Diez esculturas para quedarse de piedra

El Caminante se abre paso hacia el centro de Vitoria./JESÚS ANDRADE
El Caminante se abre paso hacia el centro de Vitoria. / JESÚS ANDRADE

El arte contemporáneo se suma a las esculturas dedicadas a recordar a personalidades señeras en las calles vascas

IRATXE LÓPEZ

Pasamos cada día junto a ellas, sin prestar atención a su existencia. Las esculturas son seres pétreos o metálicos que la mano de un artista congeló en el tiempo. Siempre iguales. Como si aguardaran el milagro que los impulsara de nuevo a caminar. Están ahí porque alguien quiso que nunca olvidáramos a esas personas o cierta gesta, aunque paradójicamente pocas veces sabemos la razón de su nacimiento. Razones curiosas en algunas casos, anecdóticas incluso. Honorables. Preñadas de valor o agradecimiento. De historia, en cualquier caso. Conozcamos algunas que adornan las calles vascas.

Ken Follet (Vitoria)

El escritor imita a su estatua.
El escritor imita a su estatua.

Es la única en el mundo dedicada al famoso escritor galés de 'Los pilares de la tierra', por eso él nunca ha escondido su emoción ante este honor. La causa de que Vitoria decidiera colocarla junto a la catedral de Santa María es, precisamente, que los trabajos de restauración de este edificio gótico inspiraron parte de la secuela del famoso libro, el volumen 'Un mundo sin fin'. Cato Solano firma la escultura de cuerpo entero en bronce que, quien pasee por la Plaza de las Burullerías, puede admirar.

John Adams (Bilbao)

La efigie preside una esquina del Palacio Foral.
La efigie preside una esquina del Palacio Foral. / BORJA AGUDO

Muchos se preguntan qué pinta la imagen del segundo presidente de los Estados Unidos, uno de los padres fundadores de ese país, en la capital vizcaína. No saben que visitó la ciudad en 1780. Adams recalaba en Europa con el objetivo de investigar las formas de democracia del viejo continente; alabó el sistema foral vasco por su buen funcionamiento y la relación mantenida con el Reino y la Corona. Obra de Lourdes Umerez, el busto de bronce de este revolucionario americano, artífice de la Declaración de Independencia y de su Constitución, se encuentra en la confluencia de las calles Diputación y Gran Vía, junto al Palacio Foral.

Hambre (La Arboleda)

El tenedor se clava en una roca junto a los lagos de La Arboleda.
El tenedor se clava en una roca junto a los lagos de La Arboleda. / JUAN JOSÉ GUTIÉRREZ PÉREZ

El pasado minero de la Arboleda late aún en cada uno de sus rincones, por eso sorprende descubrir entre los vestigios de antaño un tenedor gigante. Fue Germán de los Ríos quien impuso la original imagen en el escarpado terreno, dentro de Meatzaldea Goikoa Parkea, que con su conjunto de esculturas pretende convertir este espacio en museo al aire libre, a la sombra de Peñas Negras. 'Hambre' mezcla caliza y mineral y lanza una crítica, una reivindicación de siete metros de altura y doce toneladas que no pasa desapercibida: «Nos comemos la Tierra y por eso nos morimos de hambre».

El caminante (Vitoria)

JESÚS ANDRADE

Una de las principales y pioneras esculturas de arte contemporáneo instaladas en nuestras calles, la monumental figura de un hombre que avanza a grandes zancadas fue creada en 1985 por el artista Juan José Eguizábal y se encuentra situada en la Plaza del Arca en pleno centro de Vitoria. Con sus más de tres metros de altura, el estilo del artista nacido en Logroño pero afincado desde hace años en la capital alavesa recuerda al del suizo Alberto Giacometti por la figura alta y aparentemente desgarbada del hombre.

Homenaje a Fleming (Donostia)

La pequeña pieza de Chillida se abre a La Concha.
La pequeña pieza de Chillida se abre a La Concha.

Aunque pertenece a Chillida, poco tiene que ver con la grandeza del afamado 'Peine de los Vientos'. Eso sí, lo verás caminando por el Paseo de la Concha. Escultura de granito, su diseño tomó forma en 1955, año en que falleció el científico escocés. El artista vasco deseaba destacar la labor del inventor de la penicilina. Modeló esta obra que formaba parte de otras dedicadas a grandes hombres, figuras destacadas del arte o la ciencia como el pintor francés Georges Braque, el matemático italiano Lucca Paccioli o el bacteriólogo Alexander Fleming.

Elcano (Getaria)

SARA SANTOS

La estatua del insigne marinero getariarra Juan Sebastián Elcano, primero en dar la vuelta al mundo gracias a la expedición de Magallanes, resultó tan viajera como el aventurero. La número uno, mandada erigir en 1800 por orden de Manuel de Agote y Bonechea, primer factor de la Compañía de Filipinas en Cantón (China), quedó dañada tras el asalto carlista a la villa en 1836. Se costeó una segunda de bronce, obra de Antonio Palao, instalada en 1861 sobre la plataforma de la puerta de mar. Hasta que los franquistas decidieron llevársela junto a la ermita de la Reina de los Mares, edificio homenaje a los marineros muertos en el crucero Baleares, hundido por los republicanos durante la Guerra Civil. Getaria la devolvió a su posición original tras la muerte de Franco.

La batelera (Pasaia)

La efigie 'controla' el amarre del muelle que une las dos orillas.
La efigie 'controla' el amarre del muelle que une las dos orillas.

Las mujeres también son duras. Un ejemplo de ello lo dieron las bateleras de finales del siglo XVI y comienzos del XVII, que gobernaban barcos y chalupas con destreza. Eran marineras, heroínas que sustituían a los hombres cuando ellos marchaban hacia Terranova en busca de la ballena. Remolcaban galeras, naos y galeones, compitiendo por llegar primero a los barcos. Cuentan que Felipe IV quedó asombrado ante su presencia al visitar Pasajes en 1659. El canal concentró a varias fragatas de guerra, el galeón Roncesvalles y la Real Capitana, con más de noventa cañones. Allí estaban ellas, gobernando más de 200 lanchas que seguían a la gabarra del monarca.

Sin nombre (Amorebieta)

JORDI ALEMANY

Éste es el clásico ejemplo de que a veces conectar con la idea de un autor supone abstraerse demasiado. Andrés Nagel pretendía jugar con la imaginación animando a introducirnos en los tiempos de dinosaurios y seres gigantes, aunque a muchos su obra recuerda más a aquellos experimentos del cole, cuando el paso del tiempo hacía surgir tentáculos de un tubérculo. Por eso, aunque la escultura carece de nombre todos los vecinos de Amorebieta la conocen como 'La patata'. Instalada en 2005, se encuentra en la rotonda del cruce de caminos entre las calles Sabino Arana, Carmen, San Miguel y San Pedro. Bronce. Nueve metros de alto. Dos toneladas y media de peso. Siete pinchos en el cuerpo. Grafía por toda la superficie. Son las características del ovoide compuesto por tres patas del que cuelga, en un extremo, una tela de nylon.

Joan etorrian (Zarautz)

La obra semicircular y colorida se encuentra en el paseo de la playa.
La obra semicircular y colorida se encuentra en el paseo de la playa.

Lo importante de este trabajo es el material con el que fue construido: madera de roble de castaño y acacia, restos de barcos recogidos en el mar y su entorno. «Hombres y mujeres están o caminan, van y vienen. El mar también. En cada venir, la marea trae consigo siempre algo y en su reiterado venir y traer, va formando un montón de materia. El mar tampoco los quiere y nos los devuelve». Con estas palabras explicaba Miguel Ángel Lertxundi su propuesta. En la instalación, a orillas del Cantábrico, se observan los cosidos a la pieza central mediante clavos galvanizados, propios de la construcción de barcos. Cantos rodados recogidos junto al agua componen la base.

El oso y el madroño (Hondarribia)

No hace falta que te frotes los ojos, ves bien. Tienes ante ti un homenaje al oso y el madroño, símbolo de la Comunidad de Madrid, aunque te encuentres en la costa vasca. En 1955 el alcalde de Hondarribia decidió recordar a los veraneantes madrileños que por entonces acudían en masa hasta el lugar. Defendía que ambos municipios estaban históricamente vinculados porque, en los momentos difíciles de las invasiones, Madrid había acudido en ayuda de Hondarribia, lazo que mantenían al construir allí sus casas de veraneo. Enclavado en el Parque del Oso y el Madroño, su autoría corresponde a José Díaz Bueno.