Izeta (Aia): Asador de toda la vida de dios

Los pucheros bullen y las brasas echan humo para saciar a los comensales./Mónica Rivero
Los pucheros bullen y las brasas echan humo para saciar a los comensales. / Mónica Rivero

Una familia que trabaja unida con buena mano, desparpajo y sentido del humor

DAVID DE JORGE

Conocerán ese tipo de películas felices de domingo tarde en las que una panda de occidentales se adapta a la vida placentera de una isla desierta, corriendo por la playa pies desnudos, caña de pescar en ristre, comiendo limpio y bebiendo del cocotero esa agua fresca que brota a machete y sabe rica como un cubata de ron Zacapa nicaragüense con Coca Cola Zero. A veces, decía, me siento capitán de la marina mercante irrumpiendo en ese idílico panorama cuando entro por la cocina de un restorán organizado y me reciben con alegría y alboroto, ¡otro perrito piloto!

La brigada trajina con ollas, freidoras y sartenes, barra impecable con abundante provisión de cubiteras, servicio de café con sus platillos, cucharas y azucarillos, camareras firmes con sus bandejas, cámaras frigoríficas repletas, parrilla con ascuas incandescentes y esos clientes impacientes y hambrientos a puntito de llegar. Entonces, como si del atraco a la sede de la Banca Vaticana se tratara, coordino a mi pierna izquierda con su hermana la derecha para dar un paso decidido hasta el mismo corazón de la cocina, saludando a todo lo que se mueve, mostrando respeto reverencial a quienes madrugaron bien de mañana y sudan la gota gorda para que podamos comer como príncipes.

Izeta (Aia)

Dirección
Barrio Elkano, Camino Urdaneta.
Teléfono
943131693.
Web
www.izeta.es
Precio
Menú del día: 11 €. Menús de sidrería: 34/52 €+ IVA.

En muchos tascos me reciben como a un hijo pródigo, aunque nunca me haya ido ni me guarden rencor, muy al contrario, son tantas las horas dedicadas a repartir buen rollo desde la tele, que allá en donde cuecen habas con hueso de jamón saben que algún día apareceré por la puerta a pimplarme un vino y pinchar algo. Y así ocurre, de repente me ven charlando con el de la fregadera, metiendo el dedo en la salsa de roquefort o llevándome a la boca una croqueta de pollo y cuatro patatas fritas, y se arma la marimorena, ¡ay, qué risa, Mariafelísa! Me encanta mi trabajo y respeto tanto al guisandero de trinchera, que nada me hace más feliz que esa bienvenida o esa fotografía improvisada con todo el equipo, tomada con el teléfono móvil de una camarera que no quiere salir ni loca y escapa poniendo pies en polvorosa.

Se sale del mapa

Izeta pertenece a ese reducido club de asadores de toda la vida de dios que se preocupan por atender rápidamente, dándote de comer sin tonterías. Allí le reciben a uno como a la Real Sociedad de Luis Arconada de regreso del Molinón, pues llegas, te sientas, no esperas nada y eres más feliz que una zarza llena de moras. Son sidreros, tienen kupelas, cuajan tortillas de bacalao, asan carne y de postre entretienen al respetable con queso, membrillo y un canasto de nueces. Para los más débiles de espíritu, vegetarianos, poli-traumatizados o «korrikalaris» de media maratón, embotellan un zumo de manzana que se sale del mapa, todo hay que decirlo: llévense unas botellas para desayunar y llegarán al curro como el Capitán América.

Chuleta de vaca en las brasas.
Chuleta de vaca en las brasas.

Los protagonistas de semejante tinglado son una familia de fenómenos que saben lo que se traen entre manos y resuelven organizadamente sus tareas con responsabilidad, buena mano, desparpajo y sentido del humor. Desde los jefazos de la casa, Maricarmen y Sebastián, hasta el nutrido pelotón de infantería con Joxe en la cocina, Andoni en la sala y Gotzon «multitareas», -pues lo mismo fríe patatas que pilota la brasa o hace de representante de su hermano Urko el futbolista amo de la pista que pronto ganará Ligas y Recopas de Europa-, todos se esmeran de lo lindo por calmar el apetito al hambriento y sofocar la sed al que llega a gatas reclamando su trago.

Nunca falta el «Jamón Jabugo», como llamábamos antes al jamón bueno, «paté de foie», espárragos, sopa de cocido, jugosas tortillas o revuelto de hongos con su perejil y su pizca de ajo. El bacalao salsa verde o con pimientos lo bordan, tanto o más que la merluza a la romana o cualquiera de los pescados que asan a la brasa, con sus correspondientes vuelcos refritos de ajo, guindilla y vinagre de sidra. Los más sosainas tienen un pollo soberbio con lechuga y patatas y los más crecidos no pierden la oportunidad de hincarle el diente a la chuleta de vaca, a la que le dan un maravilloso toque «antiguo» y ya casi olvidado preservando su jugosidad protegida del fuego con una coraza de grasa, pues la acarician al servirla con un machaca-ajos para que adquiera el tono de aquellas que comíamos de críos en el concurridísimo Atamitx o en el glorioso Amasa. A estas especialidades se suman, como postre, flan, mousse de limón, copa de la casa, brazo de gitano y refrescantes sorbetes.

 

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