El metro registró un aumento del 15% de pasajeros durante la nevada

La estación de metro de San Ignacio estuvo colapsada a primera hora de la mañana./
La estación de metro de San Ignacio estuvo colapsada a primera hora de la mañana.

La ausencia de algunos conductores y problemas con los cambios de agujas provocaron los retrasos y aglomeraciones

Josu García
JOSU GARCÍA

Tan intensa era la nevada y tan impracticables estaban las carreteras, que una mayoría de vizcaínos dejaron su coche particular en el garaje y se agarraron al metro como tabla de salvación para llegar a sus trabajos. La idea, en apariencia buena, salió regular, porque el suburbano también tuvo sus dificultades para operar. Registró retrasos considerables hasta las diez y media de la mañana. Eso sí, notó un incremento notable de viajeros, convencidos de que el ferrocarril subterráneo estaría al margen de cualquier incidencia. A las 11.30 horas, las máquinas canceladoras habían registrado 102.000 validaciones, lo que suponía un aumento del 15% en el número de clientes con respecto al día anterior (88.600).

Este incremento de usuarios se hacía palpable en los andenes, que se llenaron a rebosar en muchas estaciones. Hubo quien temió incluso por la seguridad, ante el miedo a que alguien acabara cayendo a la vía. El motivo de este hacinamiento no sólo fue la mayor demanda registrada, sino que también tuvo que ver con la reducción en la oferta provocada por el temporal. Y es que durante los primeros momentos circularon 8 trenes menos de lo habitual. Una caída en las frecuencias que la compañía cifró en un 20%.

No fue fácil que el metro echara a rodar ayer, al filo de las seis de la mañana. Por dos motivos. Algunos de los profesionales que tenían que conducir los convoyes o supervisar las vías no llegaron a tiempo a su puesto, atascados en sus viviendas por el manto blanco que cubría el territorio. «Tenemos compañeros que viven en Castro o en Llodio. Lo han intentado por activa y por pasiva, pero ha sido imposible. Incluso sabemos de alguno que ha tenido que sacar la bicicleta del camarote y pedalear cinco o seis kilómetros para poder presentarse en su residencia (lugar donde duermen los trenes)», contaba un maquinista veterano.

102.000 personas usaron el metro hasta las once y media de la mañana, un 15% más que un día normal

La otra razón de peso que ralentizó el servicio fue la problemática de los cambios de agujas que están a cielo abierto en algunos tramos de la Línea 1. Pese a estar automatizados, estos elementos son mecánicos. Se pueden accionar a distancia, pero no se mueven si están comprimidos por la nieve. Así que hubo que despejarlos a mano. Con pico y pala.

8 trenes menos circularon en las primeras cuatro horas de servicio

Mientras todo esto sucedía, los andenes se iban llenando de personas y los primeros convoyes fueron a reventar. «Como sardinas en lata», resumía gráficamente una bilbaína. La situación mejoró para las nueve y media de la mañana. Y se normalizó totalmente, según la compañía, una hora después.

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5 horas para llegar a Derio

Lo cierto es que el resto de ferrocarriles que operan en Bizkaia lo pasaron mucho peor que el metro, al estar más expuestos a la intemperie. En Euskotren hubo retrasos de más de cuatro horas. «Hemos bajado del tren hasta para desayunar y luego hemos vuelto. He tardado casi 5 horas en llegar a Derio desde Amorebieta», cuenta Iker Fernández, vecino de la localidad del Duranguesado. Toda una odisea. «Hemos parado también un rato grande en Casco Viejo, a la espera de que el tren pudiera ir más allá de Sondika».

Renfe vivió también una mañana muy complicada, con demoras muy importantes en sus tres líneas de Cercanías: la que llega desde Orduña, la de Santurtzi y la que acaba en Muskiz. Los trenes de largo recorrido, por su parte, sufrieron retrasos llamativos. El más grave, el del Albia en dirección a Barcelona, que tenía que haber partido a las 06.35 horas y acabó haciéndolo a las diez de la mañana. En su interior viajaban también los pasajeros que iban a Vigo y Madrid, que tuvieron que desembarcar en Miranda de Ebro para abordar otro convoy que les llevara a su destino.

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