacado pruebas del estilo de la Behobia-San Sebastián, pero si su tenacidad no es una leyenda, todo llegará. Iñigo Manrique hace su particular resumen: «Se va una gran persona y llega otra».
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Tejeria, el pasado día 8 tras recoger su acreditación en la Cámara autónoma, con Egibar y Ortuzar detrás. /Iosu Onandia
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