La Blanca 2018

Rosario sobrevuela la plaza de Los Fueros

Rosario Flores cautivó anoche al público de Vitoria./Rafa Gutiérrez
Rosario Flores cautivó anoche al público de Vitoria. / Rafa Gutiérrez

La artista de la familia Flores cautivó anoche al público con un concierto donde se compaginó el baile flamenco, la rumba y los paisajes más nostálgicos como 'Qué bonito' y 'No dudaría', que puso el broche final

Ramón Albertus
RAMÓN ALBERTUS

Rosario dice que siempre lleva a su familia consigo. Y no es una frase hecha. Su repertorio se cose en torno a referencias a su padre, 'el Pescaílla', a la 'Faraona' (Lola Flores) y a sus raíces, en definitiva. Arrancó su actuación de fiestas de La Blanca como un terremoto y la dinámica del concierto se conformó como una especie de montaña rusa. «Ole, ole, ole, ole» (hasta cuatro seguidos, sí, dijo después de cantar 'Mi piel', la canción que abrió. «Hacía tiempo que no venía a esta plaza», afirmaba antes de empezar a balancear al público, mayor de 40 años en su mayoría. Lo consiguió primero con 'Y qué le importa a nadie', de pop resultón, y con la soulera 'Me niego' en la que ya se evidenciaba el peso del bajista Fernando Illán en la banda, escudero desde su primer disco 'De ley', publicado hace ya 26 años.

«Os tengo un poquito lejos pero tengo vuestra sonrisa», soltaba refiriéndose a la gran altura del escenario en Fueros. No importaba. Como un manojo de nervios, Rosarito corrió de un lado a otro del escenario sin rostro de pesadumbre, despeinándose, con pasos flamencos y movimientos eléctricos.

Para presentar 'Qué bonito', escrita a su hermano, señaló: «La vida me dio el sueño que yo quería: ser artista». No dejó de sonar este tema, uno de las canciones mas bonitas, valga la redundancia, a un agradecimiento a su familia. De nuevo, otra canción dedicada, empezaba a despegar al público. «Vámonos con esa rumba catalá. A mi padre Antonio González Pescaílla». Sonó 'Al son del tambor' y se desató bailando ante un público frío -el graderío al completo sentado- con patada al aire incluido como parte de la coreografía.

Si el vendaval inicial arrastró los aplausos, el cierre alzó las voces de los asistentes con una ronquera nostálgica. Fue tras una hora y veinte minutos de concierto. La sensual 'Sabor, sabor' fue el primer bis. 'No dudaría' bajó finalmente al público de esa montaña rusa emocional en la que había convertido el espectáculo. «Va por mi hermano Antonio que era un poeta espectacular».