No morir de éxito

La cocina del DSTAgE, en pleno servicio de comidas./ELVIRA MEGÍAS
La cocina del DSTAgE, en pleno servicio de comidas. / ELVIRA MEGÍAS
Diego Guerrero
DIEGO GUERRERO

Hay gente que piensa que el talento es innato mientras que otros creen que es algo que se cultiva. Curiosamente los que tienen la creencia de que es innato suelen tener menos éxito que aquellos que no lo creen, ya que al intentar conseguir una meta y no lograrlo se frustran porque creen que no han nacido con el talento suficiente para lograrlo.

Por el contrario los que no se consideran talentosos, al plantearse una meta no temen al fracaso, sino que ven éste como una posibilidad de ampliar sus propios límites naturales. Si no fracasas, no mejoras. Sin riesgo no hay fracaso y sin fracaso no hay éxito. Además está más que demostrado que tomar riesgos genera adrenalina y eso nos vuelve mucho más creativos mientras que permanecer en nuestra zona de confort, dónde «todo nos sale bien» solo nos delimita y empobrece.

Afortunadamente , yo desde siempre me he considerado un tipo poco talentoso y ahora soy consciente de que eso me ha ayudado a conseguir relativo ‘éxito’ en mi vida. Pero... y ¿qué es el éxito? ¿dinero, fama, reconocimiento, todo eso?

Este año DSTAgE cumplirá cuatro años y desde que abrimos no ha hecho más que superar todas nuestras expectativas y podríamos decir que es un proyecto de éxito. Pero entonces ¿por qué seguimos en un conflicto permanente con nosotros mismos?

El éxito, el reconocimiento, conseguir metas tiene como consecuencia un efecto positivo a nivel químico y neurológico que nos confiere más seguridad en nosotros mismos y a la larga genera más éxito. Pero el éxito también puede ser caprichoso, ya que demanda más, y al mismo tiempo no nos deja disfrutar del mismo.

Nos sentimos más cómodos en ese lugar de confort alcanzado por ese relativo éxito que no al borde del precipicio lleno de riesgos, de fracasos, pero también de emociones y creatividad. Somos nosotros mismos los arquitectos de nuestras jaulas doradas, los carceleros de nuestro talento, que por miedo a fracasar y a perder lo conseguido nos vuelve mediocres y carentes de toda autenticidad.

Para llevar a cabo un proyecto como DSTAgE antes fue necesario despojarse de todo, perderlo, para volver a sentirnos liberados de esa jaula y al mismo tiempo aterrados a las puertas de un desierto sin horizonte. ¿Pero qué pasa en la peli cuando Moisés llega a Canaan?

El riesgo real quizás no esté en cruzar el desierto sino en saber cómo vivir en la tierra prometida. Y digo en cómo, porque uno puede sentarse en su trono a contemplar y disfrutar de su belleza, o tratar de reflexionar en los valores que le hicieron alcanzarla. Perderse en el qué dirán, si hacemos esto o lo otro, en cómo afectará a esta guía o a esta otra, en si pensarán que este plato es mejor o peor que el anterior... no son más que imanes en nuestra brújula que nos desvían del camino y nos alejan de la persona que fuimos cuando el viaje comenzó.

Está claro que cualquier opción es lícita pero si hay que escoger, espero serle fiel a mi identidad, con todos mis errores, con los pies en la tierra pero con las alas desplegadas y listo para volar pero sobre todo en paz con el conflicto. Como dijo Beckett : «Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor».

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