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El tatuador de Auschwitz

Lale, el tatuador de Auschwitz, con Gita, su esposa, poco después de casarse. /R. C.
Lale, el tatuador de Auschwitz, con Gita, su esposa, poco después de casarse. / R. C.

Lotte Weis, de 94 años, era la presa 2065 de Auschwitz. Aún conserva esos dígitos «bien grandes» tallados en el brazo. Se los grabó Lale, el tatuador del campo de exterminio, que da título a un libro que ya ha vendido un millón de ejemplares

JOSÉ ANTONIO GUERRERO

Lotte luce con la dignidad de una superviviente del Holocausto un número tatuado en su brazo izquierdo. El tiempo, 76 años ya, ha degradado el color verde de la cifra, que aún se aprecia con nitidez. 2065. Y a buen tamaño. «Lale me lo hizo mucho más grande que a los demás prisioneros porque así tardaba más y podíamos hablar más tiempo». Lo cuenta desde su casa de Sídney Lotte Weis, la presa 2065 de Auschwitz-Birkenau. Como una más de los miles de judíos eslovacos allí deportados, Lotte hizo cola para pasar por los frascos de tinta y las agujas de Lale Sokolov, el tatuador oficial del campo de concentración, el mismo que da título -'El tatuador de Auschwitz' (Espasa)- a una de las novelas del momento: un millón de copias vendidas en 32 países y número uno en Reino Unido. Ahora acaba de llegar a España. El libro, el debut literario de la australiana Heather Morris, narra la historia real de Lale y Gita Sokolov, dos judíos eslovacos que se enamoraron en el campo de exterminio nazi, logrando sobrevivir al horror de las cámaras de gas gracias al 'trabajo' de Lale como 'tätowierer'. Esa historia de amor (con final feliz, pues terminó en un matrimonio que ha durado seis décadas) triunfa entre los muros de una fábrica de muerte, miseria y desesperanza, lo que la hace aún más extraordinaria. Para escribir la obra, Morris se reunió «dos o tres veces por semana» durante tres años con el propio Lale, que murió en 2006, tres años después que Gita, su esposa. En aquellos encuentros, Lale le desgranó con los ojos humedecidos su vida en aquel matadero, donde sangre, vómito, orina y heces se entremezclaban en cavernosas habitaciones llenas de cuerpos desnudos, apilados unos sobre otros con las piernas retorcidas. Morris también recurrió a Lotte Weis, que coincidió con Lale y Gita en aquel infierno. A sus casi 95 años, los cumplirá en noviembre, Lotte guarda inalterable en su memoria aquel instante en que el 'tätowierer' de Auschwitz grabó esos números, hoy convertidos en un símbolo de orgullo y resistencia.

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