La lana, un problema para las granjas vizcaínas: «Nadie la quiere, ni regalada»

Montones de lana de oveja almacenados en una nave ganadera./E.C.
Montones de lana de oveja almacenados en una nave ganadera. / E.C.

La utilización de fibras sintéticas en la moda y la dispersión de las granjas hacen que «nadie» quiera recogerla, por lo que se está acumulando en muchas explotaciones

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«Nadie quiere la lana. Ni regalada. Antes por lo menos la recogían, a veces te daban algo y a veces no». Julián Ajuria, ganadero de Zeanuri, está acostumbrado a tener que amontonar con resignación el vellón de su rebaño, formado por 250 ovejas de raza latxa que generan alrededor de 1.000 kilos de borra al año. Supone un incordio porque reconoce que, además de no darle ni un duro –en los buenos tiempos recibía casi un euro por kilo–, le obliga a reservar espacio, ya que, si se la quiere quitar de encima, le puede tocar incluso pagar. «Yo sólo vivo de la leche que vendo y del queso Idiazabal», insiste. No es el único. Centenares de explotaciones vizcaínas, especialmente las pequeñas, ven cómo la lana se ha convertido en un problema.

Las empresas que se dedican a retirarla para reutilizarla no encuentran rentabilidad en recorrer Bizkaia para llevarse un millar de kilos –o bastante menos– de cada granja, así que se centran en las grandes explotaciones. La de Ajuria no es de las más modestas. «Cada vez hay más negocios pequeños y más ganaderos dispersos con menor número de animales, como una treintena, y a los que nadie les recoge la lana», subrayan desde la asociación de desarrollo rural Gorbeialde, de la zona de Arratia-Nervión. Existen otras cinco agrupaciones de estas características en el territorio: Enkarterrialde, Lea Artibai, Urkiola (Duranguesado), Jata Ondo (Uribe) y Urremendi (Busturialdeay Urdaibai).

Son ellas las que se han encargado de retirar en el último mes los 22.300 kilos que se apilaban desde hace tres años en explotaciones de Bizkaia para aliviar su situación, ya que los ganaderos no sabían qué hacer con tanto volumen. Aunque cada colectivo ha tratado de forma individualizada el problema, el próximo año lo harán de forma conjunta con la Diputación, que, según portavoces del Departamento de Sostenibilidad y Medio Natural, buscará alguna salida para la lana que genere ingresos a los ganaderos, que en muchos casos también tienen el gasto añadido de recurrir a profesionales para la esquila.

22.300 kilos de lana tenían amontonados los ganaderos vizcaínos desde hace tres años ante la falta de compradores

Las propuestas pasan por darle al vellón un uso agrícola o transformarloen aislante de edificios posibles soluciones

Gran parte de los pequeños rebaños de ovino se encuentran en las faldas del Gorbea, que históricamente han acogido casi un tercio de la cabaña vizcaína. De hecho, se ha tenido que prestar ayuda en esta zona a 203 explotaciones. En el caso de Zeanuri, por ejemplo, el Consistorio habilitó una lonja para guardar la lana hasta que el camión de Gorbeialde acudió a llevársela.

Y en Orozko, donde se apilaron casi 30 metros cúbicos, fue la asociación de ganaderos Itxina la que contrató un vehículo que recorrió las instalaciones de los baserritarras para retirar esta fibra natural. Gorbeialde trasladará los residuos a un lavadero de Salamanca, aunque los pastores no percibirán dinero. Hace años se enviaba a «Rusia y a China» para fabricar ropa, y cobraban por ello. «Lo ideal sería que hubiera un ingreso para los baserritarras», insisten desde la asociaciones.

«Problema de residuos»

La técnica responsable de la entidad de Arratia-Nervión, Sonia Etxegorri, incide en que «supone un problema de residuos más», puesto que el principal inconveniente con el que se encuentran los profesionales del sector primario es que no se puede tirar en cualquier vertedero.

Al margen del plan foral para el próximo año, las agrupaciones siguen pensando en soluciones. La que presta servicio en los pastizales del Gorbea busca fórmulas para convertir la lana en referente más allá de la industria textil, en la que además los tejidos sintéticos la han relegado a un segundo plano. Especialmente al vellón de la raza latxa, cuya traducción (basta) da cuenta del tipo de fibra que generan estas ovejas. Dado que no es una buena opción para la ropa, Gorbeialde estudiará posibles aplicaciones como aislante de edificios o para convertirla en cordones biodegradables de uso agrícola.

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