Lezika: Alta cocina casera

Berdaitz Bengoetxea y Javier Goirizelaia, frente a la fachada del establecimiento./Maite Bartolomé
Berdaitz Bengoetxea y Javier Goirizelaia, frente a la fachada del establecimiento. / Maite Bartolomé

La materia prima es sagrada en los fogones de este antiguo caserío de Kortezubi, que ofrenda generosas raciones en un entorno privilegiado

TXEMA SORIA

Si aún no han estado en el Lezika de Kortezubi no sé a qué esperan para coger el teléfono y reservar mesa sin demora. Un local donde es sagrada la materia prima, con pescados siempre piezas grandes y salvajes, carnes o alubias de Kortezubi. Ubicado en un viejo caserío de piedra de 1761 ubicado al pie del monte San Miguel de Ereñozar, el restaurante se encuentra en una zona privilegiada, a poco más de un centenar de metros de las cuevas de Santimamiñe, a unos pasos del bosque encantado de Oma, cercano a la Fundación Xabier Maiztegi (un centro de recuperación animales en pleno corazón de la Reserva de la Biosfera de Uradaibai) y al lado de los valles de Basondo y Oma.

Lezika (Kortezubi)

Dirección
Barrio Basondo, 8.
Teléfono
946252975.
Web
www.restaurantelezika.com.
Precios
Menú del día: 11/17 €. Menú fin de semana: 27 €+IVA. Menú alubiada: 21 €+IVA. Carta: 40/60 €.

El establecimiento cuenta con un comedor principal para 260 comensales y otro de piedra para 100 personas, parking privado de 10.000 metros cuadrados y un parque infantil con columpios y toboganes para que disfruten los más peques. El sitio ideal para ir a comer en estos días de fiesta. El Lekiza abrió en 1969 de la mano de David Bengoetxea y su mujer, Beatriz Legarra, magnífica cocinera –hace unas salsas de chuparse los dedos–, la cual ha transmitido su conocimiento culinario a su hijo, Berdaitz Bengoetxea, y a su yerno, Javier Goirizelaia, que son quienes actualmente gestionan el local.

El festín gastronómico comienza con anchoas de Bermeo en salazón, ensalada Lezika (variedad de lechugas, jamón ibérico, langostinos, gambas, aguacate, cebolla deshidratada, nueces, pasas, tomate cherry vinagreta y salsa Lezika, secreto de la casa), alubias de Kortezubi –uno de los platos por los que merece la pena acercarse hasta allí– con chorizo, morcilla, costilla y tocino y, en temporada, hongos boletus salteados o con medallón de foie fresco. La comida, de las de no olvidar y de generosas raciones, continúa con cualquiera de sus pescados a la brasa de carbón de encina, con la merluza en todas sus variedades (rellena de marisco, en salsa verde, frita, a la plancha o Lezika, acompañada con gambas y almejas), rodaballo salvaje o lubina de Elantxobe.

Ración de caracoles en salsa vizcaína.
Ración de caracoles en salsa vizcaína. / Maite Bartolomé

La chuleta de ganado mayor y la de ternera Eusko Label a la brasa son otras de sus señas de identidad. Si al pedir la comanda les dicen que ese día tienen caracoles, no duden en pedirlos, con una salsa vizcaína de las que ya casi nadie hace. Sus postres son todos caseros, y no se pierdan el goxua, muy cremoso, una sorprendente cuajada de oveja, pantxineta y las tartas San Marcos, de queso o de chocolate, para chuparse los dedos.

Cuentan con una amplia carta de vinos, con referencias de casi todas las denominaciones de origen de la Península y varias internacionales.